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ASÍ DESTRUYÓ CARRILLO EL PCE: (41-50)

Publicado el 9 de diciembre de 2021, 1:54

Pero tres páginas más adelante afirma: «Salgo de España con el ejército después de un mes duro. Estoy atacado por la sarna que estaba muy extendida en esta época, en la que no había posibilidad de mudarse de ropa durante meses enteros. Yo me fui a París».

Ya en 1959, en el folleto ¿Adonde va el Partido Socialista?, página 19, escribía Carrillo: «Vino marzo de 1939 y el golpe de Casado en Madrid. Los comunistas y los jóvenes socialistas unificados de Madrid lucharon con armas en las manos contra la Junta de Casado, en defensa del gobierno legítimo de la República que presidía un socialista, Negrín. Yo no pude participar personalmente en esa lucha, como otros de mis camaradas, porque el último período de la guerra me cogió en Cataluña, siéndome materialmente imposible regresar a la zona centro-sur».

Como puede verse, Carrillo da diferentes versiones y busca diferentes causas a su no ida a la zona centro-sur: la falta de medios, el Partido, la sarna; todo ello para ocultar la verdadera causa: su cobardía.

La Junta de Casado dio el golpe el 5 de marzo, Carrillo pasó de Cataluña a Francia el 8 de febrero; es decir, que tuvo casi un mes para decidirse a volver, pero al final prefirió París a Madrid.

La cuestión es que esos miembros del Buró Político y de la Comisión Ejecutiva de las JSU hacían lo mismo que otros políticos y ciertos jefes militares: daban la guerra por terminada y perdida al encontrarse en Francia después de la pérdida de Cataluña.

¿Después de la pérdida de Cataluña era posible continuar la guerra en la zona centro-sur? Sin duda de ninguna clase era posible, y así lo sostuve en las discusiones de Moscú en 1939. Esta misma opinión, defendida por mí veinte años más tarde en la Comisión de Historia de la Guerra, fue uno de los motivos de discrepancia entre Carrillo y yo, y de mi salida de la comisión.

Mientras Carrillo sostenía que con la pérdida de Cataluña la guerra estaba perdida y que se debía dar por terminada y, por tanto, ya nada se podía hacer en la zona centro-sur, yo sostenía, y sostengo, lo contrario.

Dolores Ibárruri dijo ante el VI Congreso del Partido: «Unos meses más de resistencia y la guerra hubiera podido ser ganada, porque las fuerzas interesadas en comenzar la segunda guerra mundial no podían mantener la tensión a que tenían sometidos a sus pueblos. Cinco meses después de aplastada la resistencia republicana, Hitler comenzaba la segunda guerra mundial».
Yo, por mi parte, no quiero entrar en especulaciones acerca de si Hitler habría comenzado o no la guerra en la fecha que empezó si la guerra de España no se hubiese terminado. Lo que he sostenido, y sostengo —aunque Carrillo me lo hizo quitar de un artículo sobre la batalla del Ebro y luego hizo todo lo que pudo para que no se tratase de ello en mi libro Nuestra guerra—, es que con los medios y el territorio que nos quedaba en la zona centro-sur había la posibilidad —aun en el peor de los casos y aceptando la idea de que la guerra la perdíamos, idea con la que no estoy de acuerdo— de resistir siete u ocho meses.

Dos meses necesitó el enemigo para conquistar las cuatro provincias catalanas, volcando todas sus fuerzas disponibles (más de 600 000 hombres) contra un ejército de 200 000 combatientes agotados por la larga batalla del Ebro, mal armados y sin reserva alguna. Mientras tanto, en la zona centro-sur contábamos con un ejército de cerca de un millón de hombres, la mayor parte encuadrados ya en unidades militares y con experiencia combativa. Cuatro ejércitos: centro, Extremadura, Andalucía y Levante; 16 cuerpos de ejército, 52 divisiones con 141 brigadas. Dos brigadas de Caballería; 27 batallones de Ingenieros; unos 280 tanques y blindados; 400 piezas de artillería. Había, además, 21 grupos de Guardias de Asalto. La aviación contaba con unos 100 aparatos de diferentes tipos. La escuadra era mucho más numerosa que la del enemigo y estaba formada por 3 cruceros, 13 destructores, 7 submarinos, 5 torpederos, 2 cañoneros y toda una serie de barcos auxiliares.

Se podía contar, además, con 200 000 a 300 000 hombres más, parte de los cuales estaban ya en campamentos de entrenamiento. Y creo, por último, que no es exagerado pensar que una parte, por lo menos, de los combatientes y de los mandos que habían pasado a Francia regresara a la zona centro-sur.

Se puede argumentar, y se argumenta, que la correlación de fuerzas y de medios en su conjunto nos era desfavorable, lo que es cierto. Pero si la comparamos con Cataluña, esa correlación de fuerzas y de medios nos era mucho más favorable en la zona centro-sur que en la zona catalana, como hemos podido ver más arriba.

En cuanto a territorio, la zona centro-sur comprendía unas diez provincias, la mayor parte completas y algunas otras divididas por las líneas del frente, con un total de 120 000 km² y nueve millones de habitantes. Con ciudades como Madrid, Valencia, Alicante, Albacete, Murcia, Almería, Jaén, Cuenca, Guadalajara y Ciudad Real. Tenía la zona más de 700 Km de costa con un respetable número de puertos, entre ellos los importantes de Valencia, Alicante, Almería y el de Cartagena con su base naval.

En relación con el abastecimiento, aparte del aprovisionamiento que se podía seguir recibiendo por mar —no se debe olvidar que contábamos con una Marina de guerra muy superior a la del enemigo para defender nuestras comunicaciones marítimas, sobre todo si se estaba dispuesto a jugarse el todo por el todo y obligar a la flota a que diera la cara—, estaban en nuestro poder zonas de gran riqueza agrícola como las de Valencia, Alicante, Murcia, Ciudad Real y Jaén.

Había, pues, territorios y medios para, en el peor de los casos, continuar la guerra seis u ocho meses más. La segunda guerra mundial comenzó tan sólo cinco meses después de terminada la contienda de España. Claro que se puede pensar, como digo anteriormente, que de no haber terminado la guerra de España, Hitler no se hubiera lanzado a un conflicto armado global y hubiese esperado un poco. Es posible que sí, pero tampoco está descontado lo contrario.


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