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POR LA RELIGIÓN Y LA PATRIA (181-190)

Publicado el 13 de diciembre de 2021, 23:59

En un rapto de sinceridad el cura le confesó que no fue un buen párroco, aunque «no peor que muchos otros», ya que nunca se preocupó de las almas de sus fieles. Quizás por esto considerase lo ocurrido como un castigo que Dios le mandó. Reconoció a la periodista que vivía muy bien, que disponía de tierras propias y que era un apasionado de la caza y del buen vino. Tenía el propósito de vivir en adelante de otra manera, pero, según quien lo conoció entonces, no parece que le durara mucho. En realidad su ocupación preferida durante un tiempo fue vengarse del daño recibido en todo rojo que se pusiera a su alcance [71] .

 

García Laso muestra el nicho
donde lo metieron.

 

Un trabajo reciente de Ángel Olmedo nos ha contado otro caso que tuvo lugar en Llerena. Una de las peores matanzas, la que tuvo lugar en el arroyo Romanzal, incluyó a varias mujeres, entre ellas Josefa Fernández Catena. Cuando el cura Celestino Rebollo pasó por el grupo para darles la extremaunción antes de que actuara el pelotón, les ofreció el crucifijo para que lo besaran. Entonces Josefa, conocida militante de izquierdas que se encontraba entonces embarazada, gritó: «No vais a matar a uno, vais a matar a dos», y cuando el cura estuvo a su altura le golpeó en sus partes. Entonces el cura arremetió contra ella crucifijo en mano y no paró hasta destrozarle la boca y los dientes. La historia de «La Galla», este era su apodo, circuló por el pueblo en los días siguientes y aún se conserva en la memoria de la gente [72] .

 

Tomás Carretero Romo

 

Un caso bien documentado del daño que con sus informes pudieron hacer los párrocos es el de Tomás Carretero Romo, natural de Salvaleón y cura de Villafranca de los Barros, ambos pueblos de Badajoz. Carretero se libró de la cárcel porque el alcalde socialista Jesús Yuste Marzo, temiendo no poder controlar las reacciones desatadas por el golpe militar, le aconsejó que buscara cobijo en otro pueblo. Asusta la frialdad de sus informes. El más terrible de ellos fue sin duda el que envió sobre la maestra Catalina Rivera Recio, de 35 años y miembro de la Federación de Trabajadores de la Enseñanza, brutalmente asesinada con parafernalia fascista en agosto de 1936. El párroco se limitó a decir: «Ha sido fusilada por marxista». Otros informes eran de esta guisa: «Nada puedo informar sobre la conducta de… pero es de rumor público que …», o de esta: «… observó siempre mala conducta en todos los órdenes. Fue comunista de los más destacados y un propagandista de los más activos y peligrosos». Este era el tono de los escritos del párroco, quien incluso cuando informaba positivamente sobre algunas personas lo hacía en un lenguaje despegado y viscoso, como diciendo: «por mí pueden hacer con él lo que quieran…». Sirva de ejemplo lo que escribió sobre el alcalde que lo protegió:

… alcalde de esta ciudad durante el tiempo de la actuación roja, no hizo mal a nadie ni en ningún sentido, fuera del mal general que todos los del mismo partido causaron a la Patria con sus funestas teorías; ¡Ah! ¿y el mal que hicisteis vosotros a la Patria con vuestras funestas teorías, qué hacemos con el? más bien contubo (sic) e impidió los intentos criminales de la casa del pueblo, y prueba de ello es que cuando dicho individuo huyó del pueblo dieron fuego a los presos que estaban en la Iglesia, no pudiendo hacerlo antes por impedirlo el mencionado Jesús Yuste.

En este caso el cura silenciaba un hecho conocido por todos y ocultado por la derecha local: si los más de cien presos, especialmente los 56 de la sacristía, no sufrieron daño alguno entre el 18 de julio y el 7 de agosto se debió a tres socialistas: el alcalde Yuste; José Molano, presidente de la UGT, y el teniente de alcalde Manuel Borrego, presidente de la Casa del Pueblo [73]. Carretero Romo, cuyos apellidos dan nombre en Villafranca a una calle y a un grupo de viviendas en cuya construcción intervino una fundación con su nombre, era sin duda un cura peculiar. Pese a proceder de familia trabajadora, ya siendo sacerdote adquirió dos valiosas fincas: Los Escobales en Salvaleón, y el llamado Huerto del Cura en Villafranca. Según parece, por mediación de unos frailes, esta última, aparte de para financiar la fundación, le sirvió para hacerse de una canonjía en 1958, constando desde entonces como uno de los «prebendados del pontificado de Mons. Alcaraz y Alenda» [74] .

Para Córdoba contamos fundamentalmente con los trabajos de Francisco Moreno Gómez y Arcángel Bedmar. De sus investigaciones salen historias como los asesores religiosos de «Don Bruno» (teniente coronel Bruno Ibáñez Gálvez), responsable de la etapa represiva más dura: Ildefonso Hidalgo, coadjutor de San Andrés y capellán de la Guardia Civil; Carlos Romero, párroco de San Francisco, y el fraile capuchino Jacinto de Chucena, que, como luego se verá, siguió la senda de Queipo desde Radio Córdoba. El primero asistía a los que iban a ser asesinados con el crucifijo en una mano y una fusta en la otra. A los que se resistían a besar el crucifijo o decían alguna inconveniencia los golpeaba con la fusta. Romero, por su parte, delató a  una serie de personas de su barrio que fueron asesinadas. ¡Así se las gastaban los curas!

 

[71] Eva Fernández tuvo la amabilidad de traducir la parte relativa al cura del libro de Maria de Smeth, Roten Kaviar-Haupmann Maria; Odysee einer Frauim 20. Jahrhundert, Wels, 1965. Por su parte Rosa María Cordero Zahíno recogió el testimonio de su tío José Guerrero sobre la represión en Valle de Santa Ana. Ambos contactos tuvieron lugar en junio de 2008. Sobre Maria de Smeth y Dionisio García Laso hay dos informes en el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca, Documentación Político-social, leg. 24.

[72] Olmedo Alonso, Ángel, Llerena, 1936, Diputación de Badajoz, 2010, pp. 149-150.

[73] Véase Espinosa Maestre, F., Masacre. La represión franquista en Villafranca de los Barros (1936-1945), Aconcagua, Sevilla, 2011.

[74] Esta información procede de Alfonso García Romo, exalcalde de Salvaleón (04/09/2011).


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