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DIECISIETE CONTRADICCIONES Y EL FIN DEL CAPITALISMO: CONTRADICCIÓN 2 EL VALOR SOCIAL DEL TRABAJO Y SU REPRESENTACIÓN MEDIANTE EL DINERO

Publicado el 13 de diciembre de 2021, 0:46

EL VALOR DE cambio requiere una medida de «cuánto» valen unas mercancías en relación con otras. Esa medida se llama dinero. ¿Qué es pues ese «dinero» que utilizamos diariamente una y otra vez sin pararnos a pensarlo? Nos preocupamos cuando no tenemos suficiente, imaginamos formas (a veces dolosas o ilegales) para conseguir más, aunque a menudo nos encontremos con dificultades para organizar nuestras vidas según los parámetros definidos por la cantidad de dinero que poseemos. A veces parece como si el dinero fuera el dios supremo del mundo de las mercancías y todos debiéramos inclinarnos ante él, someternos a sus dictados y adorarlo en el altar de su poder.

Sabemos muy bien cuáles son las funciones técnicas básicas de la forma
capitalista del dinero. Es un medio de circulación (que facilita los intercam-bios resolviendo el problema de la «no coincidencia de intereses» que limita el trueque directo); ofrece una única vara de medir los valores económicos de todas las mercancías en el mercado, y también una forma de almacenar el valor. ¿Pero qué representa el dinero y cómo se multiplica en sus significados y funciones sociales y políticas para que parezca como si fuera el afán de dinero el que mantiene en movimiento el mundo social y económico?

El dinero es, en primera instancia, un medio con el que puedo reclamar una parte del trabajo social de otros; esto es, un título sobre ese trabajo invertido en la producción de bienes y servicios para otros colocados en el mercado (eso es lo que diferencia una «mercancía» de un «producto» como los tomates que cultivo en mi huerto para mi propio consumo). Es un título de un derecho que no tiene por qué ejercerse inmediatamente (porque el dinero almacena valor), pero que tiene que ejercerse en algún momento, porque de lo contrario no cumple su destino y función.

En una sociedad compleja, como la que el capital ha construido, dependemos en gran medida del trabajo de otros para obtener los distintos valores de uso que necesitamos para vivir, y cuya disponibilidad damos por segura. Accionamos un interruptor y se enciende la luz, el horno calienta cuando apretamos un botón, se pueden abrir y cerrar las ventanas, disponemos de zapatos y camisas para calzarnos y vestirnos, podemos siempre preparar el café o el té de la mañana y ahí están siempre disponibles el pan y los autobuses, los automóviles, los lápices, los cuadernos de notas, los libros, al igual que hay dentistas, médicos, quiroprácticos, peluqueros, maestros, investigadores, abogados y burócratas que producen conocimiento y normas, cuyos servicios están a nuestra disposición ¡simplemente pagando su precio! Pero esas cosas y servicios absorben trabajo humano, directa o indirectamente, como el trabajo acumulado en el acero del clavo con el que se construye una casa. La mayoría de nosotros proporcionamos de una forma u otra, directa o indirectamente, bienes y servicios a otros.

Lo que el dinero representa es el valor social de toda esa actividad, de todo ese trabajo. El «valor» es una relación social establecida entre las actividades de millones de personas de todo el mundo. Como relación social, es inmaterial e invisible (como la relación entre yo mismo, el autor de este libro, y quien lo lee). Pero al igual que los valores morales y éticos en general, ese valor inmaterial tiene consecuencias objetivas para las prácticas sociales. En el caso del trabajo social, el «valor» explica por qué los zapatos cuestan más que las camisas, las casas cuestan más que los automóviles y el vino cuesta más que el agua. Esas diferencias de valor entre distintas mercancías no tienen nada que ver con su carácter como valores de uso (aparte del simple hecho de que todas deben ser útiles para alguien en algún lugar) y con lo que sí tienen que ver es con el trabajo social involucrado en su producción.

Al ser inmaterial e invisible, el valor requiere alguna representación material, y ésta es el dinero. El dinero es una forma tangible de apariencia así como símbolo y representación de la inmaterialidad del valor social. Pero al igual que todas las formas de representación (pensemos en los mapas), existe una disparidad entre la representación y la realidad social que trata de representar. La representación hace un buen trabajo al captar el valor relativo del trabajo social en algunos aspectos, pero olvida e incluso falsifica otros (del mismo modo que los mapas son representaciones precisas de algunas características del mundo que nos rodea, pero dejan de lado otras). Esa disparidad entre el dinero y el valor que representa constituye la segunda contradicción fundamental del capital.

El dinero, podemos decir de entrada, es inseparable pero también distinto del trabajo social que constituye el valor. El dinero oculta la inmaterialidad del trabajo social (valor) bajo su forma material. Es muy fácil tomar equivocadamente la representación por la realidad que trata de representar, y en la medida en que la representación falsifica (como siempre lo hace hasta cierto punto), acabamos creyendo en algo que es falso y actuando sobre ello. Del mismo modo que no podemos ver el trabajo social coagulado en una mercancía, nos vemos particularmente cegados respecto a la naturaleza del trabajo social por el dinero que la representa.


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