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Libertad / Fuerzas trascendentes / La nueva oposición radical / Socialismo biológico / Imaginación

Publicado el 17 de febrero de 2022, 22:06

Jean-Paul Sartre, en la etapa inicial de sus escritos coincidía con esta concepción desarrollando una noción de la libertad humana según la cual la libertad humana es tan inalienable y se halla tan profundamente enraizada en la esencia íntima del ser humano, que no puede ser anulada por ninguna condición externa. Había llegado tan lejos como para decir que inclusive judíos de los campos nazis de concentración retenían su libertad, porque pudieron haber elegido no ir a las cámaras de gas y resistir en cambio. En otras palabras, tenemos aquí una definición de la libertad humana, según la cual la libertad humana —en un análisis final— es puesta a prueba en una situación donde se tiene la opción de morir empujado hacia el horno de gas, o morir siendo torturado hasta el fin por los guardianes del campo de concentración… quizá la más tremenda definición de libertad humana dada alguna vez. Se trata de una definición conformista, porque también contiene la desesperación de que la condición no puede ser cambiada básicamente. Pero
gracias a Dios esta filosofía se ha vuelto obsoleta, esa definición ha sido superada. Y quisiera establecer —pues me he referido a Sartre— que Sartre mismo la ha superado. Ha repudiado sus primeros escritos y, como ustedes bien saben, hoy se ha convertido en un activista político.

Ahora bien. Quisiera ilustrar el grado obsoleto de esta respuesta ideológica, mencionando nuevos factores y nuevas fuerzas que apuntan más allá de la sociedad unidimensional, y de un modo general me gustaría caracterizar a estas fuerzas trascendentes como tendencias que confluyen hacia un posible acople entre la teoría y la práctica, entre el pensamiento y la acción. Apuntan hacia tal acople y creo que si la educación mantiene su compromiso de mejorar la condición humana tal confluencia se producirá.

 

Fuerzas trascendentes

 

¿Cuáles son estas fuerzas?

En primer término tenemos la evidencia de la vulnerabilidad del súperpoder —poderes— que hoy domina la mayor parte del globo. Hay evidencias de su vulnerabilidad, tanto externa como internamente.

Externamente, esta evidencia es dada por la resistencia del Frente de Liberación Nacional en Viet Nam: una resistencia exitosa y efectiva que ha demostrado, no por primera vez en la historia, pero por primera vez en mucho tiempo, que un pueblo impulsado por una genuina moralidad y condición humana, un pueblo que lucha por la posibilidad de mejorar su vida por medios propios y en su propio país; que tal pueblo puede resistir a la maquinaria destructiva más grande, más rica y más poderosa movilizada alguna vez en la historia.

De esta vulnerabilidad hay una segunda evidencia: a saber, la continuación del intento de edificar una sociedad socialista en Cuba.

Y tercero, los persistentes, aunque en gran parte debilitados, frentes en todo el Tercer Mundo.

A esta evidencia, que podemos llamar externa pese a que afecta directamente la órbita capitalista, agréguese la evidencia interna: o sea, la tirantez y los aprietos económicos evidenciados por la inflación continua, la crisis monetaria internacional, la escalada en la producción del derroche y en la destrucción de la economía e, igualmente importante, el brote y el crecimiento de una nueva oposición radical dentro del mismo superpoder, una nueva oposición radical con nuevas metas, nuevos valores y nuevas reglas. A mi entender, estas dos series de evidencias muestran que en las sociedades establecidas hay alternativas y que estas alternativas no son simplemente algo pensado de modo especulativo sino que son posibilidades históricas reales.

 

La nueva oposición radical

 

Esos rasgos de la nueva oposición radical que son tal vez los más controversiales son, al mismo tiempo, esos rasgos que muchos críticos de la nueva oposición han considerado como los puntos menos importantes y menos políticos.

Esta nueva oposición radical se distingue, en primer lugar, por su composición enteramente heterodoxa. Contra el libro y contra la tradición, se trata de una oposición, no originada entre las clases trabajadoras sino entre la inteligentsia de la clase media y especialmente entre los estudiantes. Y es una oposición que tiene consigo a minorías que no constituyen la base humana del proceso de producción. Por ejemplo, el movimiento del Poder Negro y la oposición compuesta por otras minorías raciales omitidas. He allí el primer rasgo distintivo: la composición heterodoxa de esta oposición.

