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b) El reparto de la propiedad y las desigualdades

Publicado el 9 de febrero de 2022, 21:23

Como señala Edward Malefakis en su clásica y conocida obra, las desigualdades existían en todo el Estado, y Castilla, sin llegar a los niveles de Andalucía, La Mancha o Extremadura era un ejemplo evidente de tal afirmación:

Estos datos muestran el peso importante de los terratenientes o grandes propietarios en Castilla y León y el reparto en lotes minúsculos de ese 19,8% que poseen el 89,9% de propietarios. Es decir, existía la presencia abundante de pequeños y muy pequeños propietarios. Si vemos los datos de los porcentajes de fincas la conclusión es la misma:

Se aprecia nuevamente un elevado número de fincas pequeñas, pero que tienen 2/3 de la superficie y un 77,1% del líquido imponible, mientras que el insignificante porcentaje de fincas grandes comprende el 24,4% de la superficie de la zona Centro donde incluimos Castilla, aunque es verdad que baja el líquido imponible al 10,3%, indicativo de que muchas tierras serían montes improductivos desde el punto de vista agrícola. Si descendemos más en el nivel de análisis, como vamos a hacer a partir de ahora, veremos que las diferencias socioeconómicas eran reales y provocaban un desequilibrio muy fuerte en el reparto de la propiedad y de la renta.

Para el análisis del reparto y distribución de la propiedad agrícola contamos con una fuente de indudable interés, a pesar de los defectos que comentaremos y de los errores de los escribientes al consignar los datos cometieron, que es la documentación de la Delegación de Hacienda referida a la contribución rústica. Este documento contable requiere ciertas precisiones 85 :

1º) El número de contribuyentes no se corresponde con los verdaderos propietarios agrícolas, al no ser en muchos casos personas cuya principal fuente de ingresos fuese la tierra, sino que eran comerciantes, obreros no agrícolas, artesanos, o incluso profesiones liberales (médicos, veterinarios, abogados) que, o bien lo habían heredado por proceder de familia agrícola como en el caso de los obreros y artesanos, hijos de pequeños campesinos, o en el caso de comerciantes y profesionales de familias con propiedades medias y grandes; o bien han invertido parte de sus ahorros en la compra de bienes raíces, hecho muy común entre comerciantes y otros miembros pudientes de la sociedad (abogados, administradores de fincas, comisionistas, etc.).

Estos contribuyentes ajenos al agro no suponían una cantidad numérica muy importante, pero no deja de ser un elemento a tener en cuenta, pues gracias a los arrendamientos de esas fincas, estas tierras estaban en producción y servían para acrecentar las fanegas de cultivo de las que disponían los labradores colonos. Por otro lado, tenían una funcionalidad política de ligazón entre estos campesinos colonos y los arrendatarios, generalmente situados en la derecha del espectro político.

Además, muchos de esos contribuyentes y también pequeños propietarios-colonos pertenecen a otras poblaciones vecinas, como ocurre con Toro, que al tener un término municipal tan extenso, limita con bastantes poblaciones y existen zonas muy alejadas del casco urbano (en algunos puntos más de 20 kilómetros). En otros casos, la situación es totalmente la contraria: la proximidad de las poblaciones favorece que se labren fincas en localidades vecinas. Ambas situaciones generan cierta complejidad a la hora de interpretar la relación entre contribuyentes, habitantes y cultivadores de la tierra.

2º) Los mayores contribuyentes poseen tierras en varios municipios. El caso más conocido sería Victoriana Villachica, pero hay muchos otros. A la vez por una misma familia pueden figurar varias personas, con lo que un patrimonio está dividido entre varios contribuyentes, habiendo sido y, en numerosos casos, continuando siendo, una única unidad económica.

En el caso de las familias más humildes también podía producirse esta situación: cuando fallecía el cabeza de familia se repartía la propiedad entre la viuda e hijos, resultando en este caso propiedades de reducidas dimensiones, pero que alguno de los hijos estaría encargado de la labranza de sus tierras y de las tierras de la viuda, lo que supondría una ayuda fundamental para su subsistencia.

