ASÍ DESTRUYÓ CARRILLO EL PCE: CAPÍTULO PRIMERO DISCUSIONES EN MOSCÚ, 1939 (20-30)

Publicado el 7 de diciembre de 2021, 0:47

Yo llegué a Moscú el 14 de abril de 1939. En la estación me esperaba el camarada Manuilski, miembro del Secretariado de la Internacional Comunista. Nos llevó a Carmen, a la niña y a mí a su dacha en Kúntsevo, cerca de Moscú, donde habíamos de residir hasta septiembre, en que yo ingresé en la Academia Militar.

El camarada Manuilski esperaba mi llegada para ir los dos al sanatorio de Barbija, donde estaban en tratamiento Jorge Dimitrov y José Díaz, y para donde salimos después de dejar a Carmen y a la niña en la dacha. Llegamos al sanatorio a las once de la mañana y partimos a las ocho de la noche porque los médicos ya nos echaron. Durante nueve horas estuve bajo el fuego de las preguntas de los tres.

Me impresionó el amplio y profundo conocimiento que los camaradas Dimitrov y Manuilski tenían de todo el problema español y el humanismo que se desprendía de todas sus preocupaciones en cuanto a la trágica situación en que se encontraba el pueblo español después de la derrota y de los españoles recluidos en los campos de concentración en Francia y África.

De vez en cuando, según yo iba hablando, Dimitrov o Manuilski tomaban el teléfono para dar las instrucciones que debían ser comunicadas a París, en relación con la situación de diferentes camaradas, pero el tema central de las preguntas era el político. ¿Qué había pasado en el último período de la guerra, y sobre todo en la zona centro-sur? ¿Cuál había sido la actitud de los órganos dirigentes del Partido y de sus diferentes miembros? ¿Cuál había sido la conducta de Togliatti y de los demás delegados de la IC?

Fui reservado en mis respuestas y me callé cosas y opiniones que más tarde dije en las reuniones de la dirección del Partido presididas por José Díaz. Me parecía que eso era lo correcto, y José Díaz fue el primero en apreciarlo así.

En el resto de abril y primeros días de mayo fueron llegando diferentes miembros de la dirección del Partido: Dolores Ibárruri, Jesús Hernández y su mujer, Juan Comorera y la suya, Pedro Checa y la suya, Togliatti y la suya, Vicente Uribe y Modesto. Todos ellos se fueron alojando en la dacha de Manuilski. José Díaz salió de la clínica y también vino a alojarse allí con su mujer y su hija. Llegó asimismo a Moscú Santiago Carrillo, con su mujer y su hija, mas con gran sorpresa para mí no lo trajeron a la dacha ni lo llevaron al hotel Lux, donde estaban Enrique Castro y otros miembros del CC, sino que lo metieron en el hotel Nacional, y ello a pesar de ser miembro suplente del Buró Político, mientras que Comorera, Modesto y yo sólo lo éramos del CC. Pero ésta no sería mi única sorpresa en relación con Carrillo.

Discusiones en Moscú

Hacia últimos de mayo dimos comienzo en la dacha a un examen de nuestra guerra y sobre todo del final de la misma. Participábamos en ese examen, bajo la presidencia de José Díaz, secretario general del Partido, los miembros del BP Dolores Ibárruri, Vicente Uribe, Jesús Hernández y Pedro Checa, y los miembros del CC Juan Comorera, Juan Modesto y yo. Participaba asimismo Palmiro Togliatti, que había sido hasta el último momento delegado principal de la IC ante nuestro Partido. Segunda sorpresa para mí: la no participación de Carrillo, siendo miembro del BP y estando en Moscú desde mediados de mayo.

En el libro Mañana España (pp. 73−79) recurre Carrillo a inventar fechas para querer demostrar que él no estaba en Moscú cuando esas discusiones tuvieron lugar.

Carrillo llegó a Moscú, junto con su mujer e hija, en mayo de 1939, y no el 26 de diciembre como él afirma. De Moscú sale para América junto con su mujer e hija y Juan Comorera. El viaje lo hicieron a través del Japón. Toda esa estancia en Francia y Bélgica es falsa. Carrillo mezcla unas fechas e inventa otras según le convienen. Falso también su residencia en el hotel Lux. Vivió en el hotel Nacional. Falso lo de su trabajo como secretario de la Internacional Juvenil Comunista y lo de sus reuniones con el secretariado del KOMINTERN. Y falso, asimismo, que la misión que él llevaba para América tuviese nada que ver con la organización de la juventud. La misión era otra.

Con todas esas falsedades Carrillo quiere ocultar la verdad de que vivió en Moscú como apestado, sin participar en las discusiones políticas que allí hubo ni en ninguna actividad dirigente.

Debo decir que yo casi no conocía personalmente a Carrillo. Le había visto dos o tres veces durante la guerra, ninguna de ellas en el frente; y un día en el parque Máximo Gorki de Moscú nos encontramos por casualidad al estar yo paseando con mi mujer y nuestra hija y él también con su mujer y su hija.

En mis conversaciones con Uribe en 1961, a las que me referiré más adelante, éste me dijo que Togliatti y José Díaz se habían opuesto a que Carrillo fuese a vivir a casa de Manuilski, donde vivíamos los demás, y que participase en nuestras reuniones.

Esta oposición se debía a que, lo mismo en el Secretariado de la Internacional Comunista que en el Buró Político de nuestro Partido, existía un estado de ánimo de repulsión hacia él, no sólo por su pasado trotskisante, sino porque había cosas sucias en su conducta. Había no sólo la indecente carta a su padre, sino también el haber sacado de la cárcel de Madrid, cuando era jefe de policía, a un tío suyo falangista y haberle hecho pasar al campo enemigo.

Había la traición a Largo Caballero, gracias al cual Carrillo había llegado a la Secretaría General de las Juventudes Socialistas, y había las persecuciones contra sus propios compañeros de dirección de la juventud socialista que no se sometieron a él incondicionalmente al realizarse la unificación de las Juventudes Comunistas y Socialistas, creándose las Juventudes Socialistas Unificadas.

Otra cosa sobre la que había —y sigue habiendo y un día se llegará a aclarar— graves sospechas es su papel en la muerte de Trifón Medrano, desaparecido el cual Carrillo quedaba como dirigente absoluto de las Juventudes Socialistas Unificadas. De esto algo dijo Indalecio Prieto y, una vez que surgió en una conversación del CE del Partido, Carrillo se puso furioso y paró toda posible discusión.

Al revés de lo que hacían Carrillo y otros miembros de la dirección de las JSU en aquella época y actualmente miembros del CE del Partido de Carrillo, de emboscarse en la retaguardia, Medrano empuñó el fusil desde el primer día de la sublevación, conquistando en los combates de Madrid, de la Sierra y de Talavera sus galones de comandante y aumentando su prestigio de auténtico dirigente de la juventud española.

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