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HEREDERO A TÍTULO DE REY / LA CIA, AL QUITE / LA CIA POR BULERÍAS

Publicado el 3 de marzo de 2022, 7:58

El primer contacto directo con el poder del Estado lo disfruta Juan Carlos en 1974. El 19 de julio es nombrado jefe de Estado interino, cuando la enfermedad de Franco, una tromboflebitis en la pierna derecha, provoca su ingreso hospitalario y muy malos augurios. Los norteamericanos aprovechan la ocasión para dar el visto bueno al heredero y el día siguiente, 20 de julio, se firma la prórroga del Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Estados Unidos, presidido por un desacreditado Richard Nixon, que está a punto de sucumbir como consecuencia del escándalo Watergate.

Después de protagonizar este acontecimiento, y salvo la presidencia de un par de Consejos de Ministros, la actividad del príncipe al servicio del Estado es bastante escasa: la mayor parte de los 43 días que Juan Carlos de Borbón ejerce interinamente el cargo los pasa de vacaciones en Mallorca. El Caudillo se recupera y aguanta casi un año y medio más. Cuando Juan Carlos alcanza por fin la jefatura del Estado, el primer viaje oficial que realiza le lleva hasta Estados Unidos.

El 3 de junio de 1976, el rey pronuncia un discurso en el Congreso, en una sesión que reúne a los componentes del Senado y de la Cámara de Representantes conjuntamente. Y recibe su bendición. Juan Carlos de Borbón es el primer jefe de Estado español que visita oficialmente Estados Unidos. Sin embargo, ésa no es la primera vez que el heredero de Franco visita ese país, ni tampoco es Gerald Ford el primer presidente con el que se entrevista.

Juan Carlos está asistido en ese viaje por algunos de los políticos que han actuado como consejeros suyos en anteriores ocasiones: José María de Areilza, ministro de Asuntos Exteriores en ese momento, era embajador ante Eisenhower en 1958, cuando el príncipe llegó a Washington por primera vez; 10 Antonio Garrigues y Díaz Cañábate, que es titular de Justicia en el primer Gobierno de la Monarquía, estaba al frente de la embajada española en Washington en 1962, y tuvo que mediar para que el príncipe fuera recibido entonces por el presidente Kennedy, y Gregorio López Bravo, que está al frente de la comisión preparatoria de la reforma constitucional, era ministro de Asuntos Exteriores cuando Juan Carlos se entrevistó con Nixon, en 1971.

Las distintas Administraciones, republicanas y demócratas, que se han sucedido en Estados Unidos desde finales de los cincuenta han coincidido en depositar su confianza en Juan Carlos de Borbón como garante de las privilegiadas relaciones que Estados Unidos mantiene con España desde 1953. Y el rey ha hecho todo lo posible para no defraudar esa confianza. Hasta hoy. «Quizá una de las situaciones más críticas entre el Rey y Felipe González se derivó de las declaraciones de don Juan Carlos a Jim Hoagland, del Washington Post, de las que se deducía que el Jefe de Estado discrepaba de cómo llevaba el Gobierno las negociaciones con Estados Unidos para el desmantelamiento de las bases norteamericanas en España», escribe Manuel Soriano. 11

Alguien pudo recordar que el Rey mandaba mensajes a su Presidente a través de la prensa estadounidense, como lo hizo con Carlos Arias Navarro por medio de Newsweek. En las dos ocasiones fue en víspera de un viaje real a Estados Unidos. En el primer caso, a don Juan Carlos le interesaba dejar claro, antes de llegar, que España sería una democracia, y en el segundo, que se alineaba sin reservas en el dispositivo de defensa de Washington.

 

LA CIA, AL QUITE

 

Durante los meses anteriores a la muerte de Franco se incrementa, de forma notable, la presencia de agentes de los servicios de inteligencia norteamericanos en España. En noviembre de 1974, el semanario Cambio 16 publica un artículo titulado «Que viene la CIA». 12 En él se señala que aquí se ha producido un desembarco acelerado de miembros de la Agencia tras el 25 de abril: «Se calcula que han llegado más de 200 agentes de la CIA a la península en los últimos meses».