3º) Los grandes contribuyentes poseen tanto fincas muy fértiles de mediana o pequeña extensión, como grandes extensiones improductivas. A su vez poseen fincas de gran extensión de cultivo monocerealístico, que dividen en quiñones y arriendan a los colonos, lo cual supone un alivio económico en algunos pueblos. En otros casos, arriendan en bloque las fincas extensas, pasando a un labrador acomodado que actúa como un gran colono, que evidentemente no tiene nada que ver con los pequeños colonos de dos mulas, y que en ocasiones subarrienda partes de esa gran propiedad a esos pequeños labradores colonos. Esta situación presenta varios casos significativos en el término municipal de Toro y el ya señalado en Castronuevo de los Arcos y que suponen tanto económica como políticamente de una importancia determinante.

De este modo, vemos que la imagen de un interior formado por multitud de pequeños propietarios y de una sociedad relativamente igualitaria, que se ha transmitido tradicionalmente por parte de cierta historiografía, resulta totalmente alejada de la realidad de la época.

Primero, como señala Malefakis, porque el predominio de valores extremos es uniforme en toda España y no sólo privativo del Sur y porque los “minifundistas tienen una importancia relativa mucho menor que los minifundios; en cambio el latifundista tiene una importancia mayor que el latifundio” 86 , entendiendo éste en Castilla como un propietario multifundista como acertadamente sugiere Carmelo Romero 87 , desterrando la idea de latifundio de coto redondo y si de varias propiedades de la misma familia o persona, de distintas capacidades y calidades y en diferentes términos municipales.

Segundo, porque hay un elevado número de personas que viven de la tierra en arrendamiento, cuestión que ya hemos comentado. Son los colonos, categoría agrícola que se mezcla en muchos casos y difumina con el pequeño propietario y el obrero agrícola. Esta figura en Castilla y León no ha sido estudiada en profundidad, cuando curiosamente es un elemento esencial sin el cual no se entiende el agro castellano hasta la emigración de finales de los años 50, pues es el elemento clave para entender la estructura social, las relaciones políticas en los pueblos y la subsistencia económica de los mismos 88 . Si no hubiera existido ese elevado número de arrendamientos se habría podido producir el estallido de un grave problema social en el campo castellano en los años 30.

Tercero, porque el potencial de los labradores medios y grandes aparece subestimado con el recuento de las Hectáreas de las que son propietarios o de las cuotas que abonan, ya que en muchas ocasiones estos labradores de orientación conservadora son arrendatarios de los grandes contribuyentes, que suelen ser absentistas, teniendo por tanto unas producciones elevadas y unas necesidades importantes de mano de obra en determinadas épocas del año.

Cuarto, porque debemos hacer notar la presencia de jornaleros en la mayoría de los pueblos que no poseen tierras o se tienen que dedicar a trabajar para otros la mayor parte del año (recoger cantos, desyerbar, abonar, vendimiar, segar, podar, trillar, etc.). Este grupo se mezcla también con el de los colonos y pequeños propietarios, ya que suelen tener pequeñas propiedades (una fanega, fanega y media) de cereal de secano (que evidentemente hay que dejar en barbecho -sistema de “año y vez”-) o cultivan en arrendamiento alguna finca (las de peor calidad y las más alejadas del núcleo urbano que un labrador mediano no quiere o puede cultivar con sus medios). A su vez, hay colonos que presentan una posición económica aceptable, pero que al tener varios hijos no pueden mantener a todos ni darles ocupación en su propiedad y tierras de colonía, por lo que se ven obligados a realizar trabajos fuera de casa como la siega a jornal para otros labradores de la localidad o incluso acudir a otras localidades en determinadas épocas del año como obreros de labradores acomodados.

Quinto, no es lo mismo jornalero que obrero. Los obreros son las personas contratadas por los labradores durante casi todo el año o al menos durante parte del año para determinados trabajos (generalmente son mozos de mulas). Suelen vivir con el labrador y su familia en su casa y comer con él, marchando a su casa un día a la semana (a buscar la muda). Normalmente es hijo de un labrador más pobre o de un colono, y generalmente se tomaba a personas de confianza. Su posición en la sociedad es superior al jornalero y tiene un mayor reconocimiento social. Su modo de vida dificulta que entre en contacto con compañeros de trabajo y el salario es en gran parte en especie, siguiendo los usos tradicionales de cada localidad.

