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LA HORA DE TREVIJANO: (IV) LA VERDAD EN LA HISTORIA DE LA DEMOCRACIA

Publicado el 6 de diciembre de 2021, 2:24

Es evidente que este notable pensador ignoró la democracia de Estados Unidos y, en la ruta hegeliana de Stein, confundió la dialéctica de la soberanía popular, que conduce a la concentración de todo el poder en la Asamblea Legislativa, con la lógica democrática que conduce justamente a la división y separación de los poderes, pero sometidos todos a la legitimación del principio electivo. La Monarquía constitucional produjo en Alemania el mismo fenómeno que causó en Francia el bonapartismo. La burguesía liberal tuvo que esperar casi medio siglo para que una derrota militar (guerra franco-prusiana y primera guerra mundial) le permitiera realizar, con la III República y la de Weimar, su idea parlamentaria de la preponderancia de la representación sobre el gobierno ejecutivo.
El debate entre liberales y socialistas, en la segunda mitad del siglo XIX, sacrificó a la cuestión social la búsqueda de la libertad política y la democracia, entendida como método o regla constitucional caracterizada por la separación de poderes y el principio electivo para todos ellos.
El dudoso prestigio de la democracia fue suplantado en Europa, después de la guerra franco-prusiana, por el de la burguesía liberal dirigida por el orleanista Thiers, que ahogó en sangre a los revolucionarios de la Comuna de París y dominó el gobierno provisional que condujo a la República parlamentaria de 1875.
Esta III República no fue todavía entendida como una forma política de Estado, ni como un régimen político de organización del poder estatal, sino como «la única forma de gobierno adecuada al sufragio universal» (Gambetta). La deliberada confusión entre la forma política del Estado (Monarquía o República) y la forma constitucional o parlamentaria de gobierno será conceptualmente desastrosa para la comprensión de la democracia.
La indefinición de la democracia política en la III República, que no se basó en una Constitución republicana, sino en varias leyes constitucionales inspiradas en el régimen orleanista de Luis Felipe, fue resultado de un compromiso liberal que dejaba abiertas las puertas de la Monarquía. Lo demostró la intentona legal de Mac-Mahon en 1877. Esta Constitución republicana «de expectativa monárquica» tuvo que ser enmendada en 1884 para que la forma republicana del Estado no pudiera ser reformada. Es en 1889, en el primer centenario de la Revolución francesa, cuando se realizó la gran impostura historiográfica de la Revolución y la gran hipóstasis entre democracia y régimen parlamentario.


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