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AYUDA EXTERIOR / La ayuda exterior gubernamental crea dictaduras / La ayuda exterior gubernamental crea pobreza / Los intereses del Gobierno / La Ayuda Exterior es Antihumanitaria

Publicado el 15 de abril de 2022, 17:38

A veces el dinero no da la felicidad. En ocasiones, incluso, puede ser una tragedia. ¿Ha oído hablar de Vivian Nicholson? Es una inglesa que nació en 1931. En su momento se hizo famosa porque a los treinta y pico años le tocaron en la lotería 152.319 libras. Actualizándolo con la inflación, esto vendría a ser un premio superior a los tres millones de euros. Cuando los periodistas le preguntaron a Vivian qué haría con tanto dinero, ella respondió: «gastar, gastar, gastar…». Y oiga, lo cumplió. Vaya si lo hizo. Siguió una vida loca de derroche. Se compraba ropa cara, coches de lujo, ningún capricho era insatisfecho por la inglesa. No escatimaba en nada. Incluso se casó cinco veces. Pero el dinero no dio la felicidad a Vivian. Se arruinó. Sí, se lo gastó todo y quedó con deudas encima. Sufrió un derrame cerebral, se volvió alcohólica, se convirtió en testigo de Jehovah, intentó suicidarse e ingresó en una institución mental. Actualmente vive con una mísera pensión del Gobierno.

El caso de Vivian no es único. También tenemos el de Willie Hurt. Era un hombre de familia ejemplar dicen. En 1989 le tocaron 3,1 millones de dólares. Pasados dos años se había divorciado, se tiró a las drogas y peor aún, fue encarcelado por asesinar a una persona. Actualmente sigue en la cárcel y no tiene ningún contacto con su familia.

A Charles Riddle le tocó un millón de dólares en 1975. Al poco tiempo fue a prisión por tráfico de drogas. A Missourian Janite Lee le tocaron 18 millones de dólares en 1993. Era una mujer perfecta. Ayudaba a la comunidad, a causas políticas, sociales… Ocho años después quedó totalmente arruinada con solo 700 dólares en su cuenta. Y hay una larga colección de casos similares.

Cuando un estúpido recibe dinero caído del cielo, pasan cosas así. Las historias anteriores son pequeños dramas individuales que todos lamentamos, pero no trascienden a más. ¿Y qué ocurre cuando estas locuras aumentan en tamaño y nos afectan a todos? Lo que ha leído en los párrafos anteriores es un drama muy similar al que ocurre con la ayuda exterior. Nosotros, por medio de la coacción damos nuestro dinero a un estúpido irresponsable, es decir, al Gobierno que lo usa para crear dramas en otros países. Dramas llamados ayuda exterior o de cooperación internacional.

 

La ayuda exterior gubernamental crea dictaduras

 

¿Se puede imaginar cuánto dinero ha regalado occidente a África en los últimos cincuenta años? Aproximadamente la cifra supera el billón de dólares [113] . Es una media de unos 20 mil millones anuales que salen de nuestros bolsillos. ¿Y qué hemos conseguido con tales medidas? Muchos países africanos siguen sobreviviendo con un dólar al día y están entre los más pobres del mundo. Cualquier persona con un poco de análisis crítico ha de darse cuenta que algo no funciona. Si una medida no ha resultado en los últimos cincuenta años, no empezará a funcionar ahora por arte de magia. El dinero que le han sacado a usted no solo es como si los políticos lo hubiesen quemado, sino que ha contribuido a matar a niños, mujeres, empobrecer a familias y a legitimar a dictadores en el Poder.

Desde 1970 hasta 1998, y tras décadas de ayudas de los países ricos, África pasó de un nivel de pobreza del 11 por ciento hasta el asombroso 66 por ciento [114] . Mobutu Sese Seko, anterior presidente de Zaire, desvió en su mandato entre cuatro y cinco mil millones de dólares a cuentas suizas. Cantidad equivalente a la deuda externa del país. Zaire, en el reinado del tirano, hizo suspensión de pagos por los intereses y vencimientos de los préstamos internacionales sin que Sese Seko moviera un solo dedo para impedirlo. Mientras tanto, occidente seguía enviando dinero.

