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La alternativa germana / De Yalta a Malta

Publicado el 2 de abril de 2022, 22:35

La CEE era el principal instrumento económico construido sobre el dividido solar europeo con apoyo norteamericano y por razones estratégicas propias de EEUU. ¿Podía sobrevivir en las estructuras que fueron creadas al servicio de la guerra fría? Nacida seis años después que la OTAN y dos después que el Pacto de Varsovia, el fin que se dio en 1956 era crear un mercado común (CEE) de bienes y servicios en la zona bajo tutela militar de EEUU. Un objetivo adicional es crear la Unión Económica y Monetaria (UEM). El calendario propuesto por Jacques Delors se inició en 1990. Mas el proyecto continuaba anclado en los presupuestos políticos y económicos sentados desde 1945 por EEUU. Sin embargo, quienes echaron el freno a la UEM serían cinco de los ministros de Finanzas reunidos en Roma. Dos de ellos merecían atención -Alemania y el Reino Unido-, los tres restantes seguían su turno -España, Portugal y Grecia. Las objeciones las expresaron en términos económicos Jhon Major y el Banco Federal alemán: "si la Comunidad -dijo el primero-tratara de llegar demasiado pronto a la unión monetaria, sin una previa convergencia económica mayor, serán intolerables las tensiones y sacudidas sobre nuestras economías". Para los alemanes "la transición a una nueva fase monetaria debe hacerse (...) previa garantía de que el resto de la Comunidad ha logrado el mismo nivel de estabilidad que la RAF". Los británicos se tomaban tiempo mientras oteaban en la independencia de los Estados del Este en busca de impulsos adicionales para preservar la propia. Ahora, la "casa común europea propuesta por Gorbachov ofrecía a Londres oportunidades antes no existentes. De otro lado, los alemanes deseaban manos libres durante un tiempo para imantar los capitales del resto de la CEE en pro de la robustez del deutsschmark, con vistas a sustituir en Alemania del Este el capital social por privado. Miterrand pedía a los alemanes el 25 de septiembre de 1990 que "entiendan que Francia mantendrá una política exterior independiente en defensa de sus intereses vitales en todo el Mundo".

El final de la división de Europa sacudió el entramado de la CEE. Jacques Delors, alarmado, señalaba en París el 25 de septiembre de 1990: "si Alemania pudiera emerger como un poder en solitario (...) en ese momento el destino de gran parte de Europa dependería de los políticos germanos". Para evitarlo, J. Delors propuso una concepción de la CEE ajustada en sus fines a los mismos de los norteamericanos en 1945: lograr la "europeización" de Alemania a través de estructuras como la de la CEE, diseñadas para solucionar el "problema alemán". Hoy, pese al objeto de los vencedores de 1945, Alemania se encuentra en tránsito hacia su objetivo: la propia autodeterminación.

La arquitectura creada en Europa como instrumento de intervención durante los 45 años de la guerra fría se ve desbordada, cada día más inadaptada, lo mismo la OTAN y la CEE en el Oeste, como lo fueron para el Este el Pacto de Varsovia y la CAME. Distanciándose cada vez más del inmovilismo de la guerra fría, dos corrientes de fondo se entrecruzan hoy en Europa. Por un lado, la que explora fórmulas institucionales capaces de afirmarla frente a EEUU (y, en otro nivel, Al Japón). Por otro lado, la que impulsa la desintegración de las estructuras estatales que históricamente rivalizaron por la hegemonía sobre el Continente. La primera se reveló en la respuesta de Francia y Alemania ante la suspensión de pagos de EEUU por la decisión de los ministros de Agricultura de la Comunidad Europea de mantener las subvenciones a su agricultura. La segunda exterioriza la crisis de las estructuras estatales históricas. De las centralizadas y de las descentralizadas. Casos como el de España, donde no por haber desmembrado a la nacionalidad castellana, núcleo centrípeto del Estado-Nación, en diez gobiernos autónomos se ha superado la inadaptación de las nacionalidades vasca y catalana en las estructuras estatales.

