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POR LA RELIGIÓN Y LA PATRIA: Los curas y el 18 de julio. CAPELLANES CASTRENSES: BERMEJO, CABALLERO, COPADO Y HUIDOBRO (121-130)

Publicado el 7 de diciembre de 2021, 14:22

Y en cuanto a la implicación en la represión inicial el cura declaró al obispo que, aparte de visitar varias iglesias recogiendo los restos de los destrozos, «a las once de la mañana celebré la Santa Misa en la Iglesia Parroquial con asistencia de las fuerzas que libertaron la ciudad y a las que el señor Cura Párroco, en emocionante plática, les agradeció, en nombre de todos los que con él compartieron los días de prisión, el beneficio del rescate». Luego se dedicó a saludos y despedidas, «yéndose el tiempo tan aprisa que cuando me incorporé a la Legión, esta ya iba camino de los Santos de Maimona. Esta fue mi actuación en Zafra, no habiendo tomado parte alguna, ni directa ni indirectamente, en las sanciones impuestas a dicha ciudad». Galán también negó que hubiera tomado cerveza alguna con Bahamonde y que le hubiera enseñado la pistola.

El carácter exclusivamente propagandístico del boletín del jesuita Bayle y su claro objetivo de descalificar el testimonio de Bahamonde invalidan el informe del obispo. Ni la declaración de este, ni la del gobernador ni la del cura inspiran confianza alguna. Es posible que Bahamonde contara su experiencia y también que alguien le hablase en uno de sus viajes del cura de Zafra. Hay por tanto que considerar insuficientes los esfuerzos de Bayle, Alcaraz y el gobernador por desmentir el retrato del «cura de Zafra» [50] .

 

Tampoco hay que olvidar el paso del navarro Padre Vicente, otro «bravo» capellán castrense de la Legión que, según el británico Peter Kemp, era «el hombre más arrojado y sanguinario que vi jamás en España». Kemp, un joven tory de ideas ultraconservadoras que había luchado junto a los requetés y también en la Legión, publicó un libro en 1937 narrando sus andanzas bélicas que fue parcialmente censurado en su versión española. Según Southworth, que recogió su historia, una de las partes eliminadas del libro comprendía la descripción de un combate donde el Padre Vicente no quería que ni uno solo de los enemigos escapase a la muerte. Kemp aludía al deseo de sangre del capellán, «apremiándome con sus gritos a que disparara sobre ellos» y cómo, aun después de alejarse de su lado escuchaba al cura decir:

¡No le dejes que se escape! ¡No le dejes que se escape! ¡Dispara, hombre, dispara! ¡Le cazaste!, mientras la víctima yacía en el suelo [51] .

Pero fueron, como se ha dicho, los trabajos locales los que ofrecieron una información más rica. Resulta inolvidable por ejemplo la imagen que Francisco Moreno Gómez nos ofreció del jesuita Bernabé Copado Agenjo en su tercer libro sobre Córdoba [52] .

 

Dicha imagen se llenó de contenido con la investigación del golpe militar en Huelva, que nos permitió acceder al testimonio que dejó el mencionado capellán sobre la ocupación de los pueblos de la sierra de dicha provincia y de Córdoba: Con la Columna Redondo. Combates y conquistas. Crónica de guerra, Imprenta de la Gavidia, Sevilla, 1937. Lo llamativo del libro, dada la temprana fecha de publicación y que por tanto los textos debieron haber sido escritos al mismo tiempo que actuaba la columna —de hecho su rastro puede seguirse en el diario sevillano La Unión—, es la manera descarnada en que se exponen las andanzas de los hombres de Redondo, un fanático militar carlista que había abandonado el ejército acogiéndose a la generosa Ley Azaña. Al cura pertenecen estas palabras que reflejan bien el reguero de sangre que con fines ejemplarizantes iba dejando pueblo a pueblo la columna a lo largo de su marcha:

… es consolador ver cómo mueren muchos, mejor dicho, la totalidad. Todos se confiesan y algunas de las muertes han sido edificantes y sobremanera consoladoras. En Cortegana fueron fusilados una noche seis, entre ellos estaba un médico, muchacho de veintiséis años, que hacía once meses se había casado y tenía un hijo de cinco días. Cuando llegamos al lugar del fusilamiento a las dos de la madrugada, los seis me abrazaron; recibieron de nuevo la absolución y el médico, en nombre de los demás, me dijo que morían consolados y con la esperanza de que habíamos de hacer una España grande, ya que los políticos y ellos la habían destrozado, y que por esto ofrecían sus vidas y su sangre (p. 90).

 

También merece mencionarse el Diario de campaña de un capellán legionario (Doncel, Madrid, 1976), del igualmente jesuita José Caballero, con prólogo a cargo del escritor fascista Rafael García Serrano. Un itinerario al servicio de la X Bandera de la Legión con inolvidables secuencias de muerte ajena y propia en «la tapia fatídica». Baste recordar lo escrito por el capellán jesuita el 7 de noviembre de 1938: «Me levanto a las 5 para preparar al reo, pero me encuentro que se han adelantado. Protesto enérgicamente ante el juez. También protesta el médico. Aún caliente le doy la santa unción. Rezamos un Padrenuestro» (p. 376). Nada que ver con fray Gumersindo de Estella, como luego veremos. En realidad recuerda a lo que, según el conocido testimonio de Edmundo Barbero, decía el extorero y propietario José García Carranza «El Algabeño», mano derecha de Queipo: «Nosotros hemos fusilado a muchos, es verdad, pero confesándolos y comulgándolos, y ellos, no. Ya ven ustedes la diferencia». Sí ¡ya veo la diferencia!

 

[50] La hemeroteca de La Vanguardia conserva un rastro tardío de Galán Bermejo. Se trata de una misa de la Hermandad de Alféreces Provisionales celebrada en Santander a la que asistieron altos cargos del Ejército. En cierto momento se lee: «Más tarde se nos anuncia que va a celebrarse misa. La celebra, en una capilla improvisada, un sacerdote que fue alférez provisional en la Cruzada y que lleva sobre el pecho de la sotana la misma estrellita que nosotros. También lleva pasadores de condecoraciones y además tiene la medalla de Sufrimientos por la Patria y la Cruz de primera clase del Mérito Militar. Se llama don Juan Galán Bermejo y es capellán de la RENFE en la estación de Arroyo-Malpartida (Cáceres)» (La Vanguardia, 28/07/1960). Poco después participó en la III Asamblea de Alféreces Provisionales de la Alta Extremadura celebrado en Cáceres. Ahora se le mencionaba como «capellán caballero mutilado». Una de las conclusiones de la Asamblea fue la petición de un Frente Internacional de Oficiales Ex- combatientes Anticomunistas (ABC, 18/10/1960).

[51] Southworth, H. R., El mito de la cruzada de Franco, Debolsillo, Barcelona, 2011, pp. 142-143.

[52] Moreno Gómez, F ., Córdoba en la posguerra. La represión y la guerrilla (1939-1950), Francisco Baena Editor, Córdoba, 1987, p. 36.


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