LA HORA DEL DESPERTAR DEL LEÓN: CAPÍTULO TRES «¿Qué le pasa a nuestro Dave?» / «Mundos» de frecuencias

Publicado el 26 de noviembre de 2021, 18:41

CAPÍTULO TRES

«¿Qué le pasa a nuestro Dave?»

Si quieres decirle a la gente la verdad, hazla reír, de lo contrario te matarán.
Oscar Wilde.

Empecé a ser consciente de extraños sucesos a mi alrededor en 1989, el momento en que escribía mi libro de ecología llamado It Doesn’t Have to be Like Ibis. Estaba escribiendo a toda velocidad, muchas veces un capítulo por día, y cuando lo leía de nuevo cada tarde pensaba para mis adentros: ¿De dónde me han venido estas ideas?, y: ¡No recuerdo haber escrito esto! Es como si escribiera todo en un sueño.

En ese mismo período empecé a sentir una presencia a mi alrededor. Cuando estaba solo en mi habitación, sentía como si hubiera otra persona presente, y eso se prolongó durante meses. Finalmente, en 1990 me hallaba sentado en el borde de la cama en un hotel de Londres y sentí la presencia con tanto poder que dije en voz alta: «Si estás ahí, por favor contacta conmigo porque me estás poniendo de los nervios». Poco después, los acontecimientos empezaron a acelerarse. En marzo de 1990, estaba jugando al fútbol con mi hijo Gareth, que entonces tenía ocho años -ahora un cantautor brillante- en el malecón, cerca de mi hogar en Ryde, en la isla de Wight. Le había dicho que iríamos a comer al café de la estación de ferrocarril, pero estaba lleno y, mientras buscábamos una alternativa, alguien me reconoció de la televisión y empezó a hacerme preguntas sobre fútbol. Cuando terminamos de conversar no podía ver a Gareth, pero sabía que estaría en el quiosco de la estación mirando libros sobre locomotoras de vapor, algo que a los dos nos interesaba. Desde la entrada al quiosco le dije a Gareth que iríamos a buscar otro café, pero, cuando me di la vuelta para marcharme, mis pies estaban pegados al suelo como si dos imanes los estuvieran anclando. Fue una sensación muy extraña, casi como si otra realidad se hubiera manifestado a mi alrededor.

Mientras estaba allí con los pies clavados al suelo, escuché una «voz» muy nítida en mi cabeza que me dijo: «Ve a mirar los libros del fondo de la tienda». Carajo, ¿qué era eso? ¿Qué diablos está ocurriendo? Conocía bien esa tienda y no me interesaban los libros de la sección «del fondo». Todos eran novelas románticas del estilo de las de Barbara Cartland. Fui para ver qué ocurría, especialmente porque era la única dirección a la que se dirigían mis pies, e inmediatamente llamó mi atención un libro en cuya portada estaba la imagen del rostro de una mujer. Fue como si este libro fuese el único que pudiera ver, una sensación que he tenido en incontables ocasiones desde entonces. Le di la vuelta para leer la contraportada y leí la palabra «médium». La autora era una vidente profesional y curandera práctica, e inmediatamente pensé en la presencia que había estado sintiendo alrededor mío durante todos aquellos meses. ¿Sería esta mujer capaz de decirme lo que estaba ocurriendo? Me leí el libro en veinticuatro horas y contacté con ella para acordar una cita. No le expliqué nada sobre la presencia, tan sólo que tenía artritis y que quería ver si podía ayudarme su curación. No iba a decir nada sobre lo que me había estado ocurriendo a menos que lo detectara ella misma.

«Mundos» de frecuencias

Sólo la vi en cuatro ocasiones y en las dos primeras visitas no ocurrió nada que merezca la pena destacar, excepto que hable con ella sobre otras dimensiones o frecuencias de existencia y de una perspectiva de la vida y las posibilidades mucho más amplia. Siempre había rechazado la religión y también la absurda idea que ha vendido la «ciencia» de que todos somos «accidentes» de la «evolución» que dejamos de existir cuando morimos. Es una gran tontería, pero la «ciencia» sigue afirmándolo rotundamente a pesar de la riqueza de pruebas e investigaciones que desmienten tal estupidez, inclusive las de los verdaderos científicos abiertos de mente. Hasta ese momento, nunca me había planteado una alternativa a esa insensatez, pero cuando hablé con esa médium, inmediatamente aprobé lo que decía sobre una naturaleza multidimensional de la realidad y la capacidad de cada dimensión de comunicarse con las demás. Fue como si me estuviera diciendo lo que ya sabía, lo cual es exactamente lo que estaba haciendo.

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