Estas circunstancias obligan a ser muy cautos al tratar la información contable y a complementar estas informaciones numéricas (cuantitativas) con los testimonios que nos aportan las fuentes orales (cualitativas). Con ello, creemos obtener un buen reflejo del reparto de la propiedad, de la riqueza rústica y del número de contribuyentes.

Tenemos los datos sintetizados en las tablas 3 y 4, tras una elaboración propia a partir de los documentos cobratorios de la contribución sobre la riqueza rústica y pecuaria del año 1941 89 y los datos aparecidos en el BOPZA de 1936 indicando el número de fincas y contribuyentes de cada localidad 90 .

En la tabla 3 tenemos por un lado la comparación entre el número de habitantes y el de contribuyentes, resultando este último muy elevado respecto a la población de cada localidad (en algunos casos es incluso mayor). La relación entre ambas cifras demuestra lo que antes comentábamos: la contribución de un número considerable de propietarios foráneos (herencias, compras, grandes multifundistas) y la existencia de abundantes micropropiedades. Por otro lado, tenemos el número de fincas y su relación con los contribuyentes. La horquilla que nos encontramos va desde las 4,19 de Coreses en la Tierra del Pan hasta las 12,45 fincas por contribuyente de Castronuevo de los Arcos. Aquí los datos son poco concluyentes, con grandes variaciones que no permiten establecer una clara relación entre poblaciones con más número de fincas y más contribuyentes o cualquier otra correlación. Por el contrario el dato del número de hectáreas del término municipal y su relación con el número de contribuyentes sí que nos permite concluir que por encima de 10 Has. por contribuyente se corresponde con localidades con términos municipales grandes y un número relativamente pequeño de contribuyentes y que conocen en sus términos municipales la existencia de importantes dehesas y heredades (Aspariegos, Castronuevo de los Arcos, Villalube, Molacillos), que producen que el número de contribuyentes sea menor de lo esperado y la existencia de un buen número de jornaleros sin tierra y de colonos. Por contra, los números más bajos pertenecen a poblaciones de la Tierra del Vino (Moraleja del Vino con 2,15 Has./contribuyente) por el elevadísimo número de pequeñas viñas y parcelas de cereal típicos de esta zona, a dos localidades como Tagarabuena y Villardondiego (3,24 y 3,5 Has. por contribuyente respectivamente), con su elevada parcelación de tierras de cereal de secano de rendimientos elevados, el caso de Peleagonzalo y Villalazán (3,24 y 4,62 Has./contribuyente respectivamente) debido a la existencia de microparcelas con huertos de regadío que rebajan considerablemente la cifra que se podía esperar inicialmente, y la zona norte de Toro, donde la desigualdad en el reparto de la tierra es menor y la situación de los labradores mejor (Bustillo del Oro, Fuentesecas, Villalonso, Villavendimio, Vezdemarbán). Finalmente el caso de Toro, responde a una situación propia de un gran término municipal de más de 30.000 Has. en el cual a pesar del gran número de montes y dehesas, se produce también el fenómeno de una elevada existencia de microparcelas, tanto huertas de regadío y josas de árboles, como también en muchos casos fincas muy alejadas del núcleo urbano de ínfima calidad agrícola.

Los datos más interesantes y que explican realmente las desigualdades existentes los tenemos reflejados en la tabla 4, que nos muestra el número de contribuyentes en 1941 (y algunas localidades en 1942) y el reparto de cuotas y contribuyentes en números absolutos y porcentajes, agrupadas en cuatro intervalos:

- Pago de cuotas hasta 40 ptas.: se correspondería con los obreros agrícolas que tienen una o dos fanegas, las viudas con un pedazo de tierra, los pequeños artesanos que también tienen alguna propiedad minúscula y los muy pequeños propietarios. Con esta propiedad no se podía vivir y los más pobres debían complementar sus ingresos con otros ingresos procedentes de jornales y de las tierras menos productivas que tenían en arrendamiento. El porcentaje del pago de cuotas lo podemos dividir en tres tramos: los mayores del 30% son pueblos en principio más igualitarios (luego depende del número de contribuyentes, pues uno muy alto implica muchos pobres, teniendo la mayoría más del 60% de los contribuyentes), entre el 10 y el 30% estaríamos en la media de la zona y por debajo del 10% en poblaciones con mucha desigualdad y tierra muy desigualmente repartida. Las localidades con más del 80% de contribuyentes en este intervalo o son los de menor población o conocen una microparcelación de regadío o viñedo.