El dinero de occidente solo ha ayudado a mantener a estos tiranos. Según el Polity IV database, África es el continente con más regímenes autocráticos del mundo [115] . De hecho, y según el Democracy Index de 2011 realizado por The Economist, en la África sub-sahariana hay el mayor número de regímenes autoritarios del globo, con un total de 25 países y las notas de valores democráticos que consiguen casi todos los países de la zona son aproximadamente de la mitad que cualquier país europeo. Según el Corruption Perceptions Index —de la organización Transparency International—, en 2012 la corrupción continúa devastando a las sociedades en África. Es decir, sigue siendo el continente más corrupto del mundo.

Pero esto no es todo. Según el Stockholm International Peace Research Institute:

 

«África es la región con más conflictos del mundo, y la única región en la que el número de conflictos armados va en aumento».

 

Durante la década de 1990 había diecisiete grandes conflictos sólo en África, frente a los diez de otras partes del planeta. África es la región que recibe la mayor cantidad de ayuda extranjera oficial del mundo y el continente donde más ha aumentado el gasto militar [116] . Viendo este panorama, algo hacen mal los gobiernos occidentales con las ayudas que estamos pagando. Los gobiernos occidentales son cómplices de estas grandes desgracias humanas.

La ayuda exterior gubernamental crea pobreza

 

Debido a esta lluvia constante de dinero, África ha cambiado la figura del empresario privado por el del político. La mejor forma de hacerse rico en África no es construyendo una empresa que suministre productos y servicios a las personas, sino la política. Las personas con talento y avispadas se dedican a extraer rentas a través del sector público; concretamente de las ayudas que vienen de occidente. El gran continente negro es el mayor explotador de las rent seeking (o lo que es lo mismo, la obtención de benéficos atrayendo capital y/o rentas económicas a través de la manipulación o explotación en el entorno político).

Por ejemplo, fijémonos en Nigeria en el año 1979. El Gobierno del país destinó más de 10.000 millones de dólares para construir un complejo acerero en Ajaokuta. Eso iba a dar trabajo, iba a impulsar el país. Pues no. Los rent seeking, o políticos perceptores de tal capital, se hicieron ricos con las comisiones, la construcción, intermediación y el robo de dinero directo (¿para qué perder el tiempo encubriéndose, no?). Luego la fábrica nunca produjo ni un triste lingote de acero. Todo fue una cortina de humo de 10.000 millones para repartírselo entre cuatro.

No es algo de lo que nos tenga que extrañar. El hombre se mueve por incentivos. Siempre busca la mayor satisfacción con el mínimo esfuerzo. Si occidente da dinero por nada, o por proyectos que nadie puede controlar ni dirigir, el caos está garantizado. En lugar de premiar el ingenio, el esfuerzo y sacrificio personal, como haría la economía privada, se incentiva la picaresca y agudiza la corrupción.

Todo esto tiene resultados lamentables en la población. Primero es la mentalidad a la que los gobiernos de occidente han sometido a África y otros países perceptores de rentas y capital gratuito. Se ha creado durante décadas una casta, que con el dinero de los países ricos, se dedica a esclavizar al resto de la población. ¿Y cuál es el sueño de la población? No es medrar mediante el esfuerzo en la escala social construyendo empresas, sino llegar a ser uno de esos dictadores, o al menos, formar parte de este aparato de agresión que son las tiranías africanas.

Tal y como cuenta la autora zambiana Dambisa Moyo, otro de los problemas de la ayuda exterior a países africanos es la inflación. Más concretamente el aumento de precios de forma irregular en la estructura productiva. Imagínese que en Zambia hay una riqueza de 100.000 kwachas (moneda del país). De golpe recibe una ayuda de un millón de dólares. Es dinero nuevo que entra en la economía. Como hemos visto, este dinero no es repartido dólar a dólar a cada familia del país, sino que se transfiere al Gobierno. Sabemos que los burócratas no usarán este dinero para hacer nada productivo, sino que directamente se lo gastarán ellos. Se comprarán coches, harán mansiones… Este dinero hace aumentar el precio relativo de los productos comprados porque la demanda aumenta. Eso es bueno para el arquitecto que diseña mansiones, el propietario de las tierras, o el propietario del concesionario, pero hace subir los precios sin que el resto de la población perciba nada. Algo así solo genera que los ricos (los gobernantes) sean cada vez más ricos, y que los pobres sean cada vez más pobres.

