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LA HORA DE LOS BOLCHEVIQUES

Publicado el 25 de noviembre de 2021, 19:28

Capítulo 1

LOS ACTORES SOBRE EL ESCENARIO DE LA
REVOLUCIÓN



Estimado Sr. Presidente: Simpatizo con la forma de
gobierno soviética como la mejor adaptada al pueblo
ruso ...


Carta al presidente Woodrow Wilson (17 de Octubre de 1918) de
William Lawrence Saunders; presidente de la Corporación
Ingersoll-Rand; director de la Corporación American
International; y director delegado en el Banco de la Reserva
Federal de Nueva York.

 

La portada de este libro fue dibujada por el caricaturista Robert Minor en 1911 para el St. Louis Post-Dispatch. Minor fue un talentoso artista y escritor quien también supo desempeñarse como revolucionario bolchevique. Fue arrestado en Rusia – en 1915 – por supuesta subversión y, más tarde, terminó al servicio de prominentes financistas de Wall Street. En la caricatura, Minor retrata a un Carlos Marx barbudo y satisfecho, con Socialismo bajo el brazo, y aceptando las felicitaciones de luminarias financieras como J.P.Morgan, su socio George W.Perkins, un exultante John D. Rockefeller, John D. Ryan del National City Bank y, en el fondo, Teddy Roosevelt – prominentemente identificado por sus famosos dientes. La muchedumbre que vitorea y los sombreros volando por el aire sugieren que Carlos Marx debe haber sido una clase de sujeto bastante popular en el distrito financiero de Nueva York.

¿Estaba soñando Robert Minor? Todo lo contrario; no tardaremos en ver que estaba pisando terreno firme representando a la entusiasta alianza entre Wall Street y el socialismo marxista. Los personajes en la caricatura de Minor –Carlos Marx (simbolizando a los revolucionarios posteriores Lenin y Trtotsky), J.P.Morgan, John D. Rockefeller y por cierto que Robert Minor mismo – son también personajes destacados de este libro.

Las contradicciones sugeridas por la caricatura de Minor han sido barridas bajo la alfombra porque no se ajustan al espectro conceptual de la izquierda y de la derecha políticas. Oficialmente, los bolcheviques se hallan sobre el extremo izquierdo del espectro político y los financistas de Wal Street están sobre el extremo derecho; por lo tanto – razonamos implícitamente – los dos grupos no poseen nada en común y cualquier alianza entre ambos es absurda. Los factores que contradicen este arreglo conceptual generalmente resultan rechazados como observaciones exageradas o errores desafortunados. La Historia moderna posee esta clase de dualidad incorporada y, por cierto, cuando se rechazan y se barren bajo la alfombra demasiados hechos incómodos, esta Historia se convierte en una Historia falseada.

Por el otro lado, se puede observar que ambos – tanto la extrema derecha como la extrema izquierda del espectro político convencional – son absolutamente colectivistas. Tanto los nacional socialistas (por ejemplo, los fascistas) como los socialistas internacionales (por ejemplo, los comunistas) recomiendan sistemas político-económicos totalitarios basados sobre un poder político desnudo e irrestricto y sobre la coerción individual. Ambos requieren el control monopólico de la sociedad. Mientras el control monopólico de las industrias supo ser el objetivo de J.P.Morgan y de J.D.Rockefeller hacia fines del Siglo XIX, los santuarios internos de Wall Street comprendieron que la manera más eficiente de conquistar un monopolio sin competidores era “volverse políticos” y hacer que la sociedad trabaje para los monopolistas – bajo la advocación del bien público y del interés público. Esta estrategia quedó expuesta en 1906 por Frederick C. Howe en sus Confessions of a Monopolist {[1]}. Howe, dicho sea de paso, también es un personaje en la historia de la Revolución Bolchevique.

[1])- (Confesiones de un Monopolista) : “Estas son las reglas de los grandes negocios. Han superado las enseñanzas de nuestros padres y se pueden reducir a una simple máxima: Hazte de un monopolio, deja que la sociedad trabaje para ti: y recuerda que el mejor negocio de todos es la política porque una concesión legislativa, una franquicia, un subsidio o una exención impositiva valen más que una inversión en Kimberly o de Comstock desde el momento en que no requieren de trabajo alguno, sea mental o físico, para aprovechar su explotación. (Chicago: Public Publishing, 1906), pág. 157.

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