La cifra resulta muy difícil de comprobar, pero diplomáticos españoles confirman que, desde mayo, se ha triplicado, respecto a años anteriores, el número de visados oficiales solicitados por el Gobierno norteamericano. En esas mismas fechas, Daniel Schorr, veterano corresponsal de la cadena de televisión CBS, confirma en Washington, en un programa sobre la CIA, que Portugal, Italia, España y Grecia están entre las prioridades de la Agencia. El propio director de la CIA, William Colby, y el omnipresente Vernon Walters visitan España esos días. Walters ya ha estado en Lisboa poco antes, del 9 al 12 de agosto, para comprobar sobre el terreno la situación. Según el Washington Post, durante su estancia en nuestro país, estos dos máximos responsables de la Agencia se entrevistan con varios altos funcionarios españoles. Kissinger, por su parte, ha viajado a España tres veces en sólo seis meses.

Según el citado artículo de Cambio 16, dentro de la última remesa de la CIA desembarcan en Madrid Daniel Simcox, con la cobertura de consejero de Asuntos Políticos, y César Beltrán, como agregado, «dos tipos curtidos que han tenido multitud de destinos latinoamericanos». La publicación también denuncia que en el Centro Colón de la capital funcionan oficinas paralelas de la CIA conectadas con la estación de la embajada. Y señala como miembro de la Agencia al director del Centro Cultural de Estados Unidos, Miró Morville. Según el listín del Departamento de Estado, un especialista en radio que ha vivido en Monterrey, México.

¿Y qué hace un especialista de estas características dirigiendo un centro cultural en Madrid? Antiguos trabajadores del Centro Cultural, posteriormente rebautizado como Asociación Cultural Hispanoamericana, recuerdan, más de treinta años después, que cuando apareció aquel artículo en el que se señalaba a Morville como hombre de la CIA, éste reunió a todos los profesores del centro para darles una explicación. «Dijo que quien aparecía citado en el artículo no era él, que aquello era falso, con una risa muy nerviosa», explica uno de los profesores. «Fue una negación fatalmente hecha. Si yo antes tenía alguna duda sobre el asunto, después de eso ya no me quedó ninguna. ¿Y cuál era la misión de Morville allí? Pues sacar información, nada más. Dirigía una asociación cultural y no tenía el más mínimo interés por la cultura. Era un tipo turbio.» A Morville le sucede al frente del centro John Treacy, un director que, al parecer, sí tiene ciertas inquietudes culturales y cuya gestión es algo más transparente. Como Morville, antes de llegar a España ha pasado por Colombia y otros países latinoamericanos.

La Asociación Cultural Hispanoamericana, con sede en la calle de San Bernardo, 107, llega a tener inscritos tres mil alumnos, prácticamente todos ellos españoles. El profesorado es norteamericano. La principal actividad que se desarrolla allí son las clases de inglés, pero también se imparten algunas asignaturas complementarias, todas ellas encaminadas a explicar, de forma convincente y atractiva, cómo es la cultura estadounidense. La finalidad del programa es fichar a españoles afines al Imperio. «Había un control exhaustivo del personal del centro por parte del FBI», señala un antiguo profesor. «Allí se intentaba captar a alumnos con posibilidades de tener influencia en la época que se avecinaba. Se prestaba especial atención a los que habían estudiado en el Colegio del Pilar, por ejemplo, también a algunos del Opus no muy fanáticos y a socialistas no marxistas.» Los profesores norteamericanos de idiomas han dado mucho juego. La propia Susan Lord, mujer de Emilio Alonso Manglano, director general del CESID, impartía clases de inglés en la base de Torrejón.

La CIA siempre ha tenido especial interés por penetrar en el mundo de la educación y la cultura, pero en España ese ámbito no es el que mejor se ha prestado a sus actividades. Se puede destacar a un veterano de la Agencia en Madrid, Edward Kresler, norteamericano de origen húngaro, propietario de dos galerías de arte, en las calles de Serrano y Hermosilla, durante los años setenta y ochenta. Kresler también llega a ser «director del Patronato del Hospital Angloamericano y una de las pocas personas galardonadas en este país con la Encomienda de Isabel la Católica», según Cambio 16. 13 La formación de profesores afines al American Way of Life ha estado entre los objetivos de los norteamericanos. En un memorándum confidencial sobre España, del 7 de marzo de 1970, dirigido al presidente de Estados Unidos y desclasificado recientemente, se señala:

Está efectuándose una reforma educativa que se espera sea aprobada por el Parlamento español el próximo mes de abril. Los aspectos del plan para la formación del profesorado nos capacitarían a nosotros para influenciar la modelación de la educación de la juventud española en los próximos años, a través de la formación del profesorado. El Departamento de Estado se está gastando ahora alrededor de 180.000 dólares en intercambios académicos con España. Los programas que ya existen se podrían expandir para ofrecer más formación adicional en los Estados Unidos para profesores, administradores y asociados. Esta ayuda debería ser precedida por una revisión de los  fondos necesarios para invertir en la reforma educativa de España. Creemos que entre uno y cinco millones de dólares al año nos darían espacio para jugar un papel eficaz en las reformas.