Incluso desde el punto de vista monetario ocurre lo mismo. Las ayudas son dadas a los países mayoritariamente en dólares. Cuando el perceptor de la ayuda va a gastarse el dinero, primero necesita cambiarlo a moneda local. Esto crea varias cosas. El que tiene los dólares cambia a moneda local, lo que hace apreciar la divisa del país. Durante un tiempo esto provoca que las exportaciones del país africano sean más caras, eso significa que hace la economía sea menos competitiva. Entonces el banco central se da cuenta de la situación y empieza a crear más moneda. No solo para impedir el encarecimiento de las exportaciones, sino para poder cambiar una gran parte de esos dólares en moneda local. Esto provoca inflación. Inflaciones que a veces son astronómicas y sumen a la población en una penuria desastrosa. Por ejemplo y para verlo en un caso real. En 2002 la Agencia Internacional al Desarrollo Americano (USAID) calculó las ayudas a Zimbabue en un 15 por ciento de su PIB. No solo fue una fantástica oportunidad para el rent seeking, sino también para la destrucción de su moneda. Según el Fondo Monetario Internacional, el país llegó a tener una tasa de inflación anual de 89.700 trillones por ciento. Los precios doblaban cada día. Imagínese, hoy un ventilador nos cuesta 20 euros y mañana ya vale 40 euros; pero es que pasado mañana le costará 80 euros. Como dijo el economista Peter Bauer, la ayuda externa acaba convirtiéndose en un impuesto para los países subdesarrollados.

 

Los intereses del Gobierno

 

¿Y por qué tras cincuenta años de ayudas, dinero y proyectos fallidos los políticos aún siguen con el mismo papel? Bueno, les interesa. No son necesariamente razones económicas las que llevan a nuestros políticos a alimentar a los corruptos y autocráticos gobiernos de África, sino razones estratégicas, morales y económicas.

Desde el punto de vista moral lo podemos ver con el plan que hizo Estados Unidos en el año 2003 con el PEPFAR [117] . Destinó 15.000 millones de dólares contra el SIDA. Parece una buena obra. Pues hasta esto salió mal ya que el Gobierno americano puso sus propias condiciones. Y es que dos terceras partes del plan tenían que gastarse en la formación de la abstención sexual. Eso significa que no llegó a hospitales, ni a tratar a enfermos de SIDA, ni siquiera a aliviarlos. Posiblemente ese dinero se lo quedó alguna organización gubernamental y ahora esté en un banco suizo.

Recientemente tuvimos la oportunidad de ver otras de las razones del envío de dinero a países dictatoriales. Ocurrió al estallar la primavera árabe en Libia. El entonces presidente, Muamar el Gadafi, dijo que si la comunidad internacional no hacía nada, «enviaría a millones de negros a Europa». De hecho, España ya estableció con Zapatero y ahora con Rajoy, pactos para que los países del Norte de África refuercen sus fronteras para que no vengan inmigrantes al país. ¿Qué les da el Gobierno en compensación? Efectivamente, dinero en forma de ayudas.

Las ayudas a países subdesarrollados no dejan de ser un programa del Gobierno. Y eso significa que una parte importante sirven para hacer al Gobierno más grande y colocar a más burócratas, hacer comités y dar trabajo a inútiles que deben favores a alguien. En el año 2005, Tony Blair propuso el gran plan Marshall para combatir la pobreza en la África sub-sahariana. Tal plan estaría dotado con 75.000 millones de dólares anuales en los próximos 10 años. Antes de ponerse a cualquier cosa hizo un comité de expertos y una web que hace más de un año que nadie la toca.

Pero en usar excusas humanistas para crecer corporativamente sabe mucho el Banco Mundial. En 1987 la organización contaba con 6.150 personas. En aquel momento hizo una operación de «eficiencia” mediática donde anunció reducir gastos. El Banco solo eliminó a cincuenta personas y su presupuesto aumentó. No parece un “recorte» muy drástico. Es más, el Banco Mundial actualmente cuenta con más de 9.000 empleados, de los cuales más del 65 por ciento de los mismos están sentados en un sillón en Washington. ¿Combatirán la pobreza mundial desde ahí?

Y 2013 ya no lo empezamos bien en este sentido. El Gobierno español, aún teniendo un paro descomunal y con millones de personas acudiendo a la beneficencia privada, destinó más de 28 millones de euros a países como Senegal, Bolivia (donde hay un tipo que nacionaliza empresas españolas), Etiopia, Mozambique… entre muchos más [118] .

