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5 «Gladio», la espada del Imperio

Publicado el 24 de diciembre de 2021, 1:17

«En febrero de 1969 me incorporé a la Scuola d'Infanteria de Cesano, cerca de Roma, para realizar su famoso curso de «ardimento». La palabra ardito significa atrevido, y en aquel contexto definía al militar dispuesto a todo. Me convertí en el primer militar español admitido en tan selecto club y en el único alumno que no pertenecía a la OTAN. La CIA me consideraba miembro durmiente de la red stay behind (permanecer detrás), una estructura armada y secreta de la Alianza destinada a organizar actos partisanos y a la captación de nuevos adeptos en el caso de que Europa Occidental fuera ocupada por el Pacto de Varsovia. Desde entonces, lucí en mi guerrera el distintivo de aquel curso y, ahora que lo pienso, es una espada de gladiador: un gladio.» Así relata el coronel Juan Alberto Perote 1 su paso por Italia para participar en un programa especial de adiestramiento castrense que formaba parte de las actividades desarrolladas por una compleja estructura política, policial y militar con infinidad de ramificaciones, dirigida desde Langley.

La CIA crea la red «Gladio» hace cincuenta años, para impedir que, en los países de la Europa Occidental, la izquierda pueda llegar al poder. Esta organización clandestina, íntimamente conectada con la OTAN, tiene en España, a través del SECED, y más tarde del CESID, una significativa actividad. De forma especial durante los años de la Transición. La ultraderecha italiana, controlada por la CIA y los servicios secretos del país trasalpino, actúa intensamente durante los años setenta y ochenta en nuestro país.

Los crímenes del Batallón Vasco Español y después de los GAL, la matanza de Atocha y el golpe de Estado del 23-F, entre otros acontecimientos, tienen algún tipo de relación con «Gladio». El descubrimiento de esta red desvela la identidad de varios de los oscuros instigadores de los llamados «años del plomo» en Italia y de muchos asesinatos, masacres, cuartelazos y golpes de Estado en la Europa de la Guerra Fría.

El 10 de octubre de 1991, el Tribunal Civil y Penal de Venecia hace pública la sentencia del procedimiento penal 1/89 contra los jefes de los servicios secretos italianos Fulvio Martini y Paolo Incerilli. En la sentencia del magistrado Felice Casson se señala: «La organización Gladio tuvo su origen en 1956 en un acuerdo entre el servicio secreto militar italiano (SIFAR) y el estadounidense (CIA)». Efectivamente, a partir de ese momento los servicios de inteligencia de ambos países se coordinan para emprender operaciones subversivas contra la estabilidad democrática, a fin de que el proyecto comunista italiano jamás llegue a ganar unas elecciones generales. Con ese fin, crean una banda armada respaldada clandestinamente por algunas instancias estatales, al margen de cualquier control de los poderes judicial y legislativo, desencadenan la «guerra sucia» y fomentan la tensión terrorista, para condicionar el curso político del país.

Pero todo viene desde mucho más atrás: «El adiestramiento en pro de la osadía fue incorporado a los planes formativos del Ejército italiano en tiempos de Benito Mussolini, por lo que su connotación fascista generaba el malestar y la protesta del principal partido de la oposición, el PCI (Partido Comunista Italiano)», continúa Perote relatando su experiencia en Cesano.

 

Fueron ochenta días duros en los que vi morir a dos compañeros por caída libre desde unas torretas que formaban parte de la «palestra», un circuito de ejercicios de riesgo que rayaba en lo irracional. La palestra hizo que varios colegas italianos optaran por retirarse. A estas alturas de mi vida, creo que aquello, más que un plan de entrenamiento y aprendizaje, era un método de selección y catalogación. A mi juicio, el Ejército italiano buscaba entre su gente a aquellos capaces de asumir la obediencia ciega. Nuestra preparación para infiltrarnos en la retaguardia comunista era definida como «Ejercicios de patrulla de largo alcance». Ése y sólo ése era el stay behind para el que me instruyeron. Puedo decir, sin embargo, que muchos de mis colegas italianos acabaron siendo operativos en el noroeste de su país, un territorio que ellos consideraban «zona roja». Desde la posguerra, el Estado Mayor italiano venía operando allí a través de Osoppo, una división partisana desaparecida o modificada cuando, en 1956, se creó la red Gladio. 2

 

Las investigaciones del juez italiano Felice Casson sobre el atentado de Peteano de Sagredo, cometido en el norte de Italia el 31 de mayo de 1972, en el que mueren tres carabineros, conducen al descubrimiento de un «ejército duplicado» y clandestino, una especie de OTAN paralela, creado a mediados de los cincuenta, con una estructura controlada por los servicios de inteligencia norteamericanos. «Gladio», el nombre con el que se conoce la rama italiana de esta red secreta, se acaba empleando para denominar a toda la organización. Pero en Bélgica, originariamente, adopta el nombre de «Red Retaguardia», y en Grecia, el de «Vellón», o «Piel de oveja».

