ASÍ DESTRUYÓ CARRILLO EL PCE: A modo de introducción (1-19)

Publicado el 6 de diciembre de 2021, 4:48

Esta terrible requisitoria contra Santiago Carrillo contiene un minucioso análisis de toda la actividad política del famoso líder comunista desde las discusiones que tuvieron lugar en Moscú en 1939, inmediatamente después de terminada la Guerra Civil, hasta los años setenta. Enrique Líster, uno de los hombres que mejor conoce por dentro las altas esferas y todos los secretos del movimiento comunista internacional, aporta numerosos testimonios y argumentos sobre lo que él considera la traición de Carrillo a los ideales comunistas, llegando a formular durísimas acusaciones que van del terreno ideológico al estrictamente personal.

 

A MODO DE
INTRODUCCIÓN

 

Estamos asistiendo a la última etapa de la existencia del PCE como Partido Comunista.
Para unos es una sorpresa; para otros, motivo de alegría; para muchos, entre los que nos contamos, motivo de pena.
En cuanto a la explicación de las causas de la descomposición del PCE, las hay para todos los gustos, pero la inmensa mayoría de las gentes las colocan en estos últimos siete años. En fracasos electorales, en lucha entre los del exilio y los del país, y entre generaciones y profesiones.
La verdad es que el origen de las causas viene de mucho más lejos. En las páginas que siguen yo voy a dar mis opiniones sobre aquellas causas que yo considero las principales. Y para hacerlo voy a recurrir a hechos vividos por mí desde nuestra guerra y a las opiniones dadas por otros y también por mí a partir de 1939.
Sólo aclarando diferentes épocas pasadas de la vida del PCE, de sus órganos dirigentes y de sus hombres se puede comprender lo que está sucediendo hoy dentro del PCE y en el movimiento comunista español en su conjunto. Debo confesar, sin embargo, que habrá cosas que aún se quedarán en el tintero, o ya en el papel, pero que hacerlas públicas y llegar hasta el fondo de su verdadero contenido no ayudaría al comunismo en la época en que vivimos y en la etapa inmediata, y yo soy, ante todo, comunista.

Una de las preguntas con que más me encuentro es cómo Carrillo pudo llegar a la Secretaría General del Partido. Sí, es difícil de comprender, pero no lo es tanto si se tiene en cuenta la propia historia del PCE, cómo surgió, las diferentes etapas por que pasó, la composición de sus diferentes direcciones, las características de sus máximos dirigentes a lo largo de su existencia.
Se debe tener en cuenta, asimismo, que de 1920 a 1982, es decir de los sesenta y dos años de lo que fue PCE, casi cincuenta los ha pasado en la clandestinidad, terreno abonado para toda clase de vulneraciones en un partido revolucionario.
Por ejemplo, son muchos los que acusan a Carrillo de haber sido enviado al PCE por determinados servicios de espionaje. Conste que yo no quiero caer en la práctica de la «espionitis» de la que desde hace tantos años vengo acusando a Carrillo; pero los hechos están ahí y cuanto más vueltas le doy más me encuentro con un Carrillo tremendamente sospechoso de ser autor de todo eso que él ha acusado falsamente a tantos comunistas honestos; es decir, de haber sido enviado al PCE por servicios de espionaje.
Por poco que nos fijemos nos encontramos con un Carrillo escurridizo y siempre con contradicciones al hablar de sí mismo. Yo leí algunas biografías encargadas por Carrillo a ciertas gentes: Debray y Gallo, A. María Yagüe, donde Carrillo les cuenta lo que le parece y como le conviene. Ahora tiene anunciada otra biografía de Carrillo su socio de fechorías, en otra época, Fernando Claudín. Ése sí que podría decir cosas sobre determinadas épocas siniestras de Carrillo. Claudín, junto con Dolores, fueron guardianes en Moscú de las dos maletas de microfilmes con las historias de una parte de los crímenes de los años cuarenta y parte del cincuenta.
Pero Claudín no escribirá sobre eso. Claudín, como buen empollón, parirá un soporífero mamotreto para aumentar el confusionismo que ya existe, y, a la vez, echarle un cable a su compadre Carrillo y cubrirse él mismo de sus propias responsabilidades.
Pero veamos algunos hechos en que se basan las sospechas de unos y las acusaciones de otros sobre Carrillo.
Al producirse la sublevación fascista, Carrillo estaba en Francia y no regresa a España hasta un mes después. Ahí tenemos ya un mes del que no conocemos nada de lo que hizo Carrillo. Él cuenta una historia, pero nadie puede confirmarla, nadie dice haberle visto durante ese mes.
Después de ese mes de misterio Carrillo aparece en Madrid donde, aprovechándose de que Trifón Medrano y otros comunistas dirigentes de las JSU están en el frente, se apodera, junto con Ignacio Gallego, Federico Melchor, González Jerez, Manuel Azcárate, Fernando Claudín y otros del mismo corte, de la dirección de la organización juvenil.
Sobre su conducta en la guerra, luego en Francia y su estancia en Moscú hablo en Otro lugar, por eso no lo haré aquí.
Una de las cuestiones que más llama la atención a los camaradas son las relaciones de Carrillo con los yanquis.
En el capítulo que aquí dedico a la lucha por la paz, trato de la oposición de Carrillo a que denunciáramos las bases militares norteamericanas en España, a que preparásemos nada contra ellas y a que se publicaran los dos folletos preparados por mí. En esa época yo lo achacaba a las malas relaciones que había entre él y yo. Pero con el tiempo he ido ligando hechos. Todo ello lo uní con cosas más lejanas y más cercanas.

