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POR LA RELIGIÓN Y LA PATRIA: Los curas y el 18 de julio. CAPELLANES CASTRENSES: BERMEJO, CABALLERO, COPADO Y HUIDOBRO (109-120)

Publicado el 6 de diciembre de 2021, 16:38

No, no, no es una lucha de dos civilizaciones. Lucha una civilización, la cristiana y española, contra la barbarie comunista fortalecida con las energías del Infierno y de los ejércitos que en la tierra dispone el Príncipe de las tinieblas para hacer la guerra a Jesucristo.

    ANTONIO GARCÍA GARCÍA, obispo de Tuy,

19/09/1936 [45]

 

[45] Rodríguez Lago, J. R., Cruzados…, p. 123.

 

 

CAPELLANES CASTRENSES: BERMEJO, CABALLERO, COPADO Y HUIDOBRO

SON LOS TRABAJOS DE INVESTIGACIÓN iniciados en la transición los que, al elegir marcos locales o provinciales, mostraron lo que hasta entonces aún no había sido posible ver: la identidad de las víctimas y de los victimarios. Las obras de Thomas o de Jackson eran muy interesantes pero su enfoque no podía descender a la pequeña escala. No obstante, alguna información ya contenían sobre el tema que aquí se tratará. Así, por ejemplo, al haber podido leer el libro de Antonio Bahamonde, Hugh Thomas mencionó en su obra el caso de Juan Galán Bermejo, «el cura de Zafra» [46] . Por ser el primer caso y además muy conocido, conviene detenerse en él. El cura, que se unió a la columna Castejón a su paso por la localidad extremeña en funciones de capellán castrense, salía muy mal parado en el relato de Bahamonde, quedaba de él la imagen de un pistolero asesino y sanguinario. Contaba que, con motivo del primer aniversario de la ocupación de Badajoz, tuvo lugar un banquete en el Hotel Majestic al que asistieron diversas autoridades y representaciones tanto españolas como portuguesas. Al acto asistió el obispo de Badajoz, José María Alcaraz Alenda, que se presentó «acompañado de un sacerdote vestido de teniente del Tercio, con un gran Cristo en el pecho y en el cinto la pistola». Concretamente decía:

En mis viajes por los pueblos había oído hablar mucho de las hazañas de un cura del Tercio, al que no conocía personalmente. Este sacerdote fue del que el señor Obispo se hizo acompañar, ÚNICO eclesiástico que asistió al acto, lo que demuestra, de manera indudable, la predilección que el señor obispo sentía por él, ya que lo natural era que lo hubiera acompañado un familiar cualquiera.

Tenía gran interés en conocerle y pedí al gobernador que me lo presentara. Tiene unos treinta años, moreno, pelo ondulado, tipo corriente, muy locuaz, de bastante simpatía. Le dije que ya había oído referir algunas heroicidades realizadas por él, en mis andanzas por los pueblos. Me refirió su historia. Ejercía su sagrado ministerio en Zafra (Badajoz), pueblo en el que no hubo lucha ni víctimas. Él y todas las personas de derechas fueron respetadas. Cuando llegaron las tropas, el pueblo no opuso resistencia; se entregó. Al entrar el Tercio en el pueblo, se fue con él como capellán. Antes de partir la columna, él, que conocía bien el pueblo y la «canalla marxista» que en él vivía, hizo fusilar gran número de personas.

Partió con la «bandera» que tomó Badajoz, y al quedar esta aniquilada, pasó a la ONCE BANDERA, SEGUNDO TERCIO DE LA LEGIÓN , donde en la actualidad se encuentra. Las dos escenas que relato a continuación las oí de sus labios. En la catedral de Badajoz, el día que entró el Tercio, había un hombre escondido en un confesionario. El sacerdote le descubrió, sacó la pistola y allí mismo le mató. Relataba: «No crea usted que entramos de rositas por esos pueblos. Hay sitios donde nos cuesta trabajo. Se defienden y resisten, ahora que pagan bien…». Todo esto intercalando palabras gruesas, lo que pretendía justificar diciendo que eran palabras legionarias.

Días después, le vi en el Gobierno civil. Iba a despedirse del gobernador. Charlamos un rato. Le pedí me mostrara la pistola, de la que me dijo no se separaba nunca. Dijo: «Aquí donde usted la ve, esta pistolita lleva quitados de en medio más de cien marxistas». Nos fuimos a tomar una cerveza. Me dio sus señas para que le escribiera. … Es natural de Montánchez, donde tiene la familia, … [47]

Efectivamente no iba errada la información sobre el cura: se incorporó primero a la V Bandera y más tarde a la XI. Nos lo cuenta otro capellán castrense, Jaime Tovar Patrón, en su obra Los curas de la última cruzada. Añade además que «presumía de haber abierto los cerrojos de la Puerta Trinidad de Badajoz en el sangriento asalto de los legionarios a la capital pacense». Sobre Badajoz es el propio Tovar, al que se supone bien informado por sus colegas, el que, en respuesta a alguno de los trabajos que sobre lo ocurrido en esa ciudad se han publicado, concretamente el pionero de Justo Vila, escribe: «Hay que reconocer que se cometieron abusos principalmente por parte de los moros, menos propensos al perdón que los cristianos, y por muchos otros que, borrachos de sangre, se dieron al pillaje y a toda clase de bajezas. ¡Esto el día de la Asunción de Nuestra Señora!» [48] .

