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Manuel Prado, el amiguísimo

Publicado el 14 de mayo de 2022, 22:55

Pero ninguno de todos estos personajes llega al nivel de amistad que Manuel Prado y Colón de Carvajal tiene con el monarca. Descendiente directo de Cristóbal Colón, Manuel Prado es manco y tiene 7 años más que Juan Carlos, características todas que le han rodeado de una cierta aura de leyenda a los ojos del rey. Se conocieron por primera vez cuando su madre, muy monárquica, le llevaba a ver al príncipe durante la primera estancia suya en España, en aquellos "besamanos" que los fieles a la Corona le organizaban en la finca de Las Jarrillas. Pero no hicieron amistad hasta unos cuántos años más tarde, cuando en 1961 el duque de Calabria, Carlos de Borbón y Dos Sicilias, un día lo llevó a cenar con su primo Juan Carlos al Nuevo Club. La velada se prolongó hasta la madrugada y allí nació una amistad indestructible entre los dos. Pero son mucho más que amigos. Prado se define a sí mismo como "intendente general de don Juan Carlos I", o "administrador de los dineros privados de Su Majestad". Pese a que tiene su residencia establecida en Lausana (Suiza), fue nombrado por designación real embajador at large, es decir, sin embajada en ningún país, pero con un pasaporte diplomático que le permite viajar con más libertad de movimiento y más protección oficial, para que pueda realizar gestiones en el extranjero en nombre
del monarca. Su gran amistad con el rey se ha extendido prácticamente a todos los miembros de la familia real. Con la reina tiene relación a través de la Fundación de Ayuda contra la Droga, que ella preside y con la que él colabora. Precisamente en esta actividad, en una reunión del Patronato, en 1992 conoció a Mario Conde, con quien después hizo negocios en el asunto del Castillo de los Gracianos. Por otro lado, su hijo Borja es amigo de Jaime de Marichalar y de la infanta Elena, que visitó varias veces su finca El Toñanejo, próxima a Medina Sidonia, propiedad de la ex-mujer de Prado, Paloma Eulate, y que fue donde se celebró la boda de Borja.

El hijo, como su padre, se dedica en cuerpo y alma al mundo de los negocios de alto nivel. Fue consultor en España de la Union des Banques Suisses (UBS), que es uno de los bancos suizos más grandes y rentables, regido por la ley del secreto. Fuera de esto, nadie sabe el número de sociedades más o menos fantasma que maneja. Como hombre de negocios, nadie ha podido distinguir nunca lo que Manolo Prado hace en nombre propio y lo que hace como administrador del rey, excepto en los casos en que sus asuntos se complicaron hasta llegar a los tribunales. Entonces, oficialmente, siempre es cosa suya y el monarca queda al margen. Entre las múltiples y variadas actividades que Prado lleva a cabo, actúa como asesor de empresas, a las cuales facilita los trámites legales necesarios para funcionar en España. Henry Ford II, presidente de la multinacional norteamericana del mismo nombre, en marzo de 1974 recibió una afectuosa carta del que entonces era príncipe de España, en la que recomendaba encarecidamente a su amigo Manuel Prado como la persona adecuada para necesidades de esta clase. El empresario norteamericano en aquel momento estaba preparando su viaje al Estado español para colocar en Almussafes (València) la primera piedra de la factoría de Ford. Juan Carlos de Borbón se despedía dejando constancia de que una respuesta positiva sería adecuadamente valorada en un futuro próximo. También actúa como una especie de secretario personal de Juan Carlos para asuntos económicos, puesto que redacta cartas con el sello de la Casa Real para pedir dinero a entidades financieras o gobiernos extranjeros, según los casos, con varios fines. Pidió dinero, por ejemplo, para salvar a la democracia ayudando a financiar las campañas electorales de la UCD (como cuando solicitó dinero a Arabia Saudí, en 1977), para que pudieran utilizar las bases españolas en sus operaciones militares (como el caso de Kuwait en la guerra del Golfo), etc. De estos asuntos, estaba enterado sólo en parte el resto del personal de la Casa que más de una vez se sorprendió, sobre todo en los tiempos en que Fernando Almansa era un recién llegado, al recibir lo que parecían respuestas a cartas que no constaban en el registro de salida. Almansa se dirigía al mismo monarca para aclarar la aparente confusión: "Señor, ha llegado una carta del Rey de Arabia Saudí diciendo que en contestación a la carta de mi hermano de fecha tal... ¿Sabe a qué carta alude?" "Sí, sí, no te preocupes, ésa la escribió Manolo Prado".