Las facilidades que encontró Carrillo en Estados Unidos en 1940, a su llegada allí procedente de la Unión Soviética; la facilidad con que pudo moverse por América latina hasta 1944, año en el que regresó a Europa. Las facilidades con que Carrillo contó para ese regreso. En plena guerra llegó a Lisboa, procedente de Montevideo, con toda tranquilidad, atravesando un mar dominado por yanquis e ingleses; vivió la gran vida durante varias semanas en un Estoril plagado de agentes de servicios secretos; pasó tranquilamente a África por un área también plagada de ingleses y yanquis, área en la que incluso los jefes de la resistencia francesa no penetraban sin el visto bueno de la CSS (la predecesora de la CIA) y del Intelligence Service, para desembarcar, no menos tranquilamente, en Argelia, ciudad en la que permaneció unas semanas para seleccionar unas cuantas personas y ponerlas a disposición de los servicios secretos yanquis, que después de instruirlas las enviaron a España para hacer espionaje por su cuenta.
Completó Carrillo su obra en África echando del Partido a los que no se le sometían, y terminada su misión allí entró en Francia, cruzando otra vez un mar estrictamente dominado por ingleses y norteamericanos. ¿Quién tenía interés en que Carrillo llegara a Francia antes que ningún otro dirigente del PCE? El Partido, no. Carrillo vino a Europa por cuenta de otros, pero no por una decisión de la dirección del Partido. Carrillo, en América, estuvo siempre independiente del Partido.
Viendo las relaciones cada vez más estrechas de Carrillo con los yanquis hoy, su conducta pasada aparece con toda claridad. Su actividad de ayer era la preparación de su política, de sus actividades y de sus relaciones de hoy.
En cuanto a la tan frecuente interrogante de cómo es posible que Dolores lbárruri le permitiera a Carrillo la destrucción del Partido, también en las páginas que siguen encontrará el lector una parte de la explicación. Dolores lbárruri ha odiado siempre a Carrillo; ha dicho sobre él las cosas más despreciativas que yo haya podido escuchar. Pero Dolores lbárruri le tiene miedo. Carrillo ha logrado irla comprometiendo en sus crímenes y cada vez que en los años sesenta y setenta yo la invité a que dijera la verdad al Partido, me respondía que prefería tirarse por una ventana. La última vez que intenté convencerla fue en febrero de 1970, en su casa de Moscú. Casi todo el secreto está en los hechos sangrientos en que Carrillo ha logrado comprometerla. Y digo casi todo, y no todo, porque queda algo más que prefiero no incluir aquí.

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