 

De Yalta a Malta


La reunión en Malta (2-3/12/1989) de los presidentes de la URSS y EEUU, a pesar de ser informal, sin orden del día ni firma de acuerdos, emergió como símbolo de cambio en las relaciones entre ambos. George Bush había declarado el 22 de noviembre anterior: "América desea que los soviéticos se sumen a nosotros para ir hacia una nueva asociaciación (...) ayudar a los pueblos de Europa a alcanzar un nuevo destino en una Europa pacífica, entera y libre". Un histórico encuentro, pues venía precedido por revoluciones incruentas en Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria. Un año antes Gorbachov había anunciado en la ONU que la "sobrevivencia y autopreservación
del género humano (...) la idea de democratizar el orden mundial ha convertido en una poderosa fuerza socio-política, el uso de la fuerza no puede ser más un instrumento de política exterior, la libertad de elección es un principio universal que debe ser permitido sin excepciones". Y estimando que "toda interferencia en los desarrollos internos de los países tendría las más destructivas consecuencias para el establecimiento de un orden pacífico", ofrecía "desmilitarizar las relaciones internacionales en una Comunidad de Estados que esté basada en el Imperio de la Ley". Anunciaba la reducción unilateral de sus tropas en 500.000 hombres, la retirada y desmovilización de seis divisiones de tanques y unidades de asalto de la RDA, Checoslovaquia y Hungría; la reducción de 50.000 hombres y 5.000 tanques de las fuerzas soviéticas estacionadas en estos países, más otros 5.000 tanques en la URSS, 8.500 sistemas de artillería y 800 aviones de combate, dentro de una "estructura que se convertiría en claramente defensiva".

Gorbachov llegaba a Malta con el ejemplo de la desmovilización de 256.000 soldados. Dos semanas después, el 15 de diciembre de 1989, el secretario de la ONU recibía la confirmación de repatriar 625.000 soldados antes del 2.000. Ese mismo día, el Soviet Supremo aprobaba reducir el presupuesto de Defensa en un 8,2%, a pesar de que el previsto era ya notablemente inferior al de EEUU en un 57%...

El mundo asistía a una insólita sucesión de cambio de régimen político, de afirmaciones de independencia, Todos los partidos comunistas de Europa cambiaban su modelo organizativo por otro de reconocimiento de las pluralidades internas... Malta y Yalta admitían cierto paralelismo. En ambas conferencias la URSS aceptó repatriar sus tropas, la no intervención y libre determinación de los pueblos, la celebración de elecciones libres en sus Estados vecinos. Hay que recordar que en 1945 la URSS apoyó elecciones libres en Hungría, Bulgaria, Finlandia y Austria -perdidas por los respectivos partidos comunistas, no hizo uso del derecho a estacionar tropas en Finlandia, retiró el Ejército de Checoslovaquia a fines del 45, cortó sus enlaces ferroviarios militares a través de Polonia, respetó su compromiso de no intervenir en Italia, Francia o en la guerra civil de Grecia.

Pero si la Administración Truman sepultó el espíritu de Yalta, rompió los acuerdos suscritos y viró hacia el control de Europa entera obsesionada por acabar con el sistema económico-político soviético nada más conocer la invención de la bomba atómica al sentir el poder del rayo en sus manos..., la Administración Bush no dejaba de ver el espíritu de Malta como el resultado de cuarenta años de guerra contra la Potencia europea "rebelde". En EEUU hacía mucho tiempo que habían sido desplazados del poder los soportes del New Deal rooseveltiano, la pretensión de poner término a las esferas de influencia, ahora, la "pax americana" se planteaba a propósito de mantener norteamérica su estatus de primus inter pares en 1989 buscando explorar nuevas vías en el viejo Continente, mientras que la URSS de Gorbachov proponía un orden mundial distinto; para Europa, un proyecto común de estructura sin guerras frías ni calientes. EEUU no rechazó de plano la solicitud de la URSS de acceder a la economía mundial ingresando en el FMI y en el GATT -la URSS participó en la Conferencia de Bretton-Woddo que creó el FIM en 1944 -del que fue apartado después.

Desde el punto de vista militar podría pensarse que Malta fue el reencuentro con el espíritu de Yalta en una realidad de paridad atómica entre la URSS y EEUU. Malta contenía significado un paso en la clausura de la etapa militar iniciada en la Conferencia de Potsdam -el arma atómica como instrumento de chantaje político- y el comienzo de otra basada en la constatación de que la guerra atómica no es medio para imponer hegemonía, el orden mundial debiendo asentarse sobre bases nuevas. De donde hubiera podido seguirse la sustitución de la estructura defensiva de una Europa fortificada en trincheras, por otra de seguridad compartida. En Potsdam (un día después del ensayo atómico en Álamo Gordo el 16 de julio de 1945), la URSS rechazó tamaña ofensiva, y a falta de armamento atómico opuso a EEUU el acuartelamiento progresivo de los pueblos y Estados donde el Ejército Rojo había entrado en su avance triunfal hacia la capital del III Reich.

