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EL «INFORME QUINTERO » / EL PRECEDENTE DE TURQUÍA

Publicado el 25 de abril de 2022, 0:35

Uno de los militares españoles más vinculado a los norteamericanos es el coronel Federico Quintero Morente, que también interviene, desde la sombra, en la conspiración que desemboca en el golpe de Estado del 23-F. La mayor parte de su carrera la ha desarrollado en los servicios de información y es un franquista recalcitrante, educado en la lucha anticomunista permanente y en las ideas antidemocráticas. Experto en combatir la «subversión», ha viajado numerosas veces a Norteamérica para realizar cursos especiales de contrainsurgencia. También ha sido jefe superior de Policía de Madrid, con el terrible coronel Eduardo Blanco como director general de Seguridad, durante una época en la que este organismo estaba tomado por militares del ala más dura y represiva del régimen.

Quintero está destinado en la embajada de España en Turquía, como agregado militar, cuando se produce el golpe militar encabezado por el general Kenan Evren, el 12 de septiembre de 1980. A Quintero se le atribuye la redacción de un informe sobre el «golpe de Estado a la turca», que es distribuido entre militares españoles durante los meses previos al 23-F, a partir de diciembre de 1980. Antes, en 1978, ya habían consultado con él los golpistas Tejero e Ynestrillas cuando estaban planificando su frustrada Operación Galaxia. El 23-F, casualmente, Quintero no se encuentra en su destino de Ankara, sino en Madrid, «por razones de salud».

El «Informe Quintero» sobre el golpe militar en Turquía cobra toda su actualidad con la intentona de Tejero y Milans. Ese documento, que es ampliamente difundido entre los generales, jefes y oficiales del Ejército español, se redacta siguiendo las indicaciones de John H. Kenny, jefe de la estación de Ankara de la CIA, especialista en la preparación de grupos armados de extrema derecha y experto en análisis militares. El propio Kenny es quien determina y sugiere a Quintero la distribución en los medios castrenses españoles del citado informe. Ayuda a facilitar su difusión en Madrid el agente de la CIA James M. Warrick, quien, durante los años de la Transición, se ha encargado de distribuir fondos del Banco Interamericano de Desarrollo entre grupos ultraderechistas y colectivos militares golpistas. Warrick se entrevista en España con varios generales y con los miembros de la estación de la Agencia en Madrid. Poco después de su marcha, el general de la Guardia Civil Manuel Prieto López contribuye decididamente a dar a conocer el informe entre los integrantes del Ejército español.

«Gracias a la colaboración del general Prieto, pocos días después, circulaba fotocopiado por los cuarteles españoles, donde era objeto de comentarios y discusiones», escribe Diego Carcedo. 13 «En numerosas unidades, el "golpe a la turca" se convirtió en tema de discusión entre oficiales y jefes, que expresaban en voz alta observaciones y cálculos sobre las posibilidades de promover algo parecido en España.» En un párrafo del informe, calcado del original elaborado por los golpistas turcos, se sustituye el nombre de Kemal Atatürk, considerado el fundador de la moderna Turquía, por el de Franco, y el problema «kurdo» se convierte en la cuestión «vasca». El documento es fotocopiado, ampliado y colocado en los tablones de órdenes de algunas salas de oficiales. El original dice:

 

Las Fuerzas Armadas se consideran depositarías y fieles cumplidoras del testamento nacional-político del fundador Atatürk y están atentas a la evolución de los acontecimientos en la nación, especialmente cuando creen detectar actividades que amenazan a la unidad territorial (problema kurdo), insultos y ultrajes a la bandera e Himno Nacional o intentos de desacreditar y difamar la figura del primer jefe del Ejército turco, Atatürk, así como cuando se trata de manipular los sentimientos religiosos de la población en beneficio de una política partidista dado que ello está totalmente prohibido por la actual Constitución.

 

 

EL PRECEDENTE DE TURQUÍA

 

En un estudio sobre la «Importancia del Mediterráneo y del llamado Flanco Sur de la OTAN», Louis Wolf, redactor de la revista Cover Action, afirma que resulta evidente la participación directa de la CIA en el golpe militar turco de 1980, fruto del prioritario interés norteamericano por tener bajo control a su aliado más oriental de la OTAN:

 

Los apologetas estadounidenses de la represión en Turquía utilizan a fondo la palabra clave «estabilidad» para justificar todo el asunto. El hecho de que cientos de turcos, tal vez miles, hayan sido encarcelados, torturados y, muchos de ellos, asesinados, según las propias informaciones de la prensa, demuestra que la clase de estabilidad que ofrecen al pueblo turco se basa exclusivamente en la represión y en un régimen dictatorial. Como ha ocurrido en tantas otras ocasiones en muchos países del Tercer Mundo, los Estados Unidos se están identificando de nuevo con la represión. Resulta evidente que Turquía es uno de los países esenciales en esta región y que, desde el punto de vista de los intereses estratégicos norteamericanos, posee un número importante de bases e instalaciones militares y de espionaje electrónico que hay que preservar. Sabemos también que, desde la caída del Sha en Irán, Turquía desempeña un papel muy importante en la tarea de controlar la situación en la zona.

 

Como en el caso de España, la situación geográfica de Turquía le otorga un papel muy relevante en la estrategia de la Guerra Fría. Los norteamericanos han seguido siempre, con permanente atención, los avatares de esa democracia formal con permanentes rasgos totalitarios y que, a pesar de las bendiciones occidentales, nunca ha conseguido consolidarse. Antes de que se llegue a producir el más mínimo peligro de desestabilización, la CIA interviene.

La situación arranca desde el final de la Segunda Guerra Mundial. En 1945, y de manera definitiva en 1947, con el comienzo de la Guerra Fría, los militares norteamericanos diseñan y ejecutan el Plan Pincher para garantizar, fundamentalmente, el control del petróleo de Oriente Medio y las comunicaciones entre Europa y Asia, pero también para utilizar la zona como enclave estratégico decisivo ante un posible ataque de la Unión Soviética. Según ese plan, el Ejército de la URSS, dada su superioridad en hombres, ocuparía la mayor parte de Europa Occidental, excepto la península escandinava, España y el sur de Italia. El golfo Pérsico es la zona que hace más vulnerable a la Unión Soviética: desde allí, los bombarderos norteamericanos, todavía capaces de transportar sólo un limitado número de bombas atómicas, podrían destruir las regiones petroleras del Cáucaso, privar a la URSS de regiones básicas en cereales y minerales y, además, alcanzar el propio corazón del país. 14

En 1979, el desmoronamiento en Irán del régimen del Sha —que había alcanzado el poder tras el golpe de Mossadegh, apoyado por la CIA—, y su sustitución por el régimen islámico que encabeza Jomeini, trastocan las coordenadas políticas y militares norteamericanas en la zona. Estados Unidos comienza a reforzar militarmente a las monarquías del golfo y a Irak, amplía el despliegue de tropas en la base británica de la isla de Diego García y establece acuerdos con Kenia, Somalia y Pakistán. Toda el área mediterránea, desde Turquía hasta España, e incluso más hacia el oeste, hasta las Azores, pasa a ser espacio prioritario de comunicación aérea y de intervención de la VI Flota. Se amplía la ayuda militar a Egipto, Sudán, Túnez y Marruecos, incluyendo en algunos casos el estacionamiento de tropas. España y las bases aquí instaladas, situadas a mitad de camino entre Estados Unidos e Irán, adquieren también una mayor importancia estratégica. A este panorama se une, en 1979, el establecimiento de un régimen comunista en Afganistán, la Revolución sandinista en Nicaragua y el avance de las guerrillas en El Salvador. El presidente Cárter endurece brutalmente su política exterior, pero pierde las elecciones. La victoria de Ronald Reagan, en noviembre de 1980, refuerza el vuelco de la política exterior norteamericana y lo hace aún más ultraconservador. 15

El golpe militar del 12 de septiembre de 1980 en Turquía es anunciado por la propia Administración norteamericana. Según el periódico británico Daily Telegraph, «un portavoz del Departamento de Estado dijo que un alto oficial militar turco había telefoneado al jefe del organismo de ayuda norteamericana en Ankara, a las 2.45 hora local, para comunicar que el general Evren anunciaría la toma del poder a las 4.00 a.m.». El Gobierno norteamericano y sus aliados de la OTAN reaccionan con mucha calma ante la noticia del golpe.

El general Kenan Evren encabeza un pronunciamiento inicialmente incruento, que no encuentra especial resistencia. El golpe derriba al Gobierno constitucional del veterano Süleyman Demirel para reemplazarlo por otro de las Fuerzas Armadas. La operación les resulta bastante fácil a los hombres de la Agencia y a sus aliados golpistas: el pueblo turco vuelve a vivir bajo la dictadura y la opinión pública internacional permanece mayoritariamente impasible. Los norteamericanos sólo ven Turquía como un bastión de la defensa europea contra el avance del comunismo y los militares les garantizan mejor que nadie que todo permanezca bajo control.

Desde el final del mandato de Cárter, una serie de acontecimientos sacuden la cuenca del Mediterráneo: en septiembre de 1980, el golpe militar en Turquía, sin objeciones de la OTAN; en enero de 1981 se pone en marcha una campaña de rearme en Marruecos, que se mantendrá, pese a su participación en un fallido golpe de Estado en Mauritania dos meses después; el 23-F en España y serios rumores de golpe en Portugal, ligados a los acontecimientos españoles; algo similar ocurre en Italia, donde se descubre una trama golpista en torno a la logia masónica P-2, en la que está implicada la red «Gladio»; también se realizan provocativas maniobras navales de la VI Flota norteamericana en el golfo de Sirte, en aguas territoriales de Libia, durante las cuales varios aparatos estadounidenses derriban dos aviones de este país. En este clima de tensión, se produce también el derribo de una nave comercial italiana sobre Ustica por fuerzas de la OTAN.

El nuevo secretario de Estado norteamericano del primer Gobierno Reagan, el general Alexander Haig, ha sido comandante en jefe de la OTAN desde 1974 hasta 1979. Y en España, la última renovación del alquiler de las bases se ha producido en enero de 1976, dos meses después de la muerte de Franco. En el marco de la nueva situación que se está creando en el Mediterráneo, Estados Unidos aprieta a España en 1980 para que ingrese en la Alianza Atlántica. Adolfo Suárez no lo tiene claro y las presiones se van endureciendo paulatinamente. Un rápido viaje —al parecer, forzado— del presidente de Gobierno español a Washington ese año tiene relación con esas presiones estadounidenses. Lo cierto es que siete días después de la toma de posesión de Reagan, Adolfo Suárez dimite sin dar una explicación clara de las razones de su renuncia. Su sucesor en el cargo, Leopoldo Calvo Sotelo, escribe: «En cuanto a la Alianza, apuntaba en Suárez un cierto antiamericanismo. Corregir y precisar ese rumbo fue uno de mis primeros propósitos como Presidente de Gobierno». 16

La operación golpista que ha triunfado en Turquía se convierte en un nítido modelo para Milans, Tejero y los demás militares ultras. Saben que los norteamericanos han estado detrás del general Kenan Evren y que no aguantan a Adolfo Suárez. El secretario de Estado, Alexander Haig, mira con ojos críticos la evolución política de España y el embajador Todman y el jefe de la estación de la CIA, Ronald Edward Estes, son sus brazos ejecutores. Los norteamericanos consideran que Suárez ha perdido el rumbo y está patrocinando una ambigua política exterior que no les beneficia. Han visto con desagrado sus viajes a Cuba y Argelia. Los consideran veleidades tercermundistas. Además, el presidente de Gobierno español es un hombre de la época de Cárter y la elección de un nuevo emperador siempre genera cambios. En esa misma época mueren, en extraños accidentes aéreos, el primer ministro portugués, Francisco Sa Carneíro (4 de diciembre de 1980) y el general panameño Omar Torrijos (31 de julio de 1981). Al final, Suárez dimite, aunque con ese gesto no puede parar la inercia del golpe.

En sus Confesiones, 17 Juan Alberto Perote relata así la dimisión de Suárez:

Joaquín Garrigues Walker, estrechamente relacionado con el gobierno de UCD, sostenía que el presidente Suárez había tomado su decisión de dimitir tras acudir al Palacio de la Zarzuela, donde el Rey le recibió en compañía de dos generales. En un momento determinado, Don Juan Carlos se ausentó y los dos militares pusieron sus pistolas sobre la mesa exigiéndole su dimisión.

 

La CIA conoce muy bien el ambiente que impera en los cuarteles, tiene información precisa de las conspiraciones que están en marcha. Puede contribuir decisivamente al éxito del golpe que la operación se desarrolle con la participación del rey y en nombre de la Constitución y la democracia. Turquía es el ejemplo a imitar. Con un Gobierno militar fuerte en cada extremo del Mediterráneo, Reagan podrá dormir tranquilo en su nueva residencia de Washington. Gracias a la llegada de este nuevo presidente a la Casa Blanca, la CIA encuentra más facilidades para «defender» los intereses norteamericanos en el exterior. En más de una ocasión Reagan ha dicho que Estados Unidos irá a proteger esos intereses «allí donde estén en peligro, sea en países comunistas o no».

La victoria del candidato republicano en las elecciones presidenciales es sentida como propia por los militares españoles golpistas. Fernando Reinlein relata una ilustrativa anécdota: 18

 

La noche del 8 de noviembre, las radios dieron como vencedor a Reagan en la carrera presidencial. Varias unidades de la División Acorazada estaban esa noche de maniobras en la zona de Chinchilla, provincia de Albacete. Hacía mucho frío y la mayoría de la oficialidad se encontraba en una amplia tienda de lona, donde estaba instalado el bar.

El capitán Rafael Tejero entraba a buscar un whisky cuando escuchó una algarabía dentro de la gran tienda de campaña. Estaban brindando por la victoria de Reagan. Entre los oficiales se encontraban el coronel San Martín, el comandante Pardo Zancada y los capitanes Tamarit y Álvaro Bailarín.

—¡Pues ni que hubiera ganado Fraga! —exclamó Tejero.

—Tú no entiendes nada —le respondieron algunos, que siguieron con sus manifestaciones de alegría.

 

Durante todo el año 1980 han sido constantes los rumores sobre reuniones subversivas, conspiraciones y proyectos de golpes de Estado. La situación se le escapa de las manos a Adolfo Suárez. El manifiesto enfrentamiento entre éste y los mandos del Ejército no ha escapado a la vigilancia de la CIA, ni tampoco el odio que algunos de ellos sienten hacia el general Gutiérrez Mellado, vicepresidente del Gobierno. Terence Todman es consciente de que Suárez atraviesa una situación crítica y hace saber a una serie de generales, entre los que está Armada, su interés por mantener una entrevista con cada uno de ellos. A partir de entonces esos contactos se intensifican. Según el coronel Arturo Vinuésa: 19

 

El 14 de febrero, el embajador Todman se reúne, en una finca situada en las cercanías de Logroño, con el general Armada, con quien estudiará el desarrollo de los posibles acontecimientos futuros. Contemplan los distintos aspectos del probable relevo del Gobierno y hacen especial hincapié sobre la necesidad de garantizar los intereses norteamericanos en España. Además, según el embajador, valoran «el coeficiente de estabilidad política que supone para España tener como aliado a Estados Unidos».

 

Dadas las circunstancias, Todman ordena el control de la red de comunicaciones españolas, especialmente las de las autoridades, los mandos militares y las unidades dependientes de estos últimos, para lo que solicita a Washington el envío de un avión AWACS a la capital portuguesa. 20 A principios de 1981, todos los elementos que, de una u otra forma, están decididos a intervenir en el golpe de Estado se encuentran dispuestos para asumir su papel. El embajador soviético, Yuri Dubinin, avisa al Gobierno de que se ha producido una reunión de generales. Y el rey, que está de cacería en Cuenca, se ve obligado a volver a Madrid en helicóptero. Juan José Rosón, ministro de Interior, regresa también precipitadamente a la capital. El golpe avanza.

Fernando Jáuregui y Pilar Cernuda relatan cómo se realizan los preparativos para utilizar la Sala de Conferencias de la embajada norteamericana, especialmente protegida contra las escuchas, durante la tarde del 23 de febrero. La preparación la lleva a cabo el jefe de mantenimiento de la legación diplomática, un español llamado Rogelio Fernández Vaquerizo. 21

13 Ibid.

14 Manuel Revuelta, Las viejas mentiras de la nueva OTAN, Plataforma contra la OTAN de Madrid, Madrid, 1997.

15 Ibid.

16 Leopoldo Calvo Sotelo, Memoria viva de la Transición, Plaza & Janés/Cambio 16, Barcelona, 1990.

17 Juan Alberto Perote, Confesiones de Perote.

18 Fernando Reinlein, Capitanes rebeldes, La Esfera de los Libros, Madrid, 2002.

19 Arturo Vinuesa, op. cit.

20 Ibid.

21 Pilar Cernuda, Fernando Jáuregui y Manuel Ángel Menéndez, 23-F, La conjura dé los necios, Foca, Madrid, 2001.


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