 

 

Badajoz, 1939: el obispo
Alcaraz en un acto ante el
Ayuntamiento.

 

Lo cierto es que el libro de Bahamonde circuló ampliamente a partir de 1938 por la España republicana, por Europa y por América Latina obligando a la propaganda eclesiástica a actuar. Deesto se encargó en 1939 el jesuita Constantino Bayle, colega del canónigo magistral de Salamanca Aniceto Castro Albarrán, que llevaba la oficina de Información Católica Internacional [49] , desde las páginas de De Rebus Hispaniae, donde se ocupó en varios números de los católicos que con sus testimonios habían criticado la estrecha colaboración de la Iglesia con los golpistas. Sería el caso de Georges Bernanos y su obra Los cementerios bajo la luna, Antonio Ruiz Vilaplana y su Doy fe… y Antonio Bahamonde. Para contrarrestar los efectos del libro de este último, el jesuita Bayle recabó varios testimonios de interés que conviene comentar.

Según Bayle el mensaje negativo y peligroso de esos libros era «que si los rojos son malos, los blancos no son buenos». Pese a considerar que el libro de Bahamonde era un libelo, el jesuita se propuso, como según él ya había hecho con los otros dos, demostrarlo. Convencido de que lo leído sobre el cura Galán Bermejo era una calumnia, Bayle escribió al obispo Alcaraz, quien le envió un informe recopilado por él mismo. Según este, el cura le había dicho que se incorporó al Tercio «para ejercer mi sagrado ministerio entre los legionarios». Reconocía Alcaraz que el cura lo acompañó en aquel acto mencionado por Bahamonde, pero decía que tal fue excepcional y se debió simplemente a que Galán se encontraba en Badajoz. Por su parte el gobernador negó que se lo hubiera presentado a Bahamonde, ya que conoció al cura ese mismo día 14 de agosto del 37 y no lo volvió a ver hasta casi un año después en que este se acercó a saludarlo a su despacho. Galán, por su parte, afirmó que «no me lo ha presentado nunca el Señor Gobernador de Badajoz ni tengo la menor idea de haber hablado en ocasión alguna con dicho señor exdelegado, ni en esta ciudad de Badajoz, ni en ninguna otra parte».

 

[46] Resulta significativo que en una obra de referencia como La Iglesia Católica en España (1875-2002), de William J. Callahan (Crítica, Barcelona, 2002) se lea: «La represión que desencadenaron los nacionales en las regiones que dominaban planteó un dilema moral a un clero aparentemente comprometido con la práctica de la caridad cristiana. Pocos sacerdotes imitaron el ejemplo del padre Juan Galán Bermejo, capellán de una unidad militar de élite…» (p. 278). Por supuesto no podía faltar la referencia al obispo Olaechea, al que luego se aludirá.

[47] Bahamonde y Sánchez de Castro, Antonio, 1 año con Queipo. Memorias de un nacionalista, Ediciones Republicanas, Buenos Aires, s/f., pp. 75 y ss. El acto que narra Antonio Bahamonde se ve confirmado por la noticia «Badajoz rinde homenaje al coronel Cañizares» (AFÁN, 16/08/1937), donde se lee: «A las dos de la tarde, el Ayuntamiento obsequió al coronel Cañizares con un espléndido banquete, al que asistieron todas las autoridades, y en el que se repitieron las muestras de entusiasmo y cariño hacia el coronel Cañizares y hacia nuestra hermana Portugal. En los brindis habló el alcalde primero para ofrecer el homenaje. Después, el homenajeado, coronel Cañizares, para agradecer el brindis, y, luego, el gobernador militar de Elvas, el obispo doctor Alcaraz, el capellán de la bandera del Tercio que entró en Badajoz y nuestro secretario provincial Murillo. En el acto reinó la más franca camaradería y entusiasmo. Al final se dieron vivas a Portugal y España». El periódico falangista oculta que el acto tuvo lugar en el lujoso Hotel Majestic.

[48] Tovar Patrón, Jaime, Los curas de la última cruzada, FN Editorial, San Fernando de Henares, 2001, pp. 604 y 621.

[49] Sobre Castro Albarrán resulta imprescindible la lectura de Robledo, Ricardo, «¡Dios se ha hecho generalísimo nuestro!». Dichos y hechos de Castro Albarrán, magistral de Salamanca (1896-1981), en Robledo, R. (ed.), Esta salvaje pesadilla, Crítica, Barcelona, 2007, pp. 327-342.


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