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POR LA RELIGIÓN Y LA PATRIA (171-180)

Publicado el 12 de diciembre de 2021, 12:57

La nueva situación se vería pronto con motivo del entierro del brigada Romero Gómez. La familia deseaba que se siguiese el rito católico pero el cura se negó por haberse casado el finado solo por lo civil. Sin embargo, algo debió contrariar los deseos del cura, cuando en mayo de 1937, con motivo de la bendición del cementerio y la capilla, dijo públicamente:

Ya estáis todos contentos, este día es para ustedes de satisfacción y alegría, para mí de tristeza y amargura, pues hemos dicho misa en un cementerio donde se han cometido dos profanaciones, que han sido de enterrar al que estaba casado por lo civil. Yo le he dicho a los hombres que hay que estar casado como lo manda la Iglesia, pues de aquí en adelante el que esté casado por lo civil no podrá enterrarse en este Cementerio, y el que se suicide no llevará entierro católico (exceptuando el suicida casual o caso de demencia), pues cuando ocurra alguna desgracia y vengan los familiares para que el entierro sea católico, será para mí muy lamentable el no poderlo atender [67].

No sabemos lo que haría el cura con los veintiún suicidios habidos en la
localidad entre 1937 y 1949. Hay otra curiosa historia de cementerio, en este caso el de Mérida. En mayo de 1941 una mujer realizó una curiosa solicitud relativa a su hermana, «sancionada por las tropas Nacionales al liberar esta ciudad el 11 de agosto de 1936». Según la mujer, Nieves Mira Agudo,

… su actuación política equivocada no puede excluirla del seno de la religión católica en la que se educó, vivió y murió, como lo prueba el que muchas horas antes de la llegada de nuestro Glorioso Ejército se encomendara a la Santísima Virgen y a Jesús, según testimonio de la superiora del Convento de las Concepcionistas que se alojaba en su casa…

Como sabía que los restos de su hermana Gloria, asesinada el 31 de agosto de 1936, se encontraban fuera del cementerio, detrás del muro trasero, junto con otros muchos cadáveres, se permitió solicitar

… autorizada por un deber de conciencia como católica para pedir a la justicia de los pueblos ya en calma que se concedan a los restos de dicha hermana y a la de los demás que allí reposan, tierra bendita y a este objeto, teniendo en cuenta que hace tiempo que se deja sentir la necesidad de ampliar el cementerio se atreve a suplicar al Ayuntamiento que la ampliación se haga precisamente por donde están dichos enterramientos, que de este modo quedarán dentro de lugar sagrado.

La gestora, presidida por el alcalde Miguel Sáez Díez, dijo recoger «con gran importancia la petición de que se trata por los móviles elevadísimos que la inspiran», pero lo cierto es que la mencionada ampliación del cementerio no se hizo hasta muchos años después [68].

Un curioso testimonio es el de Tomás Gento Álvarez. En el 36, enterado de que buscaban a un cura que se había ocultado por la playa de El Portil (Huelva), Tomás se sumó a la búsqueda con idea de protegerlo. De hecho, una vez localizado, no se separó de él en el camino a Punta Umbría. Además, como el cura iba de paisano y descalzo, le dejó sus alpargatas y su boina, y cuando llegaron al pueblo le buscó agua y algo de comer. El cura, don Baltasar, le dio las gracias una y otra vez. Pasados un tiempo, en 1939, Tomás fue detenido y, por si podía serle favorable, pidió a su familia que buscasen al cura para que confirmara aquella historia ante los militares. Lo localizaron y le contaron lo que ocurría, ante lo cual don Baltasar dijo que «él no podía meterse en asuntos de política por tenérselo prohibido las autoridades religiosas». Tomás Gento fue condenado a tres años, que pasó en varios campos de concentración [69] .

Alguien podría decir que falta una alusión al sacerdote Mariano Caballero Rubio, una de las seis personas asesinadas en Huelva entre los días 18 y 29 de julio. Desde luego fue el único sacerdote muerto en la provincia, lo que, teniendo en cuenta que un número considerable de colegas suyos fueron detenidos tras tenerse noticia del golpe militar, permite afirmar que se trató de una excepción, en lo que quizás pudo influir su condición de capellán de los requetés onubenses que, siguiendo la orientación de Manuel Fal Conde, natural de Higuera de la Sierra (Huelva), venían haciendo prácticas militares en fincas privadas desde la primavera del 36. Posteriormente se investigaron los hechos y los considerados responsables fueron eliminados.

De Badajoz también conocemos bastantes casos por los diferentes trabajos que se han ido publicando en estos años, desde las primeras referencias al sanguinario cura Isidro Lomba Méndez, delator y asesino en Badajoz [70] , hasta la descripción que el juez de paz de Salvaleón, Francisco Marín Torrado, nos dejó del párroco de su pueblo, Eusebio Vázquez Macías «El Tío Chinote», otro más en la larga saga de los curas del fascismo. En la columna que ocupó el pueblo venía también otro cura, el de Barcarrota, José Martín Domínguez «El Asesino». Ambos curas orientan e incluso toman parte junto con la derecha local en las detenciones, saqueos y crímenes iniciales, que presencian impasibles. El de Barcarrota, pistola en mano, participa personalmente en el saqueo de algunas casas, como la del ganadero republicano Luis García Román. Como en tantos otros pueblos la primera saca se realiza coincidiendo con las fiestas de la Virgen, que como en otras zonas agrícolas suele ser en agosto o septiembre.

Muy cerca de los anteriores tenemos también el caso del cura de Valle de Santa Ana, Dionisio García Laso, detenido y maltratado tras el 18 de julio. Creyó que había llegado su final cuando fue conducido al cementerio e introducido en un nicho donde había restos de alguien; luego lo taponaron con pasto y le prendieron fuego, tras lo cual lo volvieron a sacar y lo llevaron a la Prisión Provincial de Badajoz, donde se lo encontraron las fuerzas ocupantes el día 14 de agosto. En este caso contamos con las declaraciones que hizo unos días después a la periodista nazi Maria de Smeth, quien conoció al cura en el hotel de Badajoz donde solían alojarse los alemanes. García Laso mostraba a todos las cicatrices de la paliza y las huellas de la perdigonada que le dieron con su propia escopeta. Para Smeth, con lo del nicho no quisieron matarlo pero sí «darle un escarmiento, pues lo dejaron salir de nuevo».

 

[67] «Diario de José Jiménez Rebollo» (trascrito por J. J. Perea Bautista), pp. 46-47.

[68] Agradecemos el documento a  Fernando Delgado.

[69] Moreno, Rafael, Perseguidos, CGT-Junta de Andalucia, Sevilla, 2013, p. 87.

[70] Con motivo de su muerte el diario Hoy de Badajoz publicó una semblanza del cura en la que se leía: «… de carácter entero y enérgico, jamás vaciló en enfrentarse resuelta y valientemente con los enemigos de Dios y de la Patria». (Hoy, 05/12/1964).


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