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Los «derechos sociales» son un crimen / El Gobierno nos ha convertido en ovejas / Crisis sin valores / Diez simples reglas

Publicado el 14 de mayo de 2022, 23:50

El Gobierno no es el amigo del hombre ni una hermana de caridad. La actual crisis es la consecuencia de la monopolización del dinero por parte del Estado y los intereses políticos y empresariales que van unidos al Gobierno. Vivir del Gobierno es vivir del crimen y ser cómplice del mismo. El Estado del Bienestar es la más viva contradicción en términos, es la guerra total entre seres egoístas, vagos e irresponsables.

El político promete subir las pensiones a los jubilados, pero no a los desempleados. Entonces los ancianos nos dicen: «yo ya he aportado mucho a esta sociedad, que paguen los otros”. El desempleado nos dice: «yo quiero aportar más a esta sociedad, que bajen las pensiones y me ayuden en mi desgracia». Las madres solteras nos dicen: «tengo dificultades para mantener a mis hijos, que el Gobierno me dé una pensión». Los que tienen muchos hijos también nos dicen lo mismo y como no podía ser de otra forma reclaman una subvención al Gobierno. Los mineros de Asturias montan en cólera cuando les recortan sus abundantes privilegios porque son altamente improductivos. Nos dicen que tal acto es “un atraco», pero el atraco lo comenten ellos cuando obligan a los burócratas a transferir las rentas de otras personas a las cuentas bancarias de los improductivos mineros. Es la guerra de todos contra todos. De vivir siempre a costa de los demás y no del esfuerzo de uno mismo.

Una cosa son los derechos del hombre, y otra sus privilegios. Nuestros derechos radican en que nadie nos arrebate ni la Vida, ni nuestra Libertad ni nuestras Propiedades. Ya hemos visto como los derechos al trabajo, a la vivienda, a la educación… no son más que mentiras y promesas vacías. Solo son excusas para comprar votos. Los llamados derechos sociales nacen del más puro latrocinio a la sociedad. Si Juan recibe una subvención, es porque la fría maquinaría del Gobierno se la ha usurpado a Pedro. Y la injusticia luego se propaga cuando Pedro, en nombre de los derechos sociales y dignidad, dice al político que le saque a Juan su dinero para transferírselo a él. Esta es la triste sociedad que tenemos.

Aquel que nos promete los derechos gratis, el Gobierno, es el primero que los viola. Nuestros derechos no dependen de lo que produce otro, simplemente son nuestro más intrínseco disfrute de lo que tenemos y poseemos, esto es, de explotar como queramos nuestra vida, libertad y propiedad sin que tengamos que perjudicar a nadie.

 

El Gobierno nos ha convertido en ovejas

 

¿Y qué ha sacado el Gobierno de todo este proceso? Sí, dinero. Pero el dinero no es un fin, es una herramienta. El fin real de los políticos, burócratasnacionales, supranacionales, euroburócratas, altos funcionarios, mandatarios mundiales… es conseguir cada vez más Poder sobre nuestras vidas y nuestras propiedades, esto es, más control.

En el transcurso del libro hemos visto como Bismarck creó la Sozialpolitick. No fue por caridad, altruismo o amor a los compatriotas. El proyecto personal del Canciller radicaba solo en apaciguar a las masas y expandir sus proyectos. Los políticos y el Gobierno no le ayudarán. Ayudarán a sus lobbies, empresas, amigos, a ellos mismos, pero no al ciudadano. No tienen incentivo alguno para hacerlo. Recuerden las palabras de Gerald R. Ford:

 

«Un Gobierno lo suficientemente grande como para darte todo lo que quieras, es lo suficientemente grande como para quitarte todo lo que tienes».

 

Y así hemos llegado a esta situación. Ya no somos responsables de nuestras acciones porque el Gobierno nos lo da todo, hasta nuestra forma de pensar. Somos una sociedad adicta al Gobierno, una panda de yonquis. Pero ya vemos que la máquina gubernamental ya no nos da para más; ni moral, ni económicamente. La pérdida de valores que han funcionado durante miles de años nos ha convertido en drogadictos del Gobierno. Nos hemos convertido en ovejas sin pastor o drogadictos sin camellos. ¿Y ahora qué?

 

Crisis de valores

 

En el año 2012 se popularizó una canción para jóvenes llamada «Paso (The Nini Anthem)”. Según el autor era una crítica a los ni-ni, pero como su nombre indica, es un himno al estilo de vida de los que “Ni Estudian, Ni Trabajan» donde se ensalza la vida de fiesta, la holgazanería y el parasitismo viviendo de los padres. Esta es una parte de la canción:

 

«Soy ni-ni, mama, no es para hacer un drama, sólo quiero fiesta. No me esperes despierta, volveré a casa tarde, quizá a las cinco o a las seis.[…] «Mírame, voy vestida como una… Zorra» [130] .

