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Publicado el 23 de abril de 2022, 11:24

¿Sabías que cuando llegaron los romanos a la Península se volvieron locos con una salsa española? ¿Que los nazis buscaron en España el Santo Grial como si de una película de Indiana Jones se tratara? ¿Que Felipe II, Bloody Mary o Isabel I estuvieron relacionados con la alquimia y la astrología? ¿Es cierta la fama de ninfómana de Isabel II? En este libro encontrarás anécdotas que explican la historia de España de forma amena y divertida. De la mano de El Ministerio del Tiempo, la exitosa serie de La 1 de TVE, descubrirás nuestro fascinante pasado desde una perspectiva diferente.

A Javier Olivares, por su
confianza
y por brindarnos la
oportunidad de escribir este
libro.
Sin él, no habríamos podido
vivir
esta experiencia.
Historia 2.0

 

A mi padre y a mi hermano,
por estar siempre ahí.
A Roberto, porque nos
teníamos que encontrar.
A mi madre, porque gracias a
ella soy quien soy.
IRENE

 

A aquellas personas que están
y a los que estuvieron,
porque me han dado un
cachito de ellos,
porque me han enseñado a
aprender.
CARMEN

 

A mi familia. A Jorge.
Todo lo que salga de mi pluma
siempre será gracias a
vosotros.
Y siempre para vosotros.
LAIA

 

A todos los que estáis ahí,
porque me habéis traído hasta aquí.
A Papiros y al Café más
radiofónico,
por ser parte de este sueño
Y a ti Javi, por todo y por
tanto.
AROA

 

A mi madre y a mi padre
por cogerme siempre el
teléfono.
A David por no dejarme caer.
Vosotros lo sois todo,
ahora y siempre.
PATRICIA

LA HISTORIA DE
LAS HISTORIAS

 

No hay conocimiento sin divulgación del mismo. Y no hay nada más patético y empobrecedor que quien divulga sin saber a fondo de lo que habla. Como guionista, sé que una de las bases esenciales de mi oficio es la documentación. Como historiador, me enseñaron a documentar hasta llegar al concepto clave de aquello que investigaba. En El Ministerio del Tiempo, guion e historia se funden, como ya pasara antes en Isabel o Víctor Ros, las últimas series que he creado junto a Pablo Olivares y Anaïs Schaaff. Curiosamente, mi hermano también hizo la carrera de Historia y Anaïs, la de Humanidades. A veces, la mejor formación de un guionista es estudiar otra carrera lejana al oficio para luego aprender este. Por lo menos, para hacer series como estas.

Si en Isabel el rigor histórico superaba el noventa por ciento de sus líneas argumentales, en Víctor Ros aprovechamos la excusa de la adaptación literaria de un procedimental de época para irnos a otra (1895) y seguir hablando de Historia y de Humanidades. De leyes, gobiernos, guerras, Baroja, Galdós y Blasco Ibáñez, que se pasean por la serie como necesarios compañeros de viaje.

El Ministerio del Tiempo es otra cosa: es aventura y fantasía ambientada en documentados hechos históricos que sirven de detonante para inventar historias. También es un fenómeno transmedia que genera obras como esta que tenéis en vuestras manos y que es, no podía ser menos, un homenaje a la historia. Una obra, por cierto, que tiene su origen en las propias redes sociales que tanto han hecho por esta serie.

Una noche, en Twitter, descubrí que una web —la de la Asociación Histórico Cultural Historia 2.0—analizaba cada capítulo de El Ministerio con relación a sus hechos históricos. Entré a leer y me encontré, estupefacto, que las mismas claves que habíamos utilizado para crear la serie eran relatadas como análisis histórico de cada capítulo. Pocas veces me he sentido más satisfecho como creador de una serie. El aroma de cada capítulo era diseccionado de manera sencilla y a la vez profunda, porque enseñaba caminos que había que seguir por los curiosos que quisieran saber más. Como queremos que haga El Ministerio del Tiempo. Quien quiera leerlos, aquí tiene:
http://historiadospuntocero.com/category/historicamente/el-ministerio-del-tiempo-serie-tv/

Por eso, cuando surgió la posibilidad de este proyecto por parte de TVE y Espasa decidí volver a ejercer de showrunner y pedí encarecidamente que quienes escribían estos análisis capítulo a capítulo fueran las responsables del mismo. Y aquí están, de compañeras de viaje, Laia San José Beltrán, Irene Godino Cueto, Patricia Álvarez Casal, Aroa Velasco Pírez y Carmen Herranz García. Sé de su esfuerzo por estar con nosotros. Y también de su calidad como historiadoras, documentalistas y redactoras. Una calidad que solo está al alcance de quienes se apasionan por su trabajo. Y esta es una condición indispensable para viajar por las puertas de este ministerio.