Ahora, volvían a imponerse intereses favorables a reconfigurar la cadena de Estados que sirviera de tapón-división entre la Europa occidental (bajo control de la OTAN y de la CEE) y la URSS. De nada servía, por ejemplo, para el ex jefe del Gobierno Michel Debré (neogollista), que la RDA, tres semanas después de destituir a Eric Honnecker, cediendo a la presión popular abriera el muro de Berlín (9/11/1989). Debré veía con preocupación el acontecimiento porque "permitiría la reunificación". Giscar d`Estaing (conservador) evocaba "la muerte de la CEE. El peso de un eventual Estado alemán unificado sería incompatible con nuestras instituciones". Michel Rocard (social-demócrata) urgía abalanzarse sobre los mercados de Europa oriental: "nuestras grandes empresas estaban presentes en todas partes antes de caer el Telón de Acero". Miterrand convocaba una reunión urgente de jefes de Estado y de la CEE para tratar de evitar la reunificación alemana. En fin, políticas todas que veían en la perpetuación de la OTAN (y del Pacto de Varsovia) un medio de contener a una Alemania en vías de reunificarse y de recuperar su soberanía. Margaret Thatcher pedía la continuidad de la OTAN, pero usaba la dinámica en la "masa Oriental" para preservar la independencia británica. Adenauer decía preferir "el control total sobre media Alemania más que el control a medias (con los comunistas) sobre Alemania entera". Bush concertaba con Kohl hablar positivamente "sobre el "principio" de la reunificación, a pesar de que eso es anatema para muchos aliados de la OTAN".

En ese nuevo contexto de cooperación con la URSS, EEUU calculaba mantener su esfera de influencia mientras Moscú renunciaba a la suya en Europa del Este. Gorbachov buscaba el camino para acuerdos económicos y de seguridad de ámbito paneuropeo del modo que le era viable, ora asociando a Washington en la Conferencia de Seguridad y Cooperación Europea (CSCE) como marco institucional de los dos bloques, ora abriendo relaciones directas con la OTAN y la CEE.

Malta al igual que Yalta tenía a Alemania como fondo. Merece recordar las dos respuestas alemanas a la apertura del muro de Berlín. Willy Brandt (socialdemócrata) afirmaba que "muchos en la RDA tienen adversión a ser comprados. Son alérgicos a la sospecha surgida de que el producto de su trabajo pueda ser vendido como activo de la quiebra". Helmuthh Kohl (democristiano) explicaba en sus diez puntos al Parlamento (28/11/1989): "instaurar estructuras confederales entre los dos Estados de Alemania, con el fin de crear después una federación, lo que significa un orden federal en Alemania" (...) la CAE no debe acabar en el Elba, debe estar abierta a una RDA democrática y a otros Estados democráticos". Dictaba también a la RDA lo que debería hacer si deseaba ayuda económica: "un cambio fundamental en el sistema político y económico, terminar con el monopolio del poder del Partido Socialista Unificado". La URSS veía la reunificación "en el contexto de un proceso más amplio de superación de la división de Europa que incluye la disolución simultánea de la OTAN y del Pacto de Varsovia". Rdwrad Shevardnadzer fue más contundente: "la parte soviética considera inaceptable dictar al Estado soberano de Alemania Oriental cómo debe desarrollar sus relaciones con el otro Estado Alemán".

En 1989 los democristianos alemanes pedían anexionar la Alemania entera, como dijera Konrad Adenauer. EEUU ajustó sus intereses a esta nueva premisa. En Yalta se aprobó mantener desmilitarizado y unido el Estado alemán -aunque debilitándolo mediante una estructura federal, y su ocupación por tropas de la Coalición Antigermana debía mantenerse durante sólo dos años adicionales. En Malta EEUU proponía por primera vez a la URSS la reducción de sus respectivas tropas en Europa. Y lo hacía horas después de que Kohl hubiera pedido simultanear la unificación alemana con "pasos rápidos en el desarme y control de armamentos y sobreponerse a la OTAN y el Pacto de Varsovia. Un alto funcionario alemán había hablado de que "la más probable petición del Kremlin a cambio de aceptar la reunificación sería una Alemania neutral, un paso que implica el colapso de ambas alianzas en Europa y levantar un sistema de seguridad global totalmente nuevo. La posibilidad de tal oferta por Moscú es la mayor preocupación de nuestros aliados, que temen que Alemania Occidental sea incapaz de resistir el cebo". Al día siguiente (29/11/1989), el secretario de Estado James Baker III se apresuraba a disponer que la reunificación alemana "debe producirse en el contexto del continuado alineamiento de Alemania con la OTAN y una CEE cada vez más integrada. No debe haber trueque de neutralidad por unidad".

El gobierno de Bush vio la posibilidad de extender la OTAN hacia el Este. El gobierno de Kohl veía lo mismo pero deseaba hacerlo con el asentimiento de EEUU.


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