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ASÍ DESTRUYÓ CARRILLO EL PCE: (71-80)

Publicado el 12 de diciembre de 2021, 1:25

Por su parte, el Secretariado de la IC decidió el regreso de Togliatti a Francia, donde fue detenido unos meses más tarde, pero logró salir de la cárcel y regresar a Moscú gracias a la ayuda del Gobierno soviético.

Durante esas discusiones en Moscú hubo para mí muchas cosas incomprensibles, que sólo con el correr de los años y al ir conociendo hechos, opiniones y personas se fueron aclarando. Lo cual no quiere decir que no queden puntos oscuros para mí. Una de las cuestiones incomprensibles para mí —en el momento de producirse— fue la liquidación brutal de las discusiones entre nosotros y de nosotros con el Secretariado de la IC. Esa forma de poner fin a una discusión donde se habían tratado problemas muy serios sin llegar a ninguna conclusión ni acuerdo sobre los temas examinados, me parecía un escamoteo puro y simple. Sólo más tarde había de ir conociendo toda una serie de hechos relacionados con nuestra guerra que habían sucedido durante ésta o que seguían sucediendo. Entre ellos uno, y no pequeño, es lo que estaba sucediendo con muchos de los mandos militares y políticos soviéticos que habían participado directa o indirectamente en la guerra de España.

Los dirigentes soviéticos no tenían interés en que la profundización en el examen de los acontecimientos en España y de las actividades de los consejeros, delegados de la IC, miembros de las Brigadas Internacionales, etc., nos llevara demasiado lejos.

Otro problema muy serio era la propia situación del PCE, debido a la actitud y conducta de parte de sus miembros de dirección que, aprovechándose de las dificultades que nos creaba la derrota y la división geográfica del Partido y de sus órganos dirigentes, actuaban según les parecía a ellos. La derrota en la que tales dirigentes tenían una seria responsabilidad les venía bien para sacudirse la disciplina del Partido. ¡Caro pagaríamos ese escamoteo!

Las discusiones fueron para mí el descubrimiento de un mundo nuevo. En el período anterior a la guerra yo había dirigido la rama político-militar del Partido y en marzo de 1937 fui elegido miembro del CC, mas toda mi actividad se desarrolló en los frentes de batalla. Asistí a dos plenos del CC, pero mis deberes en el frente no me permitían ausentarme muchas horas ni tener una relación muy frecuente con el Buró Político. Por eso, lo que yo iba conociendo del funcionamiento de éste y de sus diferentes miembros era por conversaciones con camaradas y no por una participación directa en la dirección.

En las discusiones de Moscú, ante mí se iba abriendo un panorama que me llevaba de sorpresa en sorpresa. Cobardías y corrupciones aparecían en la vida y conducta de algunos de los presentes y de otros que no estaban pero que eran miembros de la dirección.

Estoy plenamente convencido de que si en 1939 se hubiese hecho un verdadero análisis de la derrota que acabábamos de sufrir, sus causas y las responsabilidades que nos incumbían individual y colectivamente, muchos errores posteriores hubiesen podido ser evitados. Y, sobre todo, Carrillo no hubiese podido someter a su total dominio a esos dirigentes. Ésa es una de las explicaciones, no la única, de cómo Carrillo pudo llegar a ser el amo del PCE y llevarlo a su destrucción.

No estarán de más unas palabras en relación con la cuestión de las academias militares.

A mediados de junio, Manuilski nos comunicó que se nos ofrecían entre veinticinco y treinta plazas en la Academia Militar Frunze y seis en la de Estado Mayor. Se nombró una comisiónformada por Checa, Castro y yo para preparar la lista de candidatos, que al final quedó compuesta de la siguiente forma: Modesto, jefe de ejército; Tagüeña y yo, jefes de cuerpo; Merino, Rodríguez, Beltrán, Soliva, Marín, Ortiz, Feijoo, Usatorre, jefes de división; Artemio, Garijo, Aguado, García Victorero, Álvarez, Justino, Casado, Muñoz, Carrasco, Sánchez, jefes de brigada; Boixó y Carrión, jefes de batallón; de Artillería, Sánchez Thomas; de Ingenieros, Bobadilla; de Aviación, Vela; de Marina, Menchaca. A esta lista de veintisiete fue agregado luego, por indicación de los soviéticos, el Campesino, que a los pocos meses de comenzado el curso fue dado de baja.

Para la Academia de Estado Mayor fueron destinados: A. Cordón, J. M. Galán, Ciutat, Prados, Márquez y Sierra.

En septiembre de 1939 comenzamos los estudios en las dos academias. El curso era de tres años, pero al producirse la agresión hitleriana contra la URSS el 22 de junio de 1941, la Frunze pasó a ser una academia de seis meses para oficiales hasta el grado de capitán. Los alumnos y la mayor parte de los profesores marcharon al frente, y nosotros, de alumnos pasamos a profesores. Posteriormente, nuestro colectivo se fue disgregando. Una parte se fue a formar parte del movimiento guerrillero en la retaguardia enemiga; Modesto, Cordón y yo fuimos ascendidos a generales y enviados al Ejército polaco, organizado en la Unión Soviética. En él, Cordón pasó a formar parte del Estado Mayor; Modesto al mando de la primera división, y yo de la segunda. El resto continuaron de profesores.

Por nuestra participación en la preparación y mando del nuevo Ejército polaco, Modesto y yo habíamos de recibir en 1946, de manos del presidente Bierut, la más alta condecoración polaca, la Cruz de Grünwald.

¿Qué es hoy de todos esos militares? Boixó y Feijoo murieron durante la guerra contra los hitlerianos. Aguado y Modesto murieron en Praga. Soliva, García Victorero, Muñoz y Vela murieron en España. Bobadilla, Usatorre, Carrasco y Álvarez murieron en la Unión Soviética. Casado murió en Cuba. Tagüeña y Beltrán murieron en México. Cordón murió en Italia. El resto andamos por el mundo.


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