- Pago de cuotas de 40 a 100 ptas.: es el colectivo de pequeños propietarios-colonos que viven de estas tierras, pero sobre todo de las tierras que labran en arrendamiento en su misma localidad y en las vecinas, propiedad de los labradores acomodados. Suelen ser varias fincas de poca extensión, de secano y de baja calidad. En cuanto al reparto del pago de contribuciones tenemos tres tramos: los mayores del 20% se corresponderían con localidades con un colectivo importante de esos pequeños propietarios, entre 10 y 20% estarían la mayor parte y por debajo del 10% de contribución estarían las localidades más desiguales. Si los porcentajes son importantes tanto en contribuyentes (más del 20%) como en cuotas (más del 20%) implican que estos núcleos de población tienen las mayores probabilidades de igualdad y estabilidad social.

- Pago de cuotas de 100 a 500 ptas.: estamos ante el colectivo de labradores medios y acomodados, que además también explotan en colonía tierras de heredades y dehesas de grandes propietarios. Son el elemento director en la vida económica, social y política de estas poblaciones al habitar en las mismas y formar parte de la red de relaciones sociales que se crean. Las poblaciones con más del 20% de contribuyentes tendrían un sector de labradores poderoso en el ámbito local, entre el 10 y el 20% tendríamos el valor medio y por debajo del 10% un colectivo formado por unas pocas familias. Por su parte, un pago de cuotas superior al 50% sólo se da en dos poblaciones, lo que indica la fortaleza de estos labradores acomodados, entre el 20 y el 50% estarían la mayoría de localidades, tanto pequeñas como las mayores y por debajo del 20% sólo encontramos cuatro poblaciones.

- Pago de cuotas superiores a 500 ptas.: son los grandes propietarios, muchos de ellos absentistas con una riqueza procedente de las herencias familiares y de las compras realizadas gracias a la Desamortización. Entre ellos aparece un grupo destacable formado por la nobleza (Padierna, Duquesa de Uceda, Bustamante, Villachica, Duquesa de Nájera, Duquesa de Valencia, etc.). Los porcentajes de contribuyentes son ínfimos, que podemos clasificar por encima del 3% y por debajo del 3%, siendo poco significativa esta cifra. Las cuotas, en cambio, si son indicativas de una realidad: poblaciones con más del 50% implican gravísimas desigualdades y existencia de importantes propiedades, entre el 20 y el 50% estarían los valores medios y por debajo del 20% los pueblos más pequeños y otros con menores desequilibrios, donde este tipo de propietarios y propiedades es residual.

El análisis necesario para conocer el reparto de la propiedad y, por tanto, de la riqueza en esta comarca, se realiza a través fundamentalmente de estos datos agrupando las localidades en cinco categorías en función de la población y el número de Has. del término municipal. Es la clasificación más sencilla y tangible, y se trata de un método muy similar al que hemos seguido en el estudio de las matrículas industriales. Realizar un análisis mediante porcentajes de cuotas o contribuyentes complicaría en exceso la explicación y supondría que hay casos con porcentajes similares pero que tienen causas y un origen muy diferente. Los cinco grupos resultantes son los siguientes:

1º) Localidades pequeñas en población (menos de 650 habitantes) y términos municipales con menor número de Has. (menos de 2.500). Se trata de localidades como:

- Abezames: Presenta un mayor número de contribuyentes que de habitantes, debido a la existencia de un gran número de propietarios de otras localidades (Bustillo del Oro, 33 Vezdemarbán, Pozoantiguo, Toro). Por encima de 100 ptas. de contribución sólo hay 31 contribuyentes (6,68%), de los cuales cinco están por encima de las 500 ptas. y, de ellos, tres habitaban fuera de Abezames. El número de colonos es importante en este pueblo y además la inmensa mayoría son pequeños campesinos (80,56% de los contribuyentes). No hay grandes diferencias sociales en esta localidad entre la mayoría de la población. Sí se producen entre esa masa de campesinos pequeños propietarios-colonos y unos pocos propietarios (destacando tres o cuatro familias) que concentran la riqueza rústica y la urbana, pero que arriendan gran parte de sus tierras a colonos, lo que de un modo artificial sirve para subsistir a la mayoría, dedicando el resto a labrar directamente a través de criados. “Había varios que vivían sin trabajar, alguno tenía cuatro caballerías, con un par de parejas de mulas vivían sin trabajar y tenían sesenta o setenta hectáreas. Las labraban todas con los criados. […] No había muchas diferencias entre unos y otros” 91 .