Durante la dictadura franquista, en España la red «Gladio» está coordinada desde el SECED. El 7 de noviembre de 1988, el escurridizo y turbio político italiano Giulio Andreotti admite ante el pleno del Legislativo italiano que «Gladio» siempre tuvo el apoyo financiero y político de los gobiernos norteamericano, italiano, español, británico y francés. 3 La conmoción provocada por el descubrimiento de la red aumenta tras las declaraciones del entonces ministro de Defensa belga, Guy Coeme. Para él, «Gladio es una organización secreta, enraizada en los servicios de información militares, que ha actuado coordinadamente en toda Europa».

En Italia, el magistrado veneciano Felice Casson es quien empieza a desvelar parte de la cadena de sucesos sangrientos del período de la «estrategia de la tensión». Como golpes de Estado fallidos, logias masónicas secretas dedicadas al tráfico de armas y a las «presiones al Estado», y muchas muertes aún sin explicar. Las declaraciones de André Moyen, funcionario de los servicios secretos belgas, a los medios de comunicación vienen a confirmar la participación del espionaje español en la red «Gladio» a partir de la década de los sesenta. «Los servicios españoles han jugado un papel de faro en el reclutamiento de agentes y en el suministro de información y material para la acción de los servicios paralelos», afirma. 4 «Según mis informaciones, en el interior de «Gladio» existieron disidencias. Hubo una fracción que superó a «Gladio» en importancia y actividad. Se trata de la red CATENA (cadena en italiano), que multiplicó en Europa las acciones anticomunistas de todo tipo.» En 1980, la red CATENA presta apoyo a varios ultraderechistas implicados en tres asesinatos cometidos en Madrid, para que abandonen España antes de ser detenidos. 5

En un informe titulado «La CIA conspira en España», de enero de 1984, del que se publican algunos extractos en la prensa española 6 , se da a conocer la información descubierta en Atenas por un colectivo del PASOK (Movimiento Socialista Panhelénico) griego sobre los «Planes opcionales para España» y sobre la Operación Transición. En él se señala que una de las primeras sorpresas del equipo de expertos que elabora el documento fue «descubrir que la actuación de la CIA se canaliza por dos vías, una institucional, a partir de las gestiones directas de la embajada norteamericana en Atenas, y otra paralela, ilegal, clandestina. La primera está orientada hacia la Administración, el Ejército, los Servicios de Información, la prensa y los grupos financieros. Y, antes del golpe de los coroneles de 1967, hacia los partidos políticos y los sindicatos». En el informe se señala que la mayoría de las actuaciones de los servicios de información norteamericanos en los países del Mediterráneo están coordinadas desde la estación de la CIA en Italia y una de sus principales bases es la embajada estadounidense de Madrid.

Según el ex coronel italiano Alberto Bolo, durante los años setenta, la red «Gladio» dispone de un campo de entrenamiento militar en Maspalomas, localidad situada a 70 kilómetros de Las Palmas de Gran Canaria. Bolo, que forma parte de la red controlada por la CIA hasta 1976, declara al programa de TVE Informe Semanal, en noviembre de 1990, que cuando él se dirigía a Maspalomas, hacía escala en Barcelona, donde le recogían militares españoles en un vehículo del Ejército. También afirma que asistían a los cursos de instrucción de la base situada en Canarias alrededor de quinientos individuos, algunos españoles y casi todos los demás europeos. 7 En el programa televisivo explica, además, que los «gladios» no estaban seleccionados por su capacidad física o sus conocimientos militares. Eran personas que sabían varios idiomas y su labor debía ser más informativa que operativa. A raíz de estas declaraciones de Bolo, el secretario general de la OTAN, Manfred Woerner, declara en Budapest que «Gladio» es un «secreto oficial». Al mismo tiempo, el Gobierno de Bélgica ordena disolver la red y estudiar sus implicaciones en atentados de la extrema derecha cometidos durante la década de los ochenta.

 

1 Juan Alberto Perote, Confesiones de Perote. Revelaciones de un espía, RBA, Barcelona, 1999.

2 Ibid.

3 Motivos de Actualidad, abril de 1996, «En el CESID está la sección española de la red «Gladio»».

4 El Mundo, 14 de noviembre de 1990.

5 José Antonio Llobregat Ferré es el autor del apuñalamiento mortal del joven Jorge Caballero Sánchez, el día 28 de marzo de 1980, en la puerta del cine Azul. Daniel Fernández Landa asesina de dos machetazos, el día 1 de mayo, a Arturo Pajuelo e interviene, cinco días después, en el asalto al bar San Bao, en el que es asesinado de un disparo Juan Carlos García Pérez, de veinte años. En este crimen participa también Iñigo Guinea Pérez. Estos tres ultraderechistas abandonan España con el respaldo de CATENA y nunca llegan a ser detenidos. (Véase La sombra de Franco en la Transición, de Alfredo Grimaldos, Oberon, Madrid, 2004.)

6 «La CIA conspira en España», Interviú, 4 de enero de 1984.
7 El Mundo, 24 de noviembre de 1990.


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