Y el segundo: sus nuevos cimientos y metas. He aquí, a mi entender, el aspecto quizás más importante y más esencial.

 

Socialismo biológico

 

Pienso que esos nuevos cimientos y esas nuevas metas conducen, entre otras cosas, a una redefinición completa de lo que una sociedad socialista es, puede ser o debiera ser, una definición usualmente telescopiada en el término libertario o socialismo humanista. Esta nueva visión se halla enraizada en sí con una nueva sensibilidad, una nueva sensitividad, que activa eso que he llamado dimensión estética en el ser humano y su universo, activa la dimensión estética como catalizador del cambio social.

Vemos que tiene lugar una trasformación completa de los valores, que emergen nuevas necesidades instintuales, necesidades instintuales que militan sólidamente contra el exceso represivo que prevalece en nuestra sociedad. Y la profundidad de los fundamentos de esta nueva sensibilidad del hombre, y las nuevas necesidades instintuales, me han tentado a hablar de un fundamento biológico para el socialismo que ahora podría hallarse en proceso de surgimiento.

Ahora, en esta profundidad, se vuelve claro el carácter total de la nueva oposición. Ésta es motivada por una nueva racionalidad opuesta a la racionalidad establecida aún enfocada en la escasez y en la necesidad de roles competitivos represivos y agresivos en la sociedad constituida. Sin embargo, la nueva racionalidad no es el único matiz distintivo.

El segundo consiste en el ya mencionado surgimiento de nuevas necesidades instintuales como necesidades vitales, y éste es un punto donde sólo indicaciones relativamente vagas pueden dar bases para un debate; o sea, diría yo, que la trasformación de las necesidades instintuales se anuncia con un énfasis puesto más sobre la receptividad del hombre que en su productividad, una productividad autoimpulsada que ha convertido a la vida en un medio para un fin en vez de que sea un fin en sí misma. Producir, producir y producir —lucrativamente— hasta que se tiene lo suficiente para gozar la vida, si se recauda bastante, y una vez acumulado lo suficiente ya se es demasiado viejo como para poder hacerlo.

Contra esta productividad autoimpulsada, brota el énfasis sobre las cualidades receptivas del organismo humano y sobre la necesidad de detener esta carrera de ratas en la batalla por la existencia; se reclama que ésta cese para contemplar qué puede quizá hacer uno con los recursos y posibilidades disponibles a fin de crear un entorno —tanto social como técnico y natural— en una universidad pacificada que pueda ser disfrutada realmente.

Estas nuevas necesidades instintuales implican un crecimiento —el surgimiento de una sensitividad— que es físicamente incapaz de tolerar la crueldad, la destrucción, la agresión y la perversión. Una nueva sensibilidad enraizada en los propios instintos del hombre, y que hace al organismo —no sólo la mente, no sólo los valores, no sólo el domingo y los feriados, sino cada día de la semana— hace al organismo físicamente incapaz de tolerar un instante más la situación actual.

Hace una semana, Jean-Paul Sartre concedió una entrevista al Nouvel Observateur durante la que se le preguntó cómo explicaba los motivos de la rebelión juvenil en todo el mundo. Dijo que pensaba que la respuesta es muy sencilla, no hay que buscar ninguna razón sofisticada: los jóvenes protestan y rechazan por que se están asfixiando: A mi parecer ésta es la mejor explicación dada hasta la fecha.

 

Imaginación

 

El carácter total y la perspectiva de esta oposición reactivan y al mismo tiempo politizan las facultades humanas que han sido maniatadas en la tradición y en la cultura, que han respondido y correspondido a sociedades establecidas, represivas. Esta oposición testimonia el poder liberador de la sensibilidad humana, hacia una sensualidad, que ha roto o trata de romper con el modo familiar de ver, tocar y sentir cosas. Una sensualidad
que protesta contra la hipócrita moralidad puritana que todavía profesa —pero no practica— el Establecimiento.

En esta liberación de la sensibilidad y la sensitividad del hombre ahora se moviliza, activa y concreta una facultad que tradicionalmente ha sido relegada al reino de la ficción y la fantasía, a saber, el poder de la imaginación. La imaginación no como fantasía y ficción insignificantes y utópicas, sino una imaginación como la que ya se ejerce —aunque en dirección opuesta— en las ciencias, en las matemáticas, como disciplinada proyección de (y jugando con) las posibilidades liberadoras del hombre y la materia. O como el poder de la imaginación como ya existe y es practicado como creatividad en las artes.


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