Alguien definió las redes sociales como el exhibicionismo de la estupidez y la ignorancia. No digo que no le falte razón en más de un caso. Pero generalizar es también de estúpidos e ignorantes, aunque traduzcan tus libros al alemán y tengas una tribuna semanal en uno de los principales periódicos de este país. Esta es la prueba de ello. Porque escribir series o ser historiador, fontanero o portero de discoteca requiere de conocimiento del oficio, pero también de pasión —ya lo he dicho, pero la pasión es algo tan importante que hay que citarla varias veces—, ética y capacidad de comunicación. E Historia 2.0 derrocha estas cualidades a raudales.

No contentas con ello, sus componentes tienen otra virtud: no solo saben, sino que también saben comunicar su sabiduría. Y uno, que ha tenido más de un rudo debate con departamentos universitarios metidos a analistas de series, tiene la certeza de que dichos departamentos deben seguir investigando sin tener que pensar en hacer accesible sus conocimientos al gran público. Pero también, que quienes divulgan la historia son tan necesarios como ellos. Porque vivimos en una era de comunicación. Y lo que no se comunica, no existe. Y la historia llevaba mucho tiempo escondida en los desvanes hasta que la televisión ha recordado a tantos y tantos espectadores que tenemos un pasado sin el que jamás podríamos entender nuestro presente. Sin dinamizar la sapiencia.

Uno de los momentos más felices de estos últimos tiempos fue cuando antes de una conferencia sobre la serie en Úbeda, un padre se acercó a mí con sus dos hijos. Había venido desde Sevilla para asistir a la charla: su hija se lo había pedido. Se presentó y me dijo:

—Mi hija va a ser historiadora gracias a vuestra serie. Y la mitad de sus compañeros también quiere serlo. Ven El Ministerio del Tiempo en clase, al día siguiente de su emisión en televisión.

Solo por cosas como esta, merece la pena hacer series. Y por supuesto, generan unas ganas irrefrenables de abrazar al profesor que utiliza El Ministerio como material didáctico.

No sé si en un futuro, esa niña o algunos de sus compañeros se dedicarán a la investigación. O si crearán una web de historia. O si escribirán guiones. Hagan lo que hagan, sé que ayudarán a que quienes les rodean sepan más y a que el mundo sea mejor. Porque esos niños se divierten con la cultura, primer paso para tener la intuición —y pronto tendrán la certeza— de que la cultura y el conocimiento son indispensables para que el ser humano siga siendo eso: humano. Y crítico con lo que le rodea. Y no se puede ser crítico sin memoria y sin referencias. La historia es la maestra esencial de estas materias.

Para conseguir eso, es tan indispensable quien investiga como quien divulga, y quien, por supuesto y como es el caso, hacen ambas cosas a la vez. Porque como me dijo uno de mis profesores más queridos —Julián Gállego— hablando de la crítica de arte críptica e incomprensible —tan habitual en este país—:

—Quien ha escrito eso de esa manera o no sabe de lo que escribe o no tiene nada que decir.

De momento, tengo el honor de que esa niña y sus compañeros quieran ser historiadores. También tengo el orgullo de que Joseph Pérez —un historiador como la copa de un pino— me felicitara por hacer series como las que hacemos. Ahora, también tengo la gran satisfacción de que Laia San José Beltrán, Irene Godino Cueto, Patricia Álvarez Casal, Aroa Velasco Pírez y Carmen Herranz García escriban este libro, viajando con nosotros por la historia como funcionarias de lujo de El Ministerio del Tiempo. Gracias por acompañarnos.

 

JAVIER OLIVARES

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