 

La Ayuda Exterior es Antihumanitaria

 

Como decíamos al principio de la sección (con los ejemplos de personas a las que les había tocado la lotería), muchos de los problemas del mundo no se arreglan simplemente con más dinero. A veces, el dinero regalado puede llegar a ser una desgracia. Y si lo administra el Gobierno lo será siempre creando pobreza y convirtiendo el problema inicial en otro mucho mayor.

El dinero que envían los gobiernos de occidente a los países pobres solo sirve para alimentar a dictadores, mantener una casta autocrática y una población pobre. Si los políticos de los países ricos quisieran que África y resto de naciones pobres salieran de su situación lo podrían hacer de un día para otro y sin enviar ni un solo céntimo del pagador de impuestos. Lo único que se requiere es abrir el comercio internacional. Desde hace años, países como Brasil abogan repetidamente por la relajación o eliminación de las barreras comerciales de los países ricos. De hecho, hay estudios bastante serios que afirman que la liberalización del comercio global puede llegar a aumentar los beneficios de los países pobres multiplicándolos por diez [119] . Los países subdesarrollados que han hecho más laxa su política exterior reduciendo aranceles y barreras internacionales han crecido mucho más rápido que los que se han quedado igual [120] . Pero todo esto se puede quedar en nada si nuestros políticos siguen penalizando las importaciones de los países con menos recursos.

Y es que las excusas que usan los gobiernos para impedir la entrada de productos extranjeros solo se basan en la compra de votos. Programas como la Política Agraria Común (PAC), que bajan artificialmente los costes de producción de los alimentos europeos, solo hacen que sumir más en la miseria a los países en desarrollo y a nosotros mismos. La Unión Europea (UE) destina más de una tercera parte de su presupuesto a la PAC. Esto significa que:

 

El presupuesto de la PAC es de 55.000 millones de euros [121] .

Lo que significa, a la vez, que cada familia paga entre 250 y 330 euros a los agricultores ricos de nuestro continente.

Y cada agricultor europeo recibe una media aproximada de 4.000 euros de nuestro bolsillo sin hacer nada.

 

¿Y para qué? Para que sus productos nos salgan más caros y para matar de hambre, literalmente, a miles de ciudadanos de países subdesarrollados y crear una casta de productores europeos que viven de las transferencias del que paga impuestos (ciudadano) al que los consume (agricultores).

Otra barrera que instauran nuestros políticos a los países sin recursos es a las inversiones y movimientos de capital. Con la excusa del terrorismo internacional un gran número de comercios, empresas y particulares tienen vetados, de facto, las transacciones comerciales con países occidentales, lo que hace ahogar más a sus economías. En muchas ocasiones es más una estrategia política para impedir la competencia dentro de los países
desarrollados que no una genuina y real guerra contra el terrorismo.

La única forma de que los países no industrializados salgan de su situación es levantando los vetos comerciales que ponen los burócratas occidentales y eliminando ya de una vez las ayudas al sector exterior que solo sirven para comprar favores, levantar tiranías, alimentar guerras y mantener a continentes enteros en la pobreza, miseria y desesperación. Cada euro que el Gobierno le usurpa a usted para enviarlo a otro país solo hace que malvivan aquellos a los que pretendemos ayudar.

[113] Ver Dead Aid: Why Aid is Not Working and How There is a Better Way For Africa, de Dambisa Moyo.

[114] Ibid.

[115] Polity IV Project: Political Regime Characteristics and Transitions, 1800-2010.

[116] Sipri Yearbook 2012. Armaments, Disarmament and International Security. 2012

[117] PEPFAR, que es el acrónimo de sus siglas en inglés del: Plan de Emergencia para la Mitigación del SIDA).

[118] Resolución de 10 de diciembre de 2012, de la Presidencia de la Agencia Española de Cooperación Internacional.

[119] Steven Matusz y David Tarr, «Adjusting to Trade Policy Reform», World Bank Policy Research Working Paper No. 2142, julio de 1999.

[120] Véanse, por ejemplo, FMI, Perspectivas de la economía mundial, mayo de 1997; T. N. Srinivasan y Jagdish Bhagwati, «Outward Orientation and Development: Are the Revisionists Right?", Yale University Economic Growth Center Discussion Paper No. 806, 1999; y Jeffrey Frankel y David Romer, «Does Trade Cause Growth?», en American Economic Review, junio de 1999.

[121] La política agrícola común. Una asociación entre Europa y los agricultores. 2012.


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