Clarito y sin literatura, como les gusta a ellos, para que se entienda bien.

 

LA CIA POR BULERÍAS

 

Uno de los profesores que trabajan bajo la dirección de Miró Morville en el Centro Cultural de Estados Unidos es Tom Sorensen, un singular personaje con una vena artística muy marcada. Durante el día imparte clases de inglés en el centro y por las noches toca la guitarra flamenca, con el nombre artístico de Tomás de Utrera. Además, también hace sus pinitos con el saxofón y, de vez en cuando, se le puede ver en el Whisky Jazz de la calle de Diego de León. «La bohemia de su vida nocturna contrastaba con las actividades que desarrollaba en el Centro y con el nivel de vida que llevaba: sus dos hijas estudiaban en el Colegio Americano, el más caro y exclusivo de Madrid», señala un antiguo compañero de Sorensen. «A veces nos invitaba a acompañarle por las noches al Patio Andaluz, de la calle de Arlaban, y a otros garitos cercanos a la Plaza de Santa Ana. Esa era su zona cuando iba de flamenco.» Retirado de las clases de inglés, Sorensen, en su vertiente de Tomás de Utrera, llega a realizar giras por todo el mundo.

Durante los últimos años sesenta y la década de los setenta hay una importante corriente dentro del flamenco cercana a la izquierda comunista y todo tiene que estar controlado. El pintor y poeta Francisco Moreno Galván, militante del PCE, renueva las letras tradicionales del arte jondo dotándolas de claro contenido social. Y cantaores como José Menese, Paco Moyano, Manuel de Paula o Manuel Gerena, y posteriormente El Cabrero, van por esa senda. «Se ve desde la alta mar, / en Cái, caray, ¡qué letrero! / Se ve desde la alta mar. / Escrito "fuera la muerte / de Rota y de Gibraltar"», canta Paco Moyano por aires gaditanos.

Otro personaje singular dentro de este peculiar universo es la norteamericana Moreen Silver, fotógrafa de prensa muy bien relacionada con la embajada de la calle de Serrano. Dirige la agencia Silver Press y, al mismo tiempo, con el nombre artístico de María la Marrurra, graba un disco, en 1971, secundada nada menos que por la guitarra del gran Melchor de Marchena. Aparece en el programa de TVE Rito y geografía del cante, e incluso consigue cierto reconocimiento artístico de figuras de la talla de Antonio Mairena. Un caso insólito, la única norteamericana que ha llegado a hacer el cante con fundamento. Y mientras continúa templándose con la soleá de Fernanda de Utrera, participa en tertulias radiofónicas defendiendo a George Bush.

10 En 1958 el príncipe no llega a entrevistarse con Eisenhower por que influyentes políticos republicanos solicitan del presidente que entonces reciba también a su padre, el conde de Barcelona, que ha llegado a Nueva York a bordo del Saltillo, y aún permanece allí. José María de Areilza lo relata así: «En mayo de 1958 el Príncipe llegó a Norfolk, base militar, en el buque escuela Juan Sebastián Elcano, en el que iba como cadete. Lo que al principio se calculaba como una rápida estancia protocolaria, se convirtió en un nutrido programa, debido al aluvión de invitaciones que llegaron a la embajada, al conocerse la noticia: Biblioteca del Congreso, Capitolio, Corte Suprema, National Gallery, Pentágono, la academia militar de West Point y Georgetown University». (José María de Areilza, Memorias exteriores. 1947-1964, Planeta, Barcelona, 1984.) Bastantes años después, el príncipe Felipe estudiará en el departamento de derecho político y relaciones internacionales de la Universidad de Georgetown. Y José María Aznar dará clases en ese mismo centro, después de abandonar el Gobierno.

11 Manuel Soriano, Sabino Fernández Campo. La sombra del Rey, Temas de Hoy, Madrid, 1995.

12 Cambio 16, 4 de noviembre de 1974.

13 Cambio 16, n.° 471, 8 de diciembre de 1980.


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