- Algodre: El 82,11% de los contribuyentes no llegan a 40 ptas. de contribución y pagan sólo el 22,58% de las cuotas, menos que los mayores de 500 ptas. (1,51%) que tienen el 27,37% de las cuotas. Esta va a ser la norma en las poblaciones de la Tierra del Pan, que presentan graves desigualdades, acarreando un alto número de jornaleros sin tierras o casi sin tierras, pocos pequeños y medios propietarios, pero con un gran peso en la riqueza rústica de la localidad (50,06%).

- Fresno de la Ribera: Con un término municipal reducido, sólo una persona, Victoriana Villachica, concentra más riqueza que los 204 contribuyentes más pobres (con uno de los porcentajes más altos, el 90,70%). Para ser una localidad menor, hay grandes diferencias sociales, no sólo con estos pocos grandes propietarios sino también entre los campesinos, con pocos labradores medios y acomodados y esa ingente masa con muy poca tierra en propiedad. La supervivencia se logra por los arrendamientos de los que disfruta la mayoría de la población. Fresno de la Ribera era un pueblo de colonos por excelencia (Villachica, Montelarreina, Marialva).

Sobre Fresno de la Ribera y el cercano Matilla la Seca señalan las fuentes orales:

“Había muchos colonos, la mayor propietaria era Victoriana Villachica, que tendría más de una tercera parte del término [...] Este pueblo era más pobre que Matilla. Había ganaderos y agricultores que trabajaban por su cuenta. Era un pueblo que vivía con retraso económico, porque labraban poco las fincas, porque no tenían animales para labrarlas y siempre se vivió económicamente peor que en Matilla. En Matilla estaba más repartida la propiedad y había mejor término.

[...] Los vecinos de aquí llevaban el terreno de Marialva, que es término de Toro, unos en propiedad y otros en arriendo. Había aquí, por lo menos que yo sepa propiedad de Matilla, había de Pinilla de Toro, de Pozoantiguo, había muchas propiedades. Porque Marialva tiene buen terreno, pero se inundaba todos los años y el año que más trigo daba se cubría de agua y adiós cosecha” 92 .

 

85 Seguimos en este análisis a Edward Malefakis en la obra ya citada.

86 MALEFAKIS, E.: Op. cit., p. 50.

87 ROMERO SALVADOR, C.: Op. cit., p. 423.

88 Una vez más nuestra región es un desierto historiográfico en un tema tan importante, igual que ocurre con la represión franquista o con las relaciones políticas locales en los años 30. Sobre el tema de los colonos en Tagarabuena está nuestra comunicación en colaboración con Fernando Ruiz González para el II Congreso de Historia de Zamora titulada “Juicios de revisión de arrendamientos en la Tierra de Toro durante la II República: El caso de Tagarabuena”, en Segundo Congreso de Historia de Zamora. Zamora, IEZ “Florián de Ocampo-Diputación de Zamora-UNED Zamora, 2008, Tomo III, pp. 279-295.

89 AHPZA, Sección Hacienda, Administración de Rentas, Documentos cobratorios de la contribución sobre la riqueza rústica y pecuaria, 1941, Leg. 604, 605, 606, 608, 609 y 613. Utilizamos esta fecha, porque en los años anteriores la documentación se encuentra incompleta y fragmentaria, mientras que en 1941 está prácticamente completa. La fecha no es obstáculo para aplicar estos datos al análisis de la etapa republicana, pues la estructura de la propiedad de la tierra no fue modificada y la relación de contribuyentes no había sido purgada desde antes de la Guerra Civil de 1936-1939.

90 BOPZA, 14 de octubre de 1936. Aunque las fechas de los datos son distintas, nos sirven perfectamente para nuestra tarea, pues la estructura de la propiedad no había cambiado nada en estos cinco años y el número de contribuyentes no varía sustancialmente entre ambas fechas.

91 Entrevista con D.G.A.

92 Entrevista con E.V.S.


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