 

Y el estribillo lo dice todo: «Mama, yo paso de todo». Sea una crítica o no a un estilo de vida, que es lo de menos, sí que refleja a qué aspira un joven medio hoy día. De lo contrario no habría arrasado en el mercado, ni al autor se le habría ocurrido. Cada uno sigue el estilo de vida que le viene en gana, pero puede convertirse en un problema social si ese estilo de vida vive a expensas de los demás.

Convertir al hombre en un ser irresponsable nos ha llevado a esta crisis, no solo económica sino también de valores. Si lo derivamos todo hacia el Gobierno, ¿qué le queda al individuo? Pues ser un espectador o una oveja de los políticos. La rotura de los valores individuales, de amor a la familia, a la comunidad y a los amigos ha sido una crisis peor que la económica.

Es normal que con tan poca autoestima muchas personas se dejen llevar por el resto del rebaño y en situaciones adversas acudan lloriqueando al Poder para que les haga felices: que le den una subvención, dinero para que no cierre la empresa donde trabajan, más derechos laborales, dinero para emanciparse, un salario mínimo más alto… Pero el Gobierno no puede crear milagros, y cuando lo intenta, siempre fracasa. El hombre ha de ser más individualista y darse cuenta que el Gobierno no le sacará de la crisis ni le traerá la felicidad. El hombre:

 

Ha de ver el mundo con más objetividad y no dejarse hundir por las dificultades. Eso es lo que diferencia a una sociedad madura y responsable a otra decadente.

Ha de saber que su dinero es suyo, y no de la sociedad.

Todos aquellos que abogan por una sociedad mejor a través de la violencia del Gobierno (más leyes, regulaciones, impuestos…) lo hacen porque obtienen réditos individuales o corporativistas (sindicatos, partidos, lobbies, patronales…). La única sociedad que existe es la de su comunidad: ayude a su familia y amigos si las cosas les van mal. Ayude al pobre con el que se cruza cada mañana. Implíquese con su gente, no con una sociedad hedonista que ni conoce y solo se queja cuando no les dan subvenciones.

Vivir dependiendo del Gobierno le convierte en una marioneta de los políticos. Su vida la ha de controlar usted, no un dictador de la producción ni moral.

Actúe con espíritu emprendedor no como un borrego. Si las cosas van mal, solo usted y sus allegados podrán hacer que ese rumbo cambie. Si el Gobierno actúa en «su defensa”, eso significa que se lo ha sacado a otro. Y cuando este otro pide “ayuda» al Gobierno, eso significa que se lo están sacando a usted. Eso es vivir bajo la moral del terror, del robo y la perversión.

Sea honrado. La degeneración de los valores ha matado totalmente la honradez de la gente convirtiéndolos en rufianes que engañan al seguro para pagarse las vacaciones, denuncian a personas y empresas para comprarse un coche, fingen lesiones para cobrar una subvención del Gobierno, dicen estar en desempleo para cobrar el subsidio. ¿Pero cómo puede llegar a nada una sociedad así? Estamos en una sociedad enfocada a los objetivos de la mediocridad en lugar de a la excelencia. Los valores del Gobierno de la irresponsabilidad han convertido a toda la nación en una panda de niños mal criados y egoístas.

 

Los valores del Gobierno son atroces. Se basan en sacarle a Juan su libertad y propiedad para dársela a Pedro. Yo no soy religioso, pero incluso los no religiosos creemos en el séptimo mandamiento: «no robarás». Y es que una sociedad que vive de la apología del robo no puede durar mucho en el tiempo y solo creará cada vez más confrontación entre los ciudadanos. Si robar está mal, es que no hay excepciones. Si los impuestos son un robo como hemos visto en este libro, es que han de ser sustituidos por otro sistema basado en la voluntariedad. Una sociedad que se basa en cimientos criminales, ya está viciada desde su nacimiento.

 

Diez simples reglas

 

Todo esto lo expresó de forma intachable William J.H. Boetcker que hizo en 1916 un decálogo para una comunidad sana y perdurable:

 

1. Usted no puede crear prosperidad desalentando el ahorro.

2. Usted no puede fortalecer al débil, debilitando al fuerte.

3. Usted no puede ayudar a los pequeños, aplastando a los grandes.

4. Usted no puede ayudar al pobre, destruyendo al rico.

5. Usted no puede elevar al asalariado, presionando a quien paga el salario.

6. Usted no puede resolver sus problemas mientras gaste más de lo que gana.

7. Usted no puede promover la fraternidad de la humanidad, admitiendo e incitando el odio de clases.

8. Usted no puede garantizar una adecuada seguridad con dinero prestado.

9. Usted no puede formar el carácter y el valor de un hombre quitándole su independencia, libertad e iniciativa.

10. Usted no puede ayudar a los hombres permanentemente, realizando por ellos, lo que ellos pueden y deben hacer por sí mismos.

 

Sin duda son valores más conformes a la humanidad intrínseca del hombre que no los que impulsa la fría y tortuosa maquinaria del Gobierno. Al menos vale la pena meditar un poco sobre ellos.

[130] DJ Sak Noel. Paso (The Nini Anthem). 2012.


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