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No nos importa vuestra opinión

Publicado el 3 de febrero de 2022, 22:28

La historia de la Unión Europea es un ejemplo magnífico de lo fácil que ha sido para unos pocos dar órdenes a la mayoría y de cómo se modifican las leyes para ajustarse a la situación. Los burócratas de la Unión Europea primero propusieron en el 2005 una «Constitución» para instaurar la dictadura que tanto habían planeado, pero cometieron el error de dejar que el público opinara sobre ella en los Países Bajos y en Francia. La población de estos dos países rechazó la Constitución en referéndums porque supo ver cuáles eran las consecuencias de la creación de un presidente de Europa, un ministro de Exteriores europeo y la gran erosión de los poderes nacionales para que no pudieran vetar ni borrarse de las leyes y las regulaciones dictadas por los burócratas. Lo que ocurre normalmente cuando no salen bien los referéndums sobre la Unión Europea es que esperan un tiempo, filtran recursos, personas y propaganda al país y luego imponen otra votación. Es lo que ha pasado en numerosas ocasiones. Sin embargo, con los franceses y los holandeses vieron que el sentimiento contra la Constitución era tan poderoso que no iba a funcionar, de modo que cambiaron el nombre del documento, que en lugar de Constitución Europea pasó a llamarse Tratado de Lisboa. Un 98 por 100 del contenido era el mismo, pero dijeron que como ahora era «sólo» un tratado y no una constitución, no le afectaban los votos de los franceses y los holandeses, y dejó de ser válida la promesa del gobierno de Tony Blair en Gran Bretaña de «garantizar» una votación pública sobre la Constitución. Sin embargo, lo fastidió todo Irlanda, la única nación que hizo un referéndum sobre el Tratado, aunque por desgracia sólo temporalmente. Ni siquiera los matones de la Unión Europea pudieron evitarlo, porque en la Constitución irlandesa estaba escrito que debía haber una votación pública sobre una trasferencia de poderes semejante. Pensaron que conseguir el «sí» era pan comido, pero los irlandeses votaron que «no» en junio del 2008 y aumentó el pedido de rollos de papel higiénico en Bruselas. ¡Oh, Dios mío! todos los Gobiernos de la Unión Europea tenían que aceptar el Tratado para que éste se convirtiera en ley, y Brian Cowen, el inútil presidente irlandés, no pudo hacerlo a la luz de la decisión del público. El liderazgo de la Unión Europea dio órdenes a Cowen para que hiciera otra votación y lograra la respuesta correcta en aquella ocasión. Fue una oportunidad magnífica para que los irlandeses dijeran que no de nuevo y recalcaran «el poder del pueblo». ¿Qué hicieron? Votaron a favor del Tratado de Lisboa en el segundo referéndum que se celebró en octubre del 2009. Fue una decisión absolutamente inconcebible, que daba prueba de lo fácil que es para los pocos controlar a la multitud cuando ésta no es consciente. ¿Qué se puede decir de personas que han sido tan insultadas públicamente por la tiranía de la Unión Europea, que ha rechazado su primera decisión, y luego votan de nuevo para aceptar regalar el control de sus vidas y su país a la misma tiranía de la Unión Europea? ¿Y unas pocas personas no pueden controlar el mundo? Los irlandeses que votaron que sí en realidad estaban desmantelando su propio país, entregando a los burócratas de Bruselas el completo control de cualquier asunto que importara y el colmo de las ironías fue que se estaban asegurando de que nunca volverían a tener la oportunidad de votar de nuevo sobre un aumento de poderes de la Unión Europea porque en el Tratado de Lisboa se eliminó ese derecho. Muchas personas creen que es imposible que unos pocos controlen las vidas de la población mundial. Desgraciadamente, debido a que la humanidad que está dominada por la mente, no lo es.

 

Red de «Uniones»

 

El mismo plan está a punto de introducirse en América del Norte y México bajo el título de Unión Norteamericana ( NAU). Ésta va a sustituir al TLCAN, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (su versión de la Comunidad Económica Europea), que unificará Estados Unidos, Canadá y México en un único gobierno, igual que en Europa, y reemplazará los dólares estadounidenses y canadienses y el peso mexicano por una única moneda llamada «amero». Su organización de fachada ha sido la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte, creada en el 2005 por el presidente George W. Bush, el primer ministro canadiense Paul Martin y el presidente mexicano Vicente Fox. Lou Dobbs, un presentador de la CNN, es un periodista poco común que ha expuesto a este grupo y su verdadero plan, y sin duda eso está relacionado con su despido en el 2009. La Judicial Watch, la fundación pública del Gobierno, obtuvo documentos oficiales al amparo de la ley de libertad de información que demostraban que la Unión Norteamericana no sólo estaba acercándose, sino que ya se encontraba entre bastidores. Muchas agencias rechazaron la solicitud de información de la Judicial Watch, que citaba la «seguridad nacional» (la seguridad del complot), pero finalmente ésta recibió miles de documentos. Estos documentos detallan cómo todas las áreas de la vida en Estados Unidos, Canadá y México se están fusionando secretamente, inclusive la policía y el ejército. Los documentos destacan que este establecimiento de la Unión debe hacerse de forma gradual y furtivamente, la clásica técnica de la Sociedad Fabiana tan bien descrita por Jean Monnet en 1952 en su carta sobre la Unión Europea. También describen que emplearán los temores al «cambio climático» para imponer un impuesto por el carbono que se utilizará para financiar la Unión. Esto es lo que está tratando de imponer actualmente el testaferro Barack Obama. La infraestructura de trasporte de la Unión Norteamericana puede verse en la autopista del «TLCAN» (en realidad, Unión Norteamericana) que conecta los principales puertos marítimos de México con los de Estados Unidos y Canadá (figuras 35 y 36). Su construcción es posible porque el gobierno está confiscando extraordinarias áreas de tierra, en las que hay casas y edificios, que posteriormente otorgará a las empresas extranjeras que están construyendo la infraestructura. A estas empresas extranjeras, además, les permiten cobrar una cuota de peaje en aquellas carreteras que se están construyendo y financiando con dinero del contribuyente estadounidense. Actualmente vemos muchas empresas extranjeras que compran tierra, empresas e infraestructura en todos los países, a fin de desmantelar la soberanía y la autodeterminación y avanzar hacia la centralización del control mundial. La larga lista de empresas estadounidenses que recientemente se han trasladado a México en realidad era una preparación para lo que sabían que iba a pasar.

El plan es expandir el superestado de Norteamérica a todo el continente americano. Otro aspecto más sobre esta nueva red de carreteras en Norteamérica es que están controladas por el Pentágono, no por las administraciones públicas que sólo se encargan del papeleo. El Pentágono diseñó la red de autopistas original de América del Norte, y uno de los motivos es para permitir el movimiento de las tropas por Norteamérica a través de las viejas y las nuevas autopistas. Sé que los nuevos ferrocarriles que se están construyendo en Europa del Este (con dinero proporcionado ilegalmente por la Unión Europea) son para el uso de las tropas del Ejército Mundial, y que los individuos oficialmente denominados «directores del ferrocarril» que supervisan la construcción, en realidad trabajan para la OTAN.

La Unión Europea fue posible por la manipulación del área de libre comercio, la Comunidad Económica Europea, y lo mismo está ocurriendo en Norteamérica con el área de libre comercio del TLCAN, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. La Unión Asia-Pacífico, que incluirá Australia y Nueva Zelanda, está siguiendo el mismo modus operandi mediante la fusión de APEC (Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) y ASEAN (Asociación de Naciones del Sureste Asiático). La Unión Africana tomó la misma ruta cuando surgió de la Comunidad Económica Africana y la Organización para la Unidad Africana. La Unión Africana se dirige a la creación de un gobierno central para toda África, y de un ejército y sistema económico africanos subordinados al sistema mundial. Estos superestados responderían al gobierno mundial, y la actual estructura de países y naciones se dividiría en regiones mucho más pequeñas para atenuar cualquier oposición unificada a esta estructura de poder. Podemos ver otros elementos de esta dictadura mundial que ya están en vigencia, como la Organización Mundial del Comercio (OMC), que puede imponer cuantiosas multas a los países que tratan de proteger sus propias economías del despiadado sistema mundial. La idea es asegurarse de que ningún país tenga la posibilidad de ser autosuficiente, y de que todos dependan de un sistema mundial sobre el cual no tengan voz ni voto. Dependencia = control, y por eso vemos dependencias artificiales en todas partes, especialmente en la manipulada escasez de alimentos cuando podríamos tener una gran abundancia de éstos. La ecuación es simple: abundancia = elección = libertad; escasez = dependencia = control. Venden esta grotesca explotación de la raza humana con el término de «libre comercio», cuando eso es lo último que es. El «comercio libre» de los Illuminati supone explotar a los más pobres del planeta para producir sus productos a un coste mínimo y luego trasportarlos a las regiones ricas del mundo para venderlos al máximo coste posible. La globalización, y la eliminación de las barreras comerciales, significan que estas empresas criminales ahora pueden trasportar sus productos casi a cualquier lugar que deseen sin ninguna multa económica. Si alguien trata de proteger a su propia gente de esta tiranía y ocupación comercial, la OMC entra en escena para detenerlo. La única «libertad» del «libre comercio» es la libertad para explotar y abusar. A raíz de esta actividad criminal, 25.000 personas mueren de hambre cada día en un mundo de abundancia en el que sobra la glotonería. La siguiente etapa en la integración de las economías y los gobiernos de Estados Unidos y de la Unión Europea es firmar un acuerdo trasatlántico de integración económica y establecer el Consejo Económico Trasatlántico con el objetivo de crear un único mercado.


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