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LOS CABALLEROS DE LA MUERTE: EL RETORNO/UN SOSPECHOSO (31 - 40)

Publicado el 28 de noviembre de 2021, 14:09

...Santander; al comandante Zapico en Sama de Langreo…

     Vivíamos en un país semianalfabeto que aún creía en bosques habitados por bruxas, xanas, trasgus y diañus; o en tormentas provocadas por el Nuberu que cabalgaba sobre negros nubarrones; o en que sólo se fallecía cuando nos visitaba la güestia —me asegurabas—. Y en un país así, hay que mostrarle al pueblo el trofeo. En caso contrario, el supersticioso habitante de los valles incluiría en sus fantasías al guerrillero, como un ser inmortal, y rodearía su nombre de un halo mítico que lo equipararía a una especie de dios justiciero, introduciéndolo por la puerta grande en esa extraña mitología.
     No importa —repites, en tu vigilia —, no importa el tiempo transcurrido
porque, sea quien fuere, vas a encontrar al asesino. Lo prometiste de rodillas ante el cuerpo inmóvil de tu hermano.
     Muchas deudas tienes que cobrar. Entre ellas, localizar a tu mujer y a tu hijo, si es que aún viven. Han transcurrido cuarenta años sin saber de ellos, una vida entera —piensas—. Nunca llegaste a conocer a tu retoño, un retoño que tendrá cuarenta años. Alguien lo impidió, no sabes quién. Si les encontraras, ¿qué les vas a decir? Ni siquiera tú lo sabes. ¿Tendrás ya nietos?
     Ya sólo me resta recordarte que tienes un plazo muy corto, antes de que el cáncer te coma, para remover las piedras de la historia.
     ¿Cuáles serán los síntomas? — preguntaste al médico soviético—. Cansancio, mucho cansancio. Después vendrá el dolor. Y, al final, suplicará morfina para morir en paz.
        

Destinatario: Nicolai Chejav.
Director General de Inteligencia, de la RSY.
Asunto: Dimisión.

Carácter del documento: Confidencial.

     Camarada Nicolai:
   El momento que tanto temía ha llegado. Supongo que conoces el resultado del reconocimiento médico que me practicaron los médicos soviéticos. Como comprenderás, no puede ser más desalentador. Han asegurado que el plazo de vida que me queda es de apenas un año. Recomendaron que debía comenzar una terapia agresiva. Les pregunté si la misma retrasaría mi muerte, su respuesta fue negativa. Por eso me he negado. Quiero prolongar la vida, no la agonía.

     Con mis días contados, consciente de la propia miseria que define la condición humana, harto de que la vida sea sobrevivir y degradarse en esa supervivencia, emprendo el camino de regreso a España. Mi objetivo a partir de este instante será ver por última vez a mi esposa y conocer a mi hijo. Y, por supuesto, localizar al asesino de mi hermano.

     Al igual que Marlow, el personaje de Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas, me aventuro con mi barco viejo, es decir, mi cuerpo quebrado, a remontar un río peligroso en el que no acechan nativos, sino los restos del último fascismo europeo.

     Han sido veinticinco años a tus órdenes, creo que nadie mejor que tú me conoce. Mis acciones, a partir de este momento, no responderán a ninguna consigna de la dirección, son sólo una decisión personal. Con el ánimo de que el resultado no enturbie las posibles relaciones diplomáticas entre Yugoslavia y el nuevo estado democrático naciente en España, presento mi renuncia irrevocable. A partir de ahora, soy el único responsable de mis actos.
     Fue un placer conocerte y trabajar contigo.
     Belgrado, a 11 de mayo de 1977.
     Fdo: Andrés Rivera.
     Agente Especial N.º 987-A.
     P. D. Te rogaría que me permitieras utilizar nuestra red de contactos en España.

 

 

2
Un sospechoso

 

 

 

Apenas has dormido, al igual que todas las noches desde hace cuarenta años. Demasiados muertos llegan a tu mente. Y tienes miedo de que el sueño se apodere de ti, repitiéndose la misma pesadilla: te encuentras solo, en mitad de la nada; hay montañas alrededor, llenas de cadáveres de amigos que se amontonan por doquier, y tú les preguntas por el sentido de la vida, pero no obtienes respuesta. No es un cementerio, ni un tanatorio, son los valles que se han transformado en una gran sala de interrogatorio.

     El viaje se termina. Arrojas agua al rostro y por encima del cabello, no necesitas peine, tus dedos se encargan del toque preciso. Pantalón y camisa arrugados. Tokarev al cinto, chaleco y americana en perfecto estado de revista.


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