A menudo, además, ha ocupado cargos públicos. Con los gobiernos de Adolfo Suárez, por ejemplo, Prado fue presidente de Iberia, cosa que suscitó especulaciones sobre el hecho de que se podría estar aprovechando de la capacidad de carga y circulación de los aviones por todo el mundo. No se probó nada. De esta época es el origen de la corona que lucen los aviones de Iberia, que Prado intentó rebautizar como Reales Líneas Aéreas Españolas. También fue presidente del Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI). De este cargo lo destituyó José Pedro Pérez Lorca, ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de Calvo Sotelo, en 1982, a causa de unas declaraciones que hizo al semanario Tiempo, en las que criticaba la política exterior gubernamental. El ministro meditó lo que suponía cesar a un amigo del rey, pero no tuvo otra opción para seguir siendo respetado. Pero enseguida llegó al poder el PSOE y Prado volvió a ocupar cargos importantes. Fue comisario de la Expo 92, consejero de la Sociedad Estatal V Centenario en representación del Ayuntamiento de Sevilla, y también trabajó como impulsor del proyecto Cartuja 93, un parque temático de ocio, creado a partir de los restos de la Expo de Sevilla. En un principio, con el PSOE tuvo sus pros y sus contras en un proceso de tira y afloja que hizo fracasar algunos de sus proyectos inmobiliarios, como el del Hotel Los Bordales, a causa de intereses enfrentados con algunos líderes socialistas. Pero las cosas se fueron arreglando poco a poco, sobre todo cuando entró en contacto con Enrique Sarasola, que es para Felipe González algo parecido a lo que Prado es para el rey. Los últimos años las empresas de Sarasola compartían sede con las de Prado, en el número 31 del Paseo de la Castellana, en el edificio Pirámide.

En 1995, sus hombres de confianza (Álvaro Álvarez por parte de Sarasola, y Jesús Sainz por parte de Prado) estaban juntos en el consejo de administración de Hilo, una empresa ubicada en Barcelona que se dedica a actividades inmobiliarias y de asesoramiento y promoción. En el complejo entramado de empresas de Prado, la principal es la sociedad instrumental suiza Trebol SA. A su vez, esta firma participa en la sociedad española Trebol Internacional, con domicilio en Madrid, en la que Prado está rodeado de importantes socios (entre otros, el príncipe georgiano Tchokotua y el rey Simeón de Bulgaria). En la filial sevillana de ésta, Trebolquivir, constituida en 1987, Prado tiene como hombre fuerte a Arturo Moya, ex-diputado de la UCD por Granada; el secretario es Jesús Bores, amigo personal de Felipe González y de su cuñado, Francisco Palomino. A través de estas empresas, Prado consigue contratas para obras en terceros países, a menudo financiadas con créditos FAD (Fondos de Ayuda al Desarrollo). En 1989, por ejemplo, consiguió la contrata para construir un hospital en Yemen del Sur por 25 millones de dólares, y un crédito FAD para llevar a cabo el proyecto, negociado con Germán Calvillo y Gloria Barba (esposa del entonces ministro Carlos Solchaga), en aquel momento responsables de la empresa pública Focoex. Y a veces combina esta actividad con la antigua de asesor a terceros. En 1991, por citar un caso, fue contratado por la empresa pública Indra (a través de Atlas Internacional, que forma parte del grupo Trebol), para ofrecer servicios como consultor y promotor de un contrato con Venezuela para obras aeroportuarias, que eran de adjudicación directa. Indra y Atlas Internacional pactaron una comisión del 3%, cosa que suponía casi 1.000 millones de pesetas. Prado consiguió para Indra que el Consejo de Ministros del 22 de diciembre de 1993 aprobara la concesión de un crédito FAD de 10.000 millones para modernizar todos los aeropuertos de Venezuela. Después la cosa salió mal, porque en Venezuela hubo elecciones y con el cambio de poder se acabaron las adjudicaciones a dedo. Otra de las facetas de Prado es dedicarse a los negocios inmobiliarios, aunque en este ámbito las cosas no siempre le han salido bien. En orden a la especulación inmobiliaria de la Expo 92, se metió en negocios ruinosos, como el de las parcelas de Expovillas SA, que acabó implicando a De la Rosa, y al complejo turístico de Castillo de los Gracianos de Jerez (en el que, además de De la Rosa, también involucró a Mario Conde).

Al contrario de lo que pasó con otros amigos, colaboradores, asesores financieros o como se los quiera denominar, como Javier de la Rosa o Mario Conde, la relación del rey con Manolo Prado es intocable, como si hubieran firmado alguna clase de pacto de sangre capaz de superar todos los malos momentos; que no han faltado. El más grave, hasta ahora, ha sido el de KIO. Pero cuando las cosas se ponen realmente graves, Prado acostumbra a ponerse muy enfermo. Coincidiendo con la fase judicial del escándalo "'Tibidabo", en el que el amigo del rey estuvo imputado en una expansión del problema iniciado con KIO, a mediados de mayo de 1999, la enfermedad pasó por uno de sus episodios más violentos en la Clínica de la Luz de Madrid. Casi se le dio por muerto, pero revivió como lo hacía el ave Fènix de entre las cenizas, superó una tromboflebitis y se le implantaron dos válvulas coronarias. Tras pasar unos días de recuperación en el Hotel Villamagna, donde reside habitualmente cuando está en Madrid, el 28 de mayo